Todos al ruedo
- Sol Pozzi-Escot Noriega
- Aug 8, 2021
- 3 min read

Gritos de vacancia se asoman por cada esquina. En el cuadrilátero de la política peruana de hoy, ha surgido un frente que se opone firmemente a la estadía de Pedro Castillo en la casa de Pizarro, y, fundamentando su pedido en el muy cuestionado gabinete Bellido, comienzan a vislumbrar una vía para deshacerse del actual inquilino de Palacio. Desde el discurso oficial, la primera en hacer mención a esta atribución congresal fue la legisladora Adriana Tudela, del partido Avanza País, quien incendió las redes sociales el último fin de semana admitiendo que la vacancia es, en efecto, una posibilidad.
Siguieron a esta declaración demostraciones ciudadanas, que lograron nuevamente ir más allá de las cuatro esquinas de Twitter, y se instalaron en la calle. El día jueves un plantón fue convocado en los exteriores del Congreso de la República, donde decenas, o quizás cientos, de ciudadanos exigieron a los legisladores la vacancia del actual presidente.
Del otro lado de nuestro ring político se encuentra, evidentemente, el oficialismo, que se ha encargado de confundir a la opinión pública con declaraciones contradictorias. El día jueves, igualmente, y en conferencia de prensa, el premier Guido Bellido declaró que “el cierre del Congreso de ninguna manera va a ser una opción”. Curiosas declaraciones, tenemos que admitir, si la comparamos con aquellas dadas por el congresista Guillermo Bermejo ese mismo día, pero en la noche. Dijo Bermejo, en relación a los congresistas: “Si no les gusta el gabinete Bellido, le denegarán la confianza e inmediatamente presentamos otro. Si no les gusta ese, chau Congreso”. Así de simple. ¿Cuál de las dos declaraciones será la que más se apega a la realidad? Eso, ya lo sabemos.
La polarización, ante la sorpresa de nadie, se pone nuevamente a la orden del día. Por un lado, están los que quieren cerrar el Congreso, y, por otro lado, los que quieren vacar al Ejecutivo. Independientemente de las razones que pueda tener cada uno de estos bandos para querer llevar a cabo sus objetivos, lo importante a recalcar en esta situación es lo siguiente: el hecho de que el tema principal en agenda, actualmente, sea vacar o no vacar, cerrar o no cerrar, muestra el paupérrimo nivel de nuestra política. No se discuten las necesarias reformas en diversos ámbitos, no se proponen leyes que signifiquen un apoyo al ciudadano en estos tiempos de incertidumbre. Todo lo contrario, cada uno de estos dos espacios políticos, Ejecutivo y Legislativo, cada uno con su círculo de influencia, se ven, nuevamente, enfrascados en un cachascán que, al final del día, no favorece a nadie.
¿Nuestra política ha tocado fondo? Definitivamente no. Hubiera tocado fondo si nadie se indignara ante los nombramientos en el gabinete Bellido, hubiera tocado fondo si nadie exigiera el diálogo en lugar de la intransigencia. La pregunta surge entonces : ¿por qué siempre debemos esperar a un punto crítico, como el que vivimos hoy, para interesarnos por el acontecer político?
Lejos quedaron los días donde una ilusoria estabilidad política nos permitía vivir en paz. Lejos, también, quedaron los días donde tender puentes era una necesidad, y no una muestra de debilidad política. Es una situación complicada aquella que vivimos, ciertamente, porque requiere de nosotros mucha autonomía del pensamiento, y no dejarse nublar la vista por la ideología o el pensamiento político, sea de izquierda o de derecha. Ya que, aquello que se encuentra más allá de la derecha, de la izquierda, de los gustos o disgustos, es la Constitución que rige nuestra vida política. Ese orden constitucional, ese estado de derecho, sí debería ser intocable. Es ahí, al descubrir que las bases constitucionales de nuestra nación se encuentran en peligro, que debería surgir la más férrea defensa de la democracia. No se trata, repito, de izquierda o de derecha : se trata de respetar y hacer valer la democracia. Estemos en medio del cuadrilátero político donde todo se vale, o, estemos en un lejano palco como espectadores, nos compete a todos soltar la conveniencia y la ciega ideología, y entrar al ruedo. Nuestra democracia lo demanda. Palabra de cronista.




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