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Vivir bajo la sombra de la hija favorita Cuando solo uno acapara todo el reflector


Imagen: FanArt de Shaami Helga G. Pataki es uno de mis personajes favoritos de “¡Oye, Arnold!”, una serie animada de los 90 que cuenta el día a día del pequeño Arnold y sus amigos. A pesar de que el personaje principal de la trama es Arnold, alias “cabeza de balón”; Helga, por mucho, se lleva gran parte de mi cariño. Y no solo por el apasionado amor secreto que le tiene al protagonista, sino también, por la historia que hay detrás de ella. A primera vista, puede que la niña del moño rosa parezca ruda y hasta agresiva, pero en realidad, solo se muestra así para ocultar su sentimental y frágil interior. Sin embargo, eso no quiere decir que Helga sea débil. Al contrario. Ella es muy fuerte, valiente, independiente y una amiga muy leal. El desarrollo de la personalidad tosca de Helga se generó a partir de varios traumas de su infancia, en especial, el que provocaron sus propios padres: Bob y Miriam Pataki. Dado que ellos ignoran -literalmente-, la existencia de Helga, y la necesidad de atención y aprobación que requiere de ellos. Este reflector se ve robado todo el tiempo por su hermana mayor, Olga. A causa de eso, Helga despierta un sentimiento ambivalente por su hermana. Hasta el punto de parecer que la odiase, pero en el fondo, la quiere mucho y se preocupa por ella. Lo que en realidad odia, es que sus padres se desatiendan de ella por preferir a su hermana. Olga Pataki, la hermana de Helga, es una chica muy inteligente, bonita, dulce y popular; además de tener muchos trofeos, excelentes calificaciones y estudiar en una prestigiosa universidad. Es por eso que Helga siente que sus padres la comparan con su hermana, lo cual es verdad, pero Helga también tiene sus propias habilidades. Aparte de las ya mencionadas antes, Helga tiene un hermoso don para la escritura y la poesía, solo que no desarrolla su máximo potencial porque la atención se la lleva su hermana. Y por más que intente demostrar a sus padres los frutos que es capaz de dar, ellos siguen encasillados en Olga. La situación por la que pasa la pequeña Helga no se encuentra tan alejada de la realidad. De hecho, el trato parcial de los señores Pataki con sus hijas es la primera descripción gráfica que se me viene a la mente cuando me preguntan acerca del deporte en el Perú. Si bien, todos los atletas peruanos tienen como meta máxima representar al país con honores, al momento de reconocerlos o apoyarlos, hay una abismal diferencia entre disciplinas. — Sí, hablo de la ‘religiosa devoción’ que nuestro país le tiene al fútbol en comparación con los otros deportes, que al igual que Helga suelen pasar desapercibidos aquí. Es abrumadora la cantidad de dinero, publicidad, merchandising y cobertura que le dan a la ‘santísima’ selección. Y es que ellos aparecen hasta en la sopa. — No es broma. La marca de fideos Lavaggi tiene una campaña publicitaria inspirada en la selección peruana de fútbol masculino. Me permito asegurar, que no hay ni un solo peruano que no conozca el nombre de algún jugador de fútbol que haya pasado por nuestra selección, y de ser así, podría significar hasta traición a la patria. Tratar de apaciguar la obsesión de los peruanos por el fútbol es un viaje sin retorno, pero, ¿qué hay de las otras disciplinas? ¿No se esfuerzan igual que ellos? La vida de un deportista es difícil, y requiere de orden y determinación. Pues deben someterse a mucho esfuerzo físico y mental. A veces, se cohíben de consumir ciertos alimentos o de participar de actividades, todo, con tal de traer una medalla a casa. La cual es un premio por todo el esfuerzo que realizan a diario; e incluso, el simple hecho de clasificar en alguna competición o -la meta más alta-, a las olimpiadas, es un logro tremendo que se debe celebrar y honrar.

Selección peruana de fútbol ilustrados como héroes patrios/ Imagen: FanArt de Luis Atao Recuerdo con claridad la fiebre que se vivió cuando Perú logró clasificar al mundial de Rusia 2018 después de 36 años. Las lágrimas de alegría, los gritos de la hinchada, nuestras calles pintadas de la bicolor, el patriotismo a flor de piel; sin duda una de las experiencias más enternecedoras que vivió el país. Pero, si el mundial es al fútbol, como las olimpiadas son a las demás disciplinas (vóley, baloncesto, natación, artes marciales, etcétera) ¿Dónde estuvo la celebración eufórica esta vez para nuestros clasificados a los juegos olímpicos y paralímpicos de Tokyo 2020? ¿y la cobertura especial? ¿el merchandising? ¿La publicidad masiva? Si al pensar en esto, tomas como excusa la pandemia, entonces, ¿qué hay de los años anteriores? ¿Río 2016, Londres 2012, Pekín 2008?, y así, entre otros. Puedo apostar, que hay más de un peruano que ni siquiera conoce el nombre de alguno de los clasificados de este año. No es muy alentador el panorama ¿verdad?


Angélica Espinosa, la parataekwondista peruana que acaba de ganó una medalla de oro en los Juegos Paralímpicos Tokyo 2020/ Imagen: FanArt de Polo Verde Nos han malacostumbrado a que el deporte en el Perú sea sinónimo de ‘fútbol’. Así nos educaron los medios deportivos masivos, nuestros padres, e inclusive, las escuelas. En muchas ocasiones los profesores de Educación Física no ahondan en otras disciplinas más allá de las tradicionales, pero se han preguntado, ¿qué pasaría en ese salón está la próxima Angélica Espinoza que nos lleve a lo alto del podio? ¿se truncará ese sueño por no ser alentado?, o peor aún, ¿por falta de conocimiento en la materia? No. Necesitamos cambiar la perspectiva de esta nueva generación, para que el deporte peruano deje de estar bajo las sombras del fútbol. Y se inspire y apoye, con alma, corazón y vida, a todos los deportistas por igual. Amén. Posdata: La medalla de oro de Angélica Espinoza es un hecho histórico para el deporte nacional, ya que Perú no ganaba una medalla paralímpica desde Atenas 2004, ni una de oro desde Sidney 2000.

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