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Un saludo a la bandera y contradicciones





El actual presidente electo, del partido Perú Libre, Pedro Castillo, y la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, convocaron, nuevamente, el último sábado 26 de junio masivas manifestaciones en pleno Centro de Lima, pese a estar prohibido las concentraciones públicas de personas. Además, de generar congestión vehicular de transporte y dejar la posibilidad a que sus respectivas facciones de simpatizantes se vuelvan a topar y agarrarse a palos y golpes tal cual barras bravas. Y para ponerle la cereza al pastel, ambos políticos no tendrían culpabilidad pese a que los contagios y muertes por el Covid-19 en las personas adultos mayores de 80 años ha disminuido por la campaña de vacunación―, de que sopesemos una tercera ola de contagios con la variante Delta, que ya busca expandirse en la capital luego de encontrar su primer huésped en Lima Norte.

Mientras que el profesor Castillo Terrones en la Plaza San Martin, insiste a sus simpatizantes estar vigilantes y cuidar los votos electorales, la hija del expresidente Alberto Fujimori sube a un estrado en la Plaza Bolognesi para pedir al presidente Francisco Sagasti, “la posibilidad de conversar” sobre una auditoria internacional por parte de la Organización de Estados Americanos (OEA). Acto seguido también mencionó que, de no ser escuchada y recibida este lunes 28 por Sagasti Hochhausler, enviaría una carta a palacio. ¿El objetivo? Persistir en el fraude y en la anulación de votos en mesa, en su mayoría, en regiones de la sierra y selva.

Para Fujimori Higuchi no bastó las palabras de los 17 organismos internacionales y observadores sobre la segunda vuelta electoral realizada de manera “justas, accesibles y pacíficas”. Le sigue pareciendo increíble que en una mesa electoral no haya obtenido más de 10 votos o, caso contrario, ni uno a su favor. Asimismo, ahora pide que intervenga el gobierno en este proceso electoral, quizás, uno de los más turbulentos después de los comicios en 1962. ¿Y los tweets del 11 de junio? En los que pedía al presidente Sagasti no “interferir en mi legítimo derecho de defender nuestros votos” porque “no genera calma, todo lo contrario”.

Para Pedro Castillo, “declararle la guerra al hambre, a la miseria, a la pobreza, a las desigualdades, a la anemia” ―si bien son razones lógicas y pertinentes que todo presidente cada cinco años debe velar―, olvida que no existen las condiciones para convocar manifestaciones multitudinarias como viene haciendo en la capital y en el interior del país. Así como apalear las otras necesidades del Perú debería ser el norte de Perú Libre, también deberían declarar la guerra a la pandemia porque aún sigue latente una tercera ola. Llamar a la calma y moderación en estos momentos es importante.

Todo lo mencionado anteriormente, para ambos políticos, al parecer, es simplemente un saludo a la bandera que trae consigo varias contradicciones en el discurso que han ido emitiendo a viva voz en las calles y frente a los medios de comunicación.





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