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Radio pequeña, infierno grande



En medio del estupor ante el vertiginoso ascenso de Perú Libre en las encuestas, una teoría parecía particularmente plausible: el rol decisivo fue del ecosistema de medios provincianos y rurales. Por supuesto, la solidaridad con una figura docente, rural y provinciana era un sentimiento clave, pero incluso los sentimientos necesitan vectores de transmisión. En este caso, fue la modesta radio de corto alcance y sabor local la que puso en mente de todos al futuro presidente y a su ideario. La teoría, sobre todo, se acopla muy bien con el historial de Perú Libre y con las pretensiones actuales del Ejecutivo.


No sería la primera vez que Perú Libre usa la prensa local y las redes sociales para obtener lo que busca. En las elecciones regionales de Junín en el 2018, se enfrentaron Vladimir Cerrón por Perú Libre y César Combina por Caminemos Juntos por Junín. Cerrón obtuvo una victoria pírrica antes de ser suspendido del cargo por corrupción. Este año César Combina anunció que buscaría asilo político en España luego de proclamado el gobierno perulibrista. Asimismo, explicó que sufrió una difamación sistemática financiada por Perú Libre, donde se lo acusaba de homosexual y se presentaba el símbolo de su agrupación política—un trébol—como un brócoli, en tono de burla homofóbica. La mala publicidad contra él no se habría limitado a medios tradicionales, sino incluso llegaría a anuncios en Facebook, según el excongresista.


Recordemos ahora el discurso inaugural del 28 de julio. El Presidente mencionó que el «gasto [en publicidad estatal] se realizará dando prioridad a los medios de provincias y redes virtuales. [...] así podremos garantizar una mejor cobertura de la publicidad estatal y una correcta descentralización del gasto público». La descentralización del gasto público es una gran iniciativa en principio. Sin embargo, es menos eficiente que contratar con medios de rango nacional. Además, teniendo presente que el mayor sangrado presupuestario por corrupción se da en gobiernos a nivel local y que hasta el mismo fundador y presidente de PL es corrupto, esa tríada gobierno local, medio local y ejecutivo (con apparátchiki perulibristas experimentados en el área) no debe escurrirse del escrutinio público. Lo más espectacular de ese esquema es que el entorno mediático de provincia es tan estridente e incomprensible para las sensibilidades capitalinas que pasaría totalmente desapercibido para la mayoría en Lima—hasta que sea demasiado tarde.


Aquí tendemos a preocuparnos por Peru21 o por La República, por «diarios serios», y a descartar la importancia de otros medios que nos recuerdan más bien al Sinchi de «Pantaleón y las visitadoras». Aunque no sea la más feliz de las motivaciones, es momento de tomar en cuenta el rol de los medios pequeños y de su aprovechamiento por actores políticos.


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