Reflexión sobre la Memoria
- Adrián Torres John
- Sep 23, 2021
- 2 min read

El término “Memoria” ha servido como herramienta política, con especial énfasis, durante los últimos meses, panorama en el que el país se dividió en dos bandos. Las palabras pueden ser armas muy eficientes cuando se enmarcan como estandarte de lucha de un grupo. Sin embargo, esto puede conllevar a que el significado original de dicho vocablo termine siendo tergiversado, manipulado, parcializado o, de plano, que equivalga a una definición totalmente distinta. Por lo tanto ¿cuál es la atribución real de la palabra “Memoria”? ¿Qué se está dejando de lado, hoy por hoy, cuando se le hace referencia?
La Memoria, que funge como gran aliada de la Historia, resulta ser, de un lado, el caer en cuenta de lo importante que es rescatar las distintas formas en que un determinado proceso afectó a todos aquellos que lo vivieron. Por otra parte, implica el reconocimiento de que no existe una sola verdad con respecto al acontecimiento, período o proceso que se: las voces que deben ser escuchadas son múltiples y diversas, y ninguna tiene mayor verdad que la otra. En tanto el recuerdo de una persona es, por definición, subjetiva, también lo es la rememoración colectiva. Como si de un rompecabezas infinito se tratase, el hecho se va armando y esclareciendo, cada vez con mayor precisión, cuantas más voces se escuche. Se trata de una situación compleja, ya que, quien escucha el relato de las personas que vivieron lo narrado, la información recibida, que pasa a ser del oidor, ahora ha vuelto a ser modificada por el imaginario de este último. Por ello, al mismo tiempo, la verdad total siempre será inalcanzable.
La Memoria, al igual que la no imposición de unas voces sobre otras y el rescatar todas las versiones posibles, requiere de transparencia. La falsedad puede tornarse en relato oficial si esta es repetida con suficiente celeridad y firmeza. Por lo tanto, el adentrarse en algo recordado necesita de examinar, aceptar y declarar todo cuanto ha ocurrido, sin difuminarlo o alterarlo de manera consciente. De lo contrario, la Memoria pasará a ser ficción. Es por ello por lo que el proceso de la reconciliación (que va más allá del perdón) necesita de este tipo de rememoración, y esto es algo que puede observarse en los distintos sitios de recuerdo que Alemania instauró para no olvidar lo ocurrido durante el holocausto nazi, a la par de los nombres de las personas que fueron víctimas de ello.
La época del terrorismo en el Perú, iniciada en el año 1980 con la quema de ánforas en Chuschi, Ayacucho, y cuyo clímax fue la captura del recientemente fallecido Abimael Guzmán, es un periodo que, si bien las heridas que provocó aún están frescas (y, hoy en día, puede que estén abiertas nuevamente), no recibe la atención y, aún más alarmante, la mirada panorámica y de reconocimiento de todo cuanto ha ocurrido que debería recibir. No es posible que, hoy en día, exista gente que pueda reconocer al ex – presidente Alberto Fujimori, pero que no pueda saber quién es Abimael Guzmán Reynoso, aun teniendo una imagen suya en frente. No olvidemos quién fue este último señor, al igual que todo el daño que le causaron a nuestro país él y su pensamiento.




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