¿Qué nos deparará este domingo?
- Carlos Vásquez
- Jun 5, 2021
- 3 min read

A un día de las elecciones presidenciales por segunda vuelta, el panorama social está en un punto álgido. A diferencia de la contienda del 2016 entre dos candidatos de derecha, las polarizaciones y efervescencia del electorado se concentran en materia económica y un eventual cambio del modelo actual. Realmente se considera que el Estado peruano está en juego, y dependiendo del lente por el cual se vea, el futuro parece más desolador que nunca.
Ello también ha conllevado a estrategias y prácticas que, si bien técnicamente están en el límite de lo permitido, otras llegan a ser antidemocráticas. Ofrecimientos monetarios a cambio de un voto, inscripciones como personeros de un partido para faltar a la responsabilidad y darle ventaja al otro, paneles asustando a la población con la palabra comunismo en mayúsculas y letras rojas, son algunos de los ejemplos más vistos en esta campaña. Estas relaciones que tanto interesarían a Foucault por el ejercicio de poder y la resistencia a la dominación han sido la constante como en cada proceso electoral, pero se han incrementado visiblemente en las últimas dos semanas.
El problema, sin embargo, podría ir más allá de los mismos resultados que puedan obtenerse el domingo. Ya habiendo señalado que son evidentes las prácticas antidemocráticas en campaña, es necesario considerar que estas pueden continuar presentes en la noche del domingo y los días siguientes. Con respecto a esto último, recientemente se difundieron supuestos datos de encuestas privadas, donde la diferencia entre ambos candidatos se acortaba dejando menos de 1% de distancia.
Si bien esto puede favorecer a uno de los lados, podría mellar aún más la democracia peruana. Debido a los márgenes mínimos, eventualmente el candidato o candidata que pierda podría no reconocer su derrota. Esto ya se vio en el 2016 cuando Keiko Fujimori no aceptó, y siguió sin aceptar, la victoria de Kuczynski en la segunda vuelta. Tal acción derivó en presiones por parte de la bancada fujimorista al punto de presenciar una renuncia presidencial el 2017 que llevó a mayores crisis a lo largo de estos últimos años.
Además, pasando a otro país, las elecciones presidenciales de México en el 2006 fueron tan disputadas que la diferencia entre candidatos era de 23 mil votos. Ante ello, Andrés Manuel López Obrador, candidato que quedó segundo, exigió un recuento de votos y acampó en la plaza Zócalo. Esta demanda terminó con la pérdida de miles de millones de pesos mexicanos para el sector turístico de la ciudad frente al plantón de AMLO, quien mencionaba la existencia de un fraude electoral. Por ende, una situación provechosa habría sido que se evidencien mayores diferencias entre Castillo y Fujimori. A mayor diferencia, mayor protección a la estabilidad democrática.
En adición a ello, la posibilidad de la adulteración de boletas por falta de personeros distritales perjudicaría aún más el proceso electoral. Es necesario recordar que la democracia no desaparece solo cuando se instaura una dictadura, la democracia no solo se debilita cuando se implementan políticas populistas. La democracia también se resquebraja cuando la ciudadanía atenta contra ella, cuando los medios de prensa sesgan su contenido, cuando se pretende comprar el voto en beneficio de un actor político. Por ende, hasta la más mínima presencia en las urnas cuenta, y quizá aún si perdiera la opción personal, deben respetarse los mecanismos electorales. Hay que recordar que, en este domingo, la democracia realmente está en juego.




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