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Un parlamento en el que no se parla



Los tres poderes en los que se divide el Estado (cada uno, por supuesto, amparado bajo la autonomía frente a los otros dos), el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, encuentran sus raíces en la representación de la sociedad a la que sirven. En el caso del Congreso, cada una de las personas que se encuentran distribuidas entre los ciento treinta curules, ha sido elegido por un grupo significativo de ciudadanos que, considera, su presencia en dicha instancia les representa. Es función de estos, los diputados (ya que en el Perú no existe una cámara de senadores), dialogar entre ellos, contraponer ideas, encontrar un consenso por medio de la concertación, y, en base a ello, surgen propuestas que mejorarán el país.

Lo anteriormente dicho, no obstante, suele quedar únicamente en la teoría, ya que la realidad es generalmente muy distinta. En primer lugar, la discusión alturada y con la intención de escuchar a quien se encuentra hablando no es más que un acto simbólico. Quien tiene la palabra en el pleno del Congreso, usualmente, dirige su discurso hacia la opinión pública y las cámaras de la prensa que se encuentren presentes, a modo de conseguir un mayor respaldo de parte de una sociedad que, tarde o temprano, servirá como capital político para quien habla. No se intenta convencer a nadie de los presentes en el hemiciclo. Las decisiones, por el contrario, ya han sido tomadas con anterioridad, y los voto de cada uno, en su mayoría, ya están decididos.

En segundo lugar, esta toma de decisiones que, posteriormente, se convertirán el voto de cada diputado, no es, en buena parte, fruto de un diálogo apasionado e intercambio de ideas. En contraste, este responde a una negociación de apoyo entre los distintos bloques que se forman entre los votantes según sus intereses en común. Todo, a fin de cuentas, se resume en la defensa de intenciones similares entre quienes votan.

Es así como el parlamento ya no tiene la función de ser un escenario de diálogo. Por el contrario, este funge el papel de la plataforma en la que se mediatizan las decisiones que son fruto de este negociado que se lleva a cabo tras bambalinas antes del inicio de las sesiones. ¿Se trata de un declive? ¿O, en realidad, de una nueva configuración que debe ser aceptada?

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