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Tokio 2020 y la cultura de aceptación y respeto que le hace falta al Perú de hoy


Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, cuya realización se aplazó hasta este año por la pandemia, han servido como una gran plataforma para demostrar dos valores que el COVID-19 ha resaltado en las distintas naciones alrededor del mundo: la aceptación y el respeto. No es extraño que personajes famosos den a conocer su orientación sexual o temas personales en plataformas públicas que les permitan tener un mayor alcance con su público, muchas veces apuntando a dar un mensaje de fortaleza a los más jóvenes. Sin embargo, estos Juegos Olímpicos parecieron estar repletos de momentos así; donde muchos y muchas de los deportistas nos demostraron de primera mano la importancia del respeto y la aceptación a través de sus acciones y palabras, o cosas tan simples como sus actitudes durante o después de sus participaciones. Un ejemplo de este tema fue Tom Daley, nadador y clavadista olímpico con años de trayectoria y que ya es conocido por haber sido uno de los íconos gay más prominentes en el deporte olímpico luego de “salir del clóset” en 2013 anunciando su relación con su ahora esposo y padre de sus hijos. Daley se llevó el oro por clavados en esta edición de las Olimpiadas, más uno de los momentos por los cuales ganó mayor reconocimiento no fue precisamente su participación, sino el tiempo de espera luego de realizar un salto, en la que el deportista británico fue captado tejiendo prendas para subastar en su página "Made With Love By Tom Daley", en la que publica todas las prendas que crea y después las subasta para donar todas las ganancias a organizaciones globales que ayudan a la juventud de la comunidad LGBT+. En vez de tener la reacción “masculina” que muchos de sus compañeros tenían, esta acción presentó, una vez más, a Daley como un ejemplo de disrupción frente al concepto actual que sostenemos de masculinidad en nuestras culturas y sociedades. Visión que, estoy 100% seguro, se necesita con urgencia en la cultura de paternidad peruana. Pero ahí no acaba la racha de representación y aceptación LGBT+ en los recientemente clausurados Juegos Olímpicos: a mediados de Julio del presente año, la NBC reportó que más de 180 deportistas olímpicos LGBT+, de al menos 30 países diferentes, competirían en esta edición de los juegos de verano, y la mayoría de ellos, abiertos sobre su orientación sexual o identidad de género, no tenían miedo de compartirlo. Este hecho trajo a la luz una nueva plataforma de aceptación para todos y todas los jóvenes que podrían haberlos estado viendo desde sus casas; entendiendo que ahora ellos y ellas tenían alguien a quien tomar como ejemplo de vida. Estos juegos fueron diferentes. Dejaron entrever que el respeto y la aceptación son fundamentales para entender que a la larga todos y todas merecemos los mismos derechos cuando se trata de vernos como lo que somos: seres humanos. Y dejar de buscar razones para separarnos los unos de los otros; ya se por raza, orientación sexual, nacionalidad, género o clase social. Pero la comunidad LGBT+ no fue la única que puso los platos sobre la mesa. Tuvimos grandes ejemplos de empoderamiento femenino con el equipo de balonmano de mujeres de Noruega, el cual se rehusó a vestir los usualmente cortos y sexualidad uniformes mandados por el Comité Olímpico; atrayendo la atención de figuras como Pink, políticos y las autoridades olímpicas. Además, la salud mental tomó mucha relevancia por primera vez en años; siendo un tema que durante la pandemia se ha visto sumamente tocado y que muchos han visto deteriorada por el aislamiento. Así lo dejó en claro Simone Biles, gimnasta artística del equipo de Estados Unidos, quien comentó su ahora popular frase “la salud mental es lo primero, por encima de cualquier medalla”, haciendo referencia a la carga y presión emocional que la competencia había significado para ella y por lo que había tomado la decisión de retirarse. Tokio 2020 se hizo esperar. Sin embargo, una vez más los Juegos probaron ser no solo un evento global deportivo para la diversión del público televidente, atravesando una metamorfosis, quizás en esta peculiar edición de manera más obvia que en las anteriores, hacia una plataforma para que los y las atletas presentes pudieran exponer los temas que el mundo ha querido dejar de lado por años. Estas Olimpiadas, a mi parecer, han sido un DESPIERTA bien fuerte en la cara de los (lamentablemente) muchos ciudadanos del mundo que aún ponen las divergencias, discriminaciones y exclusión por encima de la aceptación y el respeto. Si algo han despertado en mi estos Juegos Olímpicos es el optimismo por que más de uno de los compatriotas que siguieron la participación de nuestros 35 atletas hayan captado al menos una pizca de esa aceptación y ese respeto, y que puedan empezar a aplicarlos a nuestra cultura y realidad nacionales de hoy en día, donde estos dos valores parecen ser de los que más escasean.

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