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Yo, Daniel Blake: Un comentario a la película de Loach



Corre el año de 2014 El director Ken Loach regresa a la pantalla grande con su película Jimmy´s Hall por aquel año de 2014. Una película aceptada parcialmente por la crítica más especializada y por los seguidores del director Británico. No obstante, tras hablar de un breve descanso, las palabras le durarán poco y es que, en el año 2016, nuevamente volverá a los cines y esta vez con una de sus mejores películas en los últimos años. Yo, Daniel Blake, el cual es el nombre de la cinta, se estrena en el 2016 y arrasa con las opiniones positivas de la crítica internacional, así logrando alzarse con la Palma de Oro en el festival de Cannes entre otros premios importantes en la industria del cine. Loach vuelve a colaborar con su guionista y amigo Paul Laverty, en un proyecto que no es ajeno a la crítica social, a la burla frente a la burguesía y tampoco pierde el estilo realista que el director de 84 años está acostumbrado a regalarnos en sus fotogramas. Nace en Inglaterra, en un sitio llamado Nanitun en el año 1936, en plena década conflictiva de Europa en ese entonces. Loach inicialmente estudia derecho en Oxford, pero se inclina más por las artes escénicas en lo que sería su juventud. No sino hasta la década de los sesenta, pues la vida lo lleva a trabajar en televisión, el cual sigue siendo también su medio de vez en cuando, y empieza una carrera prolífica diría yo, con la BBC, ni más ni menos. Loach es un socialdemócrata, no solo estuvo muy apegado al movimiento laborista británico, sino que es conocida su postura frente a la ex ministra Margaret Thatcher. A quien le hizo un duro documental durante su mandato y el cual fue prohibido de exhibirse. Muchos artistas británicos, en realidad, estuvieron en contra de las reformas aplicadas por la ex ministra británica Thatcher, otro ejemplo claro es Roger Waters, quien incluye imágenes de Margaret Thatcher en el video de su canción PIGS. Loach es uno de los pocos directores que ha ganado dos palmas de oro en Cannes. La primera la ganó con esta película preciosa llamada “El viento que agitaba la cebada,” una cinta que habla de la guerra de independencia irlandesa y que está protagonizada por el hoy en día famosísimo Cillian Murphy. La segunda película será, ni más ni menos, la controversial “Yo, Daniel Blake”, una cinta nos cuenta la historia de un carpintero inglés llamado Daniel Blake, quien sufría problemas cardiacos, los cuales le aparecen por primera vez en su vida. En esta situación se ve obligado a buscar asistencia social. Va al médico, le recomiendan no trabajar y llama al asistente social. El asistente social le empieza a hacer preguntas tontas, discutibles, incómodas, absurdas que parecen un guion ensayado y que Tanto Laverty como Loach aprovechan en mostrarnos a un tipo que más que asistente social, parece un secretario frustrado, amargado e incrédulo. Al final, le obligan a trabajar, porque según el examen no tenía ningún problema, y si no aceptaba la respuesta, era sancionado. Va a una oficina de trabajo y se topa con una madre soltera de dos hijos, llamada Katie, quien es además indigente al ser expulsada de un departamento en Londres. Lo interesante de esta parte es que la conoce casi como un héroe, como una figura paternalista en el sentido pues antiguo de la palabra, porque Katie llega a la oficina y es sancionada por llegar tarde, y aquí hay algo también intencional de Loach, que critica el servicio del transporte Público inglés, puesto que Katie tardó justamente por el problema del transporte público. Hay alguno que otro guiño a este neorrealismo italiano, pero tampoco debemos pecar de apresurados al tildarla como una cinta neorrealista. Al menos no tanto como en el cine italiano. Es verdad que contiene elementos, si es que así los podemos llamar hoy, como los actores ejerciendo el mismo oficio que en la vida real dentro de la pantalla. Aunque en este caso, sinceramente sí vemos a muchos personajes que no tuvieron ningún acercamiento a la actuación y están representando a obreros, por ejemplo, pintores de brocha, asistentes en los bancos de comida, etc. Lo que sí está claro es que este lenguaje realista británico ya tiene sus gajos iniciales en lo que fue el cine de Loach y de, evidentemente, otros cineastas. No sé qué tan real sea que Dave Johns, el actor que encarna al protagonista principal, no haya tenido experiencia previa en la actuación. Lo cual me sorprendería bastante en realidad, pero ya muchas personas e incluso en múltiples entrevistas se afirma pues que sí, que le es ajena la actuación. Loach Eligió a Johns, quien era un albañil en su vida diaria y posteriormente se dedicó a la comedia, además de nacer el Newcastle, lo cual pareciese que es un derecho de admisión para la cinta de Loach. Laverty fue a buscar historias de trabajadores y empleados en los centros de trabajo británico que aparecen justamente en la película, incluso aparecen muchas de las personas que brindaron su testimonio. Y es un atributo, puesto que la cámara ya no trata de magnificar ni de algún otro modo engañar con el relato, sino que va con nosotros mostrándonos a la gente detrás de Daniel, como una especie de mesías que encarna los derechos de los trabajadores. Es una cinta filmada cronológicamente, largos diálogos, pero también no busca muchos espacios cerrados con mucha gente, tanto por la comodidad del ojo para centrarse en el protagonista, como para evitar la congestión de la imagen que, no obstante, sí le resulta en otras escenas. Hay un claro racismo burocrático que Loach decide abordar de manera graciosa, burlona, hay una mirada de los pobres, de los dolidos, como celestial, comicona en el buen sentido. Claro que duele mucho ver las distintas situaciones en las que muchos personajes se ven envueltos, muchas marcas involucradas en lo que sería un speach metafórico y caricaturezco, pero no los trata con desprecio ni denigra. Caso contrario y breve comparación, en los olvidados de Luis Buñuel, hay una mirada de los pobres completamente distinta, Buñuel los trata mal, los hace verse graciosos, pero del mal sentido, se burla de ellos, los incapacita, los animaliza, pero no les da voz por así decirlo, en contraste a este cine, más moderno, no sé qué tanto, porque pues la película de Buñuel fácilmente pudo haber sido filmada en este tiempo. Loach, sí les ofrece una voz, sube el volumen de sus discursos, de sus quejas, de sus gestos de lucha, con encuadres muy abiertos, por ejemplo, donde llegamos a ver a nuestro personaje pequeño frente a un muro burocrático casi imposible de burlar. Y aparentemente, lo único que se puede hacer, es pintar con algún aerosol, algún grafiti con mensaje social. Muchos dicen que hay rastro de Dickens, por ejemplo. Evidentemente los hay en toda la filmografía de Loach, pero en esta película más aún. Con ironía, con sutileza, con grandes interpretaciones, más que un melodrama, pareciese una tragicomedia cruda, evidentemente es muy emocional, emotiva en realidad. Y sin miedo a nada, Loach se enfrenta a este sistema que va aplastando a las personas que menos tienen en una Inglaterra que muy pocos conocemos Yo Daniel Blake, presenta este retrato duro de una clase trabajadora, de la cual Loach se encarga de decirnos que puede que siga igual o peor que hace 30 años. Una mirada sensible, divertida, por qué no, pero, sobre todo, fiel a su estilo, un realismo estilizado en el lado más difícil de lo que significa realizar una cinta, es decir, la historia. Un mensaje, casi documental, que vale la pena revisar, más que por ideologías, por miradas artísticas de sus directores: autores.

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