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"Terra incognita" y la focalización interna según Genette




Para Gérard Genette existen dos modos narrativos básicos: la distancia y la perspectiva. Esta última se refiere a la adopción o no por parte del narrador de un punto de vista desde el que narra la historia. Con ello intenta decir que los acontecimientos del relato pueden ser abordados desde el interior o el exterior de la propia historia. A este tipo de punto de vista lo llama focalización.


El autor distingue tres tipos de focalización. El primero es la focalización cero. Consiste en que el narrador de la historia sabe más que los personajes y no posee ningún tipo de límites, por lo que puede hablar de sucesos ya acontecidos de los que nuestros personajes no tienen conocimiento, sucesos que irán a ocurrir, sentimientos y emociones que los personajes puedan experimentar, entre otras cosas. No se restringe de ninguna manera a un solo personaje ni a un solo tiempo ni a un solo espacio. El segundo es la focalización interna. Consiste en que el narrador se limita a relatar lo que los personajes conocen, sienten y perciben. Puede ser una focalización interna fija, con lo que el narrador relata solo lo que un personaje experimenta; focalización interna variable, con lo que el narrador relata lo que varios personajes experimentan; y focalización interna múltiple, con lo que varios personajes narran diferentes versiones de un mismo hecho. Por último, la tercera es la focalización externa. Se da en casos en los que el narrador sabe menos que los personajes que son parte de la historia, por lo que no tenemos conocimiento sobre sus sentimientos o pensamientos, o sobre lo que vaya a suceder. Este tipo de focalización da la impresión de que el narrador fuera una cámara cinematográfica que solo relata lo que tiene enfrente.


En lo que concierne al cuento “Terra incognita”, nos encontramos ante un evidente caso de focalización interna fija. Se nos presenta un narrador que relata lo que sucede desde el punto de vista del protagonista, el doctor Álvaro Peñaflor. El narrador nos introduce no solo en su recorrido por la ciudad y los encuentros que tiene, sino también en sus sentimientos, pensamientos y visión de la realidad. Al principio se nos cuenta que es un profesor conocedor de la antigüedad quien ha estado toda su vida sumergido en sus estudios y apenas conoce su ciudad. Por tal motivo es que decide lanzarse en su automóvil a recorrerla, en vista del sentimiento de soledad producto del viaje de su esposa e hija.


Lo particular del relato es que presenta una visión distorsionada de la realidad que se debe a la progresiva alcoholización del protagonista. La distorsión no solo es referida a una descripción confusa e imprecisa del narrador sobre lo que el doctor Álvaro observa, sino también al entremezclamiento que lleva a cabo entre la realidad y sus conocimientos de antigüedad. Hay varios ejemplos de esto. En su primera parada, al entrar en un restorán miraflorino, pide un vino que termina de beber y luego observa a una mujer sola en una mesa, que “tenía un ensortijado cabello de Medusa y perfil que calificó de Alejandrino”. Tal descripción del narrador se basa en la percepción que de ella tiene el protagonista, el cual ha empezado a emborracharse, aunque para este punto levemente, con el vino bebido. Ello lo lleva a otorgarle a la mujer características propias de figuras de la antigüedad griega, de las que él tiene mucho conocimiento.


Ya después de retirarse del local y estacionarse en un parque, observa a distintos grupos humanos circular y el narrador indica que “así, en pequeños espacios como ese, donde la gente se encontraba se conocía, dialogaba, se afrontaba, debían haber surgido las premisas de la ciudad ateniense”. El narrador no puede dejar de otorgarle a la realidad características que pertenecen a la antigüedad porque así es como la percibe el doctor Álvaro, quien poco a poco se emborracha más y no puede evitar observar su alrededor de esa manera. El narrador se encuentra limitada a narrar lo que acontece acorde al punto de vista del protagonista.


Ya al llegar a un bar en Surquillo para continuar bebiendo cerveza, las descripciones del narrador adquieren su punto más alto de distorsión. “Figuras cetrinas en saco blanco patinaban sobre las baldosas con platos en la mano”; “una sirena gorda surgió en un apartado acosada por una legión de perfiles caprenses”; “sátiros hilares se dirigían con la mano en la bragueta hacia una puerta oscura y todo estaba lleno de moscas, miasmas y mugidos”. El narrador no describe de manera sencilla lo que podemos interpretar como a los mozos llevando los pedidos por el bar, el posible intento de violación hacia una chica voluptuosa por parte de sujetos con sus miembros erectos o el transcurrir de hombres hacia el baño. En su lugar nos ofrece una narración plagada de imprecisiones y referencias difusas de acciones y personajes mitológicos, todo lo que debe ser entendido como producto de la borrachera del doctor Álvaro que, al encontrarse en tal estado, observa la realidad de forma distorsionada y entremezclada con figuras de la antigüedad que tanto conoce.


Incluso percibe de la misma manera al hombre negro que se encontraba a su lado, ya que el narrador lo describe como un “rostro tiznado” y de “gruesos labios” y ya luego indica que era un negro corpulento, lo que se entiende como el reconocimiento del doctor Álvaro. Pero ello no se detiene ahí, ya que el narrador señala más adelante que el protagonista se da cuenta que aquel hombre “era el héroe arcaico, la imagen de Aristogitón”. Es recién a la mañana siguiente, cuando ya ha pasado la borrachera del doctor y este observa al negro corpulento en su despacho, que el narrador describe de forma natural, en concordancia con la realidad del principio, la urgencia del protagonista por retirarlo de su casa.


De esta manera es que el cuento de Julio Ramón Ribeyro se constituye como un perfecto ejemplo de focalización interna fija. El narrador relata en todo momento los sucesos desde la perspectiva del protagonista, el doctor Álvaro Peñaflor, y las descripciones distorsionadas de la realidad que se mezclan con referencias a la antigüedad son producto del estado de borrachera del doctor. Como el narrador se encuentra limitada a narrar solo desde el punto de vista del personaje principal, no puede hacer otra cosa que relatar tales hechos a través de los ojos borrachos del doctor Álvaro. En ningún momento el narrador escapa a estos límites y por ello es que focalización interna fija se mantiene a lo largo de la historia.


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