Derechairo a sus derechas
- Sergio Díaz
- Sep 29, 2021
- 4 min read
Updated: Sep 30, 2021

La política en el Perú no siempre se presenta de forma clara. No obstante, las tendencias son evidentes. Lo interesante entra en escena cuando se confrontan teorías políticas con puntos de partida subyacentes algunas veces sólidos y otras veces ridículos. En la derecha, de vez en cuando se encuentra uno que otro intelectual con argumentos. En su desconocimiento, la crítica derechista atribuye ideas a lo que esta cree que es el socialismo. Pero llega a su punto máximo cuando trata de husmear en la teoría marxista en son de, tal vez, pretender afinar un poco su ya disparatada crítica. Lo cierto es que, al pretender tal hazaña, terminan hundiendo sus cabezas hasta el subsuelo. En esa situación, las etiquetas de «caviar», «incoherente», «socialista empobrecedor», «zurdo vago», etcétera, se dejan de lado y los socialistas nos enfrentamos a una crítica, cuanto menos, diferente al común de lo acostumbrado.
Solo unos pocos perdidos defienden directamente a Abimael Guzmán; lo gracioso, sin embargo, es que es la misma derecha la que efectivamente coloca a Guzmán como la cuarta espada del comunismo. Y es obvio: deben usar elementos ideológicos para ocultar verdades a su conveniencia. En ese sentido, el tuit de Vladimir Cerrón, con todo lo que uno pueda pensar de él, da mucho qué pensar: «Muerte de Abimael Guzmán debe reflexionar al país si las causales del terrorismo subversivo y de estado, han desaparecido, menguado o se mantienen. Mientras existan grupos humanos privilegiados y otros explotados, la violencia encontrará tierra fértil», menciona. Si alguien encuentra elementos insurgentes dentro de esta reflexión, no hace sino evidenciar la ideología con la que se mira la realidad. Existen elementos concretos y comprobables empíricamente que hacen posibles los grupos humanos privilegiados y otros explotados. Eso es innegable. Ahora, la violencia por parte del Estado está legitimada desde su nacimiento, jurídica e históricamente. No hay que ser socialista o materialista para afirmar esto. Hasta los sociólogos con los tintes más idealistas lo confirman (véase Charles Tilly). Por ello es que no se condenan las miles de muertes ocasionadas por el Estado de forma tan directa como el común de los mortales: el monopolio de la violencia es suyo. Ejemplos hay varios, desde las brutales represiones a las rebeliones indigenas en los años de la República Aristocrática hasta el terrorismo de Estado en el Conflicto Armado Interno. Pero, ¿qué dice la ideología? Pues que sólo esta es la legítima. ¿Dónde queda su moralismo pacifista antiviolentista en estos casos? Recordemos ello cada vez que escuchemos un «respetos guardan respetos».
Hago una pausa para hacer una aclaración explícita: sé perfectamente que se me tildará de apologista a la violencia. El caso es lo contrario: como materialista es mi deber señalar todo tipo de violencia. Y la realidad es que aquella sangrienta época tanto el Estado como Sendero Luminoso incurrieron en actos de terrorismo.
Pero dejemos un momento los elementos ideológicos inútiles y recordemos lo siguiente: el materialismo histórico posee dos objetivos. El primero es reflejar una realidad económica cruda y fuera de cualquier juicio de valor. ¿Puede ser calificada de determinista? Se ha dicho siempre. La diferencia de este «determinismo económico» con respecto al determinismo ideológico de la derecha radica en que el primero posee una base científicamente comprobable: el ser humano, como cualquier otro animal, debe satisfacer sus necesidades básicas (comer, dormir, beber, vestir, etcétera) para luego tener la posibilidad de emanciparse del mundo terrenal (ideas, religión, ética, moral, etcétera). Una vez establecido esto, el segundo objetivo es naturalizar el cambio histórico, la acción transformadora del ser humano hacia su entorno. Esto también es comprobable empíricamente; véase cualquier libro de historia. En ese sentido, la reflexión de Cerrón no es ni por asomo un llamado a la insurrección.
Por otro lado, siguiendo con la historia materialista, «Hegel observa en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal acontecen, por así decirlo, dos veces. Olvidó añadir que, una vez, como [gran] tragedia, y la otra, como [lamentable] farsa», es la cita completa de Marx. Así pues, el «ídolo supremo del rojerío» sostenía que la coyuntura tiende a parodiar hechos pasados, nutriéndose de sus personajes y, sobre todo, de su espíritu. De ahí que la tilde de «lamentable farsa». Y con toda razón, pues la realidad debe interpretarse en sus propios términos, algo muy parecido a lo sostenido por Mao Tse Tung y Mariátegui, pues, si la revolución será un calco y copia del pasado, o copia de una coyuntura ajena, entonces estará condenada al fracaso; véase el caso de Sendero. Así pues, dudo mucho que Marx al momento de pretender elaborar esta frase, hubiese estado pendiente de si el gabinete francés en la época de Luis Bonaparte tenía la experiencia suficiente para gobernar o no, o si el gabinete Bellido de hoy en día tiene el currículum bien nutrido o no.
Con estas aclaraciones, resulta gracioso que algunos críticos derechistas intenten utilizar razonamientos bien pensados y estudiados para pretender descubrir «contradicciones» en los que ellos llaman «rojos». Pero más gracioso resulta saber que los delirios de la derecha coloquen a Abimael Guzmán en el pedestal de «gran gestor de la revolución marxista» y que, una vez muerto, pretenda insinuar que Vladimir Cerrón ha perdido a un competidor. Le haría bien al «facherío» centrarse en lo que sabe hacer: pensar frases contra frases, elaborar teorías irreales, y volar entre las estrellas y el mundo metafísico, antes que vagar por terrenos que no conocen.


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