Tarsila do Amaral: la dama que internacionalizó el arte moderno brasileño
- Adriana Mendoza H.
- May 26, 2021
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La pintora más representativa del movimiento modernista brasileño nació el 1 de septiembre de 1886, en Capivari, São Paulo. Sus padres fueron Lydia Dias de Aguiar y José do Amaral Stanislaus. Su abuelo paterno, fue conocido como “O Milionário”, ya que era un rico empresario y hacendado.

Tarsila desempeñó sus estudios en el Colegio Sión de la ciudad de São Paulo. En 1902, ella y su hermana viajaron a Europa con sus padres, en donde cursaron en el internado del Colegio del Sagrado Corazón, en Barcelona. Con solo dieciséis años, la artista pintó su primer cuadro. En 1904, Tarsila regresó a Brasil y se casó con un primo de su madre, André Teixeira Pinto, con quien tuvo a su única hija, Dulce. En 1913, se separaron y se trasladó a São Paulo. Tras su divorcio con André Teixeira Pinto, empezó a trabajar en el taller del escultor William Zadig en 1916. Durante cuatro años estudió dibujo y pintura con Pedro Alexandrino y con George Elpons.
A partir de entonces, empieza su carrera como artista: en 1920 viajó a París y conoció a Émile Renard en la Académie Julien y a quien sería su maestro francés: Fernand Léger.
En 1922, participó del Salón Oficial de los Artistas Franceses. Asimismo, la semana de Arte Moderno tuvo lugar en São Paulo en el mismo año considerada el punto de partida de este período artístico. La intención de los artistas modernistas era promover un cambio radical en el lenguaje y formato artístico existente, algo diferente a los estándares impuestos por el arte tradicional. Con eso, se opusieron al parnasianismo vigente en ese momento. En el evento se exhibieron pinturas, obras literarias, recitaron poemas, entre otras artes, favorecidas por otras vanguardias europeas, como el futurismo, el dadaísmo, el expresionismo y el surrealismo. Además, fue también en París donde realizó su primera exposición individual en la Galería Percier, en 1926. Fue en este periodo artístico, en el cual realizó una de sus más importantes obras: “Abaporu” (1928) que, en lengua tupí-guaraní, significa “hombre que come hombre”, la que inspiró al movimiento antropofágico. Esta pintura fue un detalle que regaló a su marido de aquel entonces Oswald de Andrade, quien contrajo nupcias en 1926. Está considerado un ícono del arte de Brasil, debido a que, inauguró uno de los movimientos artísticos más importantes en Latinoamérica: la antropofagia.
En “Abaporu”, tanto el tamaño colosal del cuerpo y la minúscula cabeza expresa el trabajo físico en detrimento del mental. Por lo tanto, es la naturaleza bruta que domina más el mundo que las ideas. Por un lado, su mano y pie derechos están en contacto con la tierra, al igual que el cactus y simbolizan un mismo origen, como si estuviesen hechos de la misma materia. Por otro lado, se aprecia un astro: el sol, que parece una fruta cortada a la mitad y que podría ser una flor del propio cactus. Cabe resaltar, que el cielo, cactus y tierra que se aprecian en la obra remiten a los colores de Brasil.
La tela fue comprada en 1995 en Nueva York por un millón y medio millón de dólares por Constantini, quien era un empresario argentino fundador del museo MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) donde se encuentra hoy día y está valorada en unos 40 millones de dólares. Cabe resaltar que, es la obra más cara realizada por un artista brasileño.
Oswaldo Andrade se inspiró en esta obra para crear el Manifiesto Antropófago, pieza conceptual y esencial que originó el modernismo en Brasil y que consistió en “canibalizar” el arte extranjero y crear junto a características y elementos de la cultura local un nuevo tipo de arte. En otras palabras, la cultura popular brasileña se mezclaba con las influencias europeas para crear obras sin perder su identidad indigenista. Por ende, tras su “digestión” darían lugar a una identidad distintiva: un arte típicamente brasileño. Tristemente, en 1930, Tarsila se separaría de Oswald de Andrade.
Ante esto, el objetivo del movimiento era promover pensamientos para convertir influencias extranjeras, para que los modernistas pudieran ver la realidad brasileña dentro de ellos y pudieran desarrollar una nueva cultura con rostro de país, excluyendo el eurocentrismo del arte. Fueron la mezcla de los siguientes movimientos:
- Antropofagia: A pesar del uso metafórico del término, que se asocia con los rituales antropofágicos de los indígenas brasileños, el escritor Oswald de Andrade usó la palabra simbólicamente en el sentido de la cultura de “devorar y tragar”, sin perder la originalidad de los artistas brasileños.
- Pau-Brasil: movimiento basado en la revisión crítica de un pasado histórico y cultural, que abogaba por la creación de la poesía primitiva, la aceptación y valoración de la riqueza. La primera generación del modernismo brasileño también fue conocida como la fase heroica, debido al coraje y compromiso de los artistas con la renovación estética del arte. El movimiento Pau-Brasil reúne una parte vertebral (inicial) del modernismo brasileño (1922- 1926), combinando literatura y pintura: Oswald de Andrade, Mário de Andrade y Tarsila e incluye al propio Cendrars. Este comienza con un viaje a las localidades del Barroco de Minas Gerais (1924) que este grupo de intelectuales denominó la “Caravana del Descubrimiento de Brasil”.
Por ello, es que ella se inspiró en un paisaje esbozado durante sus viajes de Río a Minas Gerais, titulado “Palmeiras” (1925). La obra es casi es metafísica, por no basarse en lo real a pesar de los elementos que la hacen cercana a la misma (ferrocarril, montañas, casas). Agregando ello, la desnudez de la pintura, su tranquilidad hierática supra-real, generan que este cuadro, junto a “O Lago” (1928), en obras cumbre de la pintora. Debido a la producción pictórica de los años 20 y el reflejo de la serie onírica. La austeridad cromática hace de estas obras el “paisaje antropofágico”, además que es agresivo y directo en su pura invención. Asimismo, otras pinturas más conocidas en el movimiento antropofágico fueron “Urutu” (1928) y “Antropofagia” (1929).
Otra invención fue “A Cuca” (1924), que representa una leyenda brasileña con el característico arte naif de Tarsila: la cucaracha es un ser antropomorfo vestido de mujer que se lleva a los niños malcriados y que se hizo famoso en Brasil en 1921, por el libro O Saci (1951) de Monteiro Lobato.
Después de sus etapas de comienzos del modernismo y del movimiento antropofágico, Tarsila decide viajar a la URSS y cambia su perspectiva artística: desea reflejar la clase obrera. Una historia curiosa también explica la vivencia que tuvo al terminar el viaje en París sin dinero, por lo que se vio obligada a trabajar en construcción para poder pagarse el pasaje de regreso a su tierra natal. Bajo lo acontecido, se involucró activamente con la izquierda de su país e iniciará una etapa donde su arte estimulará la conciencia social. Creando cuadros como “Os Operários” (1933), “Segunda classe” (1933), “Crianças orfanato” (1935), “Procissão” (1941), “Santa Irapitinga do Segredo” (1941) y “Costureiras” (1950) los cuales plasmaron el arraigo del compromiso con la lucha social, aprovechando a través de su arte retratar la vida del pueblo con sus penas, su humildad y sus creencias religiosas.
Una frase que quedará impregnada en el tiempo fue la que escribió Tarsila en 1923: “quiero ser la pintora de mi país”. Con el tiempo lo demostró, fue la primera artista latinoamericana en inaugurar una exposición de su obra en el MoMA (Museo de Arte Moderno) en donde le rinden homenaje por haber “inventado el arte moderno en Brasil”.
La inolvidable Tarsila fue descrita como la pintora que mejor alcanzó las aspiraciones brasileñas de expresión nacional en una vanguardia modernista. La artista retrató a uno de los rostros más desatendidos de Brasil: su faceta primitivista y nativista. Ella pudo hallar la belleza a través del color y las formas curvas con las que refleja la tradición del país, sus leyendas y su naturaleza. Todo ello mediante un estilo propio claramente influenciado por el cubismo de su maestro francés, Fernand Léger. No cabe duda que fue una dama con talante potencial artístico, siendo una de las grandes representantes del arte latinoamericano moderno.
“Eu invento tudo na minha pintura. E o que eu vi ou senti, eu estilizo” – Tarsila do Amaral.




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