Siete días en la lona
- Juan Vidal
- Jun 13, 2021
- 3 min read

Desde que el reloj marcó las 7 p.m. el pasado 6 de junio, pocos eran los crédulos que confiaban en que la agitada segunda vuelta electoral terminaría en un rango de 2 a 4 días, sin embargo, parece que a esta historia aún no se le puede poner un punto final, y mucho menos, decir que será un final feliz.
El flash electoral en el cual veíamos a la candidata Keiko Fujimori con un 50.3% de las preferencias sobre un 49.7% de Pedro Castillo, solo fue un reflejo del ajustado resultado que se aproximaba. No obstante, diversos colectivos y manifestantes de Perú Libre ya voceaban un posible fraude desde entonces, y lo mismo han estado haciendo los representantes de Fuerza Popular, incluyendo a la primogénita de Alberto Fujimori, quien al inicio afirmó respetar los resultados electorales. Lamentablemente, es peligroso lo que se ha ido esbozando estos últimos días, porque puede ser un arma de doble filo para las próximas elecciones, deslizar posibilidades de un fraude, inclusive, ante autoridades extranjeras que calificaron de transparente el proceso. Probablemente, ni los miembros de mesa ni los representantes de la ONPE y el JNE deberían aguantar todo el cargamontón de ataques verbales, los indicios de haber firmas inexactas, y por si fuera poco, algunos periodistas de un grupo empresarial televisivo importante, renunciaron al canal por, según lo que indican en sus cartas de renuncias y declaraciones recolectadas por el semanario Hildebrandt en sus trece, vivieron momentos de hostilidad y presión por parte del nuevo director periodístico por querer favorecer a una de las partes políticas en contienda.
Suficiente ya teníamos con ir a las urnas y dar el voto a un candidato o candidata que no representaba en lo más mínimo lo que pensábamos que era lo mejor para el país en base a planes de gobiernos y personalidades con sustentos para gobernar. Hemos sido testigos, desafortunadamente, de muchos medios de comunicación vulnerando, aún más, la objetividad que se ha ido perdiendo en los noticieros matutinos o en la edición central. Además, de ver el ataque a los hombres de prensa, injustificablemente, y muchas veces alentado por el propio profesor Pedro Castillo, generalizando a los medios como “prensa basura”. Y ahora, sin importar que seguimos en una pandemia que viene cobrando la vida de miles de peruanos, Keiko Fujimori no le importa convocar a las calles masivamente a sus seguidores con tal de atrincherarse a la posibilidad que podrá ganar estas elecciones, casi, ya resueltas. Dicen que en el amor y en la guerra todo vale, pues Keiko Fujimori sabe lo que se está jugando en estos momentos. Sabe, que es el último round para poder tener un resultado favorable y llegar al poder luego de sus otrora postulaciones electorales perdidas.
Los candidatos no han cumplido con su trabajo. Los peruanos necesitábamos propuestas claras, reales y contundentes que ayudaran a recuperar la confianza ya dañada por las puyas lanzadas en el debate en Chota, durante la presentación de los equipos técnicos y finalmente, en el encuentro decisivo entre ambos contrincantes en Arequipa. El único perdedor es el pueblo, porque con todo lo antes mencionado, los ánimos se han exacerbado y esperemos, cese en los próximos días. De lo contrario, estos siete días en la lona, se convertirán en cinco años donde viviremos en un mismo país, pero partido por la mitad.
Estos siete días de inestabilidad política, social, e incluso psicológica, han contribuido a que los peruanos nos sigamos desuniendo más de lo que ya estábamos los últimos meses. Ha permitido que el ambiente familiar se torne pleitista, soberbio y orgulloso, por nuestras diferentes ideologías políticas. La política debería ser puesta en práctica por todos, ya que, es el camino para conocer nuestros derechos, entender la labor que tenemos los ciudadanos y nuestros gobernantes cada cinco años: luchar por un tener un país con menos desigualdades, principalmente: económicas, educativas y sociales.




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