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Pelotudeces Democráticas




El audio del congresista electo Guillermo Bermejo dejó helado a medio Perú. ¿Cómo es posible que un congresista profiera opiniones tan obscenas, tan blasfemas, tan anti-democráticas? Creo que vale la pena darle algo de cuerda a esa conversación.


Los últimos años hemos visto una dilución sistemática de las etiquetas gracias a cosmovisiones cada vez más subjetivistas, relativistas o nihilistas. No es sorprendente que la etiqueta de «marxista-leninista» sea vista, al menos por un sector, como un doblez más en el abanico de posibilidades cuya valoración depende de la persona que lo encarne. ¿Qué es un marxista-leninista? Pues lo que hace un marxista-leninista. ¿Y quién es marxista-leninista? Quien se identifique como tal. Bajo estos parámetros, un lobbysta rapaz que busque eliminar el impuesto a la riqueza podría ser tan digno del rótulo como cualquier otro. Por supuesto, el terruqueo a diestra y siniestra también ha ayudado a adelgazar las etiquetas asociadas a la izquierda, hasta el punto de casi olvidar que sí poseen un significado.


En su «Estado y Revolución» de 1917, Vladimir Lenin explica que la democracia no es más que una organización social para la sistematización de la violencia de una clase social hacia otra. Esa es una simplificación muy escueta de su descripción de la democracia. En cuanto a la prescripción en torno a dicho sistema, la idea ya estaba clara en su ensayo «La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación» de 1916: «Desde luego, la democracia también es una forma de Estado que deberá desaparecer cuando desaparezca el Estado, pero eso solo ocurrirá cuando se produzca la transición del socialismo, definitivamente victorioso y consolidado, al comunismo integral».


Para sensibilidades liberales, esta blasfemia raya en la heterodoxia. Sin embargo, como podemos ver, el pensamiento del Sr. Bermejo es extremadamente ortodoxo, solo que pertenece a otro credo. Eso es difícil de recordar en un mundo en el que los sistemas de creencia están pintados, pero para el crédito de los verdaderos marxistas ellos subliman y sacramentan doctrina en práctica, o praxis. En ello radica la importancia de las etiquetas, sobre todo aquellas que se nutren de un denso corpus de conocimiento como el marxista.


Otro elemento ampliamente desarrollado por la tradición marxista es el moral. Ciber-celebridades de derecha contemporáneos repiten hasta el cansancio que esta corriente es relativista. No obstante, el marxista se identifica ni como relativista ni como objetivista, sino como realista. No existe un eje objetivo de moralidad para toda la raza humana, pero sí los hay para grupos dentro de ésta. Cada grupo tiene un conjunto de deberes morales distintos, y están arraigados en las mismas diferencias grupales. ¿En qué se basan estas? Pues en las más reales de las diferencias: las diferencias de clase. Así, aquello que avance los intereses de mi clase social será moralmente imperioso para . Con ese desarrollo cobra mucho más sentido la exhortación de los textos de Lenin (o de los audios de Bermejo, o de las conferencias de Cerrón): el poder está ahí para ser tomado por la revolución, y al diablo con los enemigos del pueblo.


Tal vez el audio no fue tan sorprendente ni indignante para algunos de nosotros es porque somos iliberales. Es más, algunos de nosotros no somos autoproclamados demócratas. Personalmente, coincido con el Sr. Bermejo: la democracia no es sagrada porque no es un fin en sí mismo, sino un instrumento. La diferencia está en un instrumento para qué. Esa es una discusión aparte que dejaré para otra ocasión. No busco evangelizar políticamente, sino invitar a los lectores a que, a pesar de lo chicha de la política, lean sobre categorías políticas y lo que significan. Si es posible, busquen los textos de los mismos padres de esas ideas. Tal vez así recibamos el próximo embate anti-democrático de PL desde el marxismo con el mismo bostezo hastiado con el que recibimos los de FP desde la corrupción y el blindaje.


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