Un senado indisoluble
- Redacción
- Aug 11, 2021
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Las recientes intervenciones del Congresista Bermejo confirman las sospechas de varios de nosotros: el Ejecutivo busca la disolución del congreso. El gabinete improvisado y maltrecho es una invitación expresa a la denegación de confianza. Por otro lado, la vacancia ya es una propuesta discutida en el Congreso y sustentada en las cuestionables conexiones y antecedentes del mismo gabinete Bellido. Estamos pues ante un renovado antagonismo entre dos poderes del Estado. La oposición deberá jugar sus cartas con cautela si desea salir bien parada, sobre todo porque las disoluciones parlamentarias perpetradas por un Ejecutivo fuerte y decisivo son históricamente populares. Luego de una disolución, es posible que PL gane más votos para el siguiente parlamento y esté así más cerca de concretar sus planes de «permanencia en el poder», en palabras de su líder Vladimir Cerrón. En ese contexto vale la pena rescatar el Proyecto de Ley 06281/2020-CR, que busca restaurar la bicameralidad. Un parlamento más numeroso ciertamente será más representativo, así como más reflexivo e independiente del Ejecutivo a la hora de procesar legislación. Los movimientos anti no serán tan gravitantes como sí lo son para las elecciones presidenciales, por lo que la representación es manos influenciada por aversiones compartidas y más por visiones de país comunes entre elector y elegido. Asimismo, el precedente joven y exitoso de una reforma constitucional sería gran argumento contra una Asamblea Constituyente. Si los mecanismos actuales bastan para modificar un aspecto tan profundo de la Constitución, ¿por qué arriesgarse a una Asamblea Constituyente? Pero la ventaja más palpable es que solo la Cámara de Diputados podría disolverse. La disolución de la Cámara de Senadores no existiría en la Constitución, de aprobarse el Proyecto de Ley. Desde luego, otras reformas serán necesarias para pertrecharnos mejor en contra la tempestad política que ahora vivimos. Toca definir mejor la incapacidad moral y modificar radicalmente o deshacernos de la cuestión de confianza. Quizás hasta debamos contemplar un modelo parlamentarista: que el Parlamento escoja mediante consenso al Presidente hace mucho más factible coordinar ambos poderes del Estado. Sin embargo, esté uno de acuerdo con estas últimas modificaciones o no, es innegable que un Parlamento más numeroso estaría mejor capacitado para tomar decisiones representativas. El proyecto de bicameralidad no es perfecto, desde luego. Los requisitos para ser senador son muy bajos. Asimismo, incluir representación de los colegios profesionales de mayor importancia (al menos en comisiones) propiciaría un mayor nivel técnico. Sin embargo, con todas sus imperfecciones, el proyecto representa una oportunidad para frenar el ímpetu confrontacional del Ejecutivo. Esperemos que el Congreso entienda al Proyecto de Ley 06281/2020-CR como la gran oportunidad que representa.
*Fuente : Contrapoder n. 22 08/08/2021




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