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Pancho Fierro: el inolvidable y magnífico artista peruano




El 5 de octubre de 1809 nació el inolvidable Francisco "Pancho" Fierro Palas en la Ciudad de los Reyes, se le bautizó el 5 de febrero de 1811 en la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, llamada antiguamente Parroquia de Los Huérfanos. Cabe resaltar que, fue manumitido desde su nacimiento, es decir, nació libre debido a la regla de que el hijo de un español no debía nacer esclavo. La personalidad del inolvidable pintor se le caracterizaba por poseer una inmensa sensibilidad e intuición.


Pancho fue hijo de Nicolás Rodríguez del Fierro, criollo español ordenado de sacerdote y de Carmen Fierro, esclava de la casa familiar de Antonio Rodríguez del Fierro y Pollos, quien era miembro del Tribunal del Consulado de Lima y coronel del Batallón de Milicias del Comercio de Lima. Nicolasa Ignacia de Robina y Gallegos, era la abuela paterna del recordado pintor, ella era perteneciente a importantes familias de la sociedad virreinal limeña.


En el mes de mayo de 1828, contrajo matrimonio en Lima con Gervasia Rosa Cornejo Belzunce, natural de la Hacienda Mataratones, en la provincia de Cañete, sin embargo, tuvo a otras mujeres, con quienes produjo descendencia.


Francisco Fierro no tuvo la oportunidad de acceder a una educación formal, por eso, fue un autodidacta, aprendió a leer, escribir y a pintar por su esfuerzo propio. Por tal motivo, según investigaciones no se muestran evidencias que se haya adherido a alguna academia artística, pero su pasión al arte era tan profunda que el mismo fue desempeñándose en ella.


Su habilidad para la pintura fue innata, aunque la falta de una elaborada técnica evidencia su formación autónoma. El pintor peruano poseía una gran destreza manual y lo aprovechó para poder generar ingresos en el día a día, pintando los diseños de carteles taurinos, moldeando pequeñas figuras para adornar los nacimientos navideños hasta realizando pinturas muralistas en las casas de Lima.


La nota necrológica publicada en el diario El Comercio en su honor, asegura que, dejó numerosos cuadros al óleo, acuarelas y retratos a carboncillo como la "única herencia de su desconsolada familia". Además, el diario resaltó su importancia y valor como artista costumbrista, habiendo sido para la pintura peruana lo que Manuel Ascencio Segura lo fue para la literatura.


Abundan en aquel periodo las costumbres españolas con las criollas, las andinas, las negras y mulatas; el Perú comenzaba a amalgamar culturalmente. Es importante mencionar que, en aquella época el Perú, habitaban veintiocho mil negros, quince mil indios y mestizos y diez mil blancos. La enorme cantidad de negros, sobre todo los liberados por sus amos luego de algún tipo de negociación, influyó mucho en las costumbres de la capital.


En aquellos años de profundo cambio en la Ciudad de los Reyes, la vestimenta española es reemplazada paulatinamente por la francesa, cuando San Martín proclama la Independencia. Se dieron diversos acontecimientos como el incremento de la bonanza por el guano, la apertura del Perú al comercio, la existencia del primer ferrocarril que hacía la ruta Lima-Callao y la demolición de la muralla. Además, se vivieron aires de libertad, por la abolición de la esclavitud promovida por el presidente Ramón Castilla. Sin embargo, a pesar de todo los diversos acontecimientos que vivió el pintor, él prefirió seguir retratando a la Lima de su juventud hasta la edad aproximadamente de 40 años.


Él plasmó en las diversas acuarelas escenas de la vida de la Lima de antaño, retratando a ciudadanos de todos los niveles socioeconómicos y los oficios que tenían, lo que compuso el invaluable testimonio de las costumbres cotidianas en la Ciudad de los Reyes en el siglo XIX. Se calcula que su legado artístico llegó a un total de 1200 escenas de la vida limeña, con diferentes personajes, características, oficios, ritos y costumbres de la ciudad. De las principales obras del artista se tiene “La jamonera”, “El turronero”, “La buñuelera”, “La placera”, “El anticuchero”, “El bizcochero”. En las danzas, como el “Son de los diablos”, “Chunchos” y la de las “Pallas”. Además, retrató la vida diaria de la sociedad limeña como “Una señora desfrasada en paseo” o el “Vendedor de velas”. Asimismo, el pintor vivió en la época colonial y los nuevos aires de la emancipación; sin embargo, son mínimas acuarelas que representan ese espíritu, como “Las rotuladas, un sitiador del Callao”, “Un oficial del ejército argentino-chileno”, “Fui del ejército libertador” y “El sargento Zapata”. No obstante, su género favorito fueron las estampas costumbristas de las tapadas, los esclavos, los veraneantes en Chorrillos, los indios, los clérigos, etc.


El propio pintor vendía sus acuarelas en el almacén de los Broggi Hermanos. Estos resultaron muy valorados por los extranjeros y los coleccionistas como el diplomático francés Leoncio Angrand o el etnógrafo ruso Leopoldo Shrenk, dando lugar a que en la actualidad obras suyas puedan conocerse internacionalmente como en Estados Unidos, Rusia, Francia o Argentina. Asimismo, el tradicionista Ricardo Palma fue acreedor de la colección más importante, que en la actualidad se conserva en la Pinacoteca Municipal de Lima.


El artista tuvo imitadores de su arte, pero él defendió su estilo artístico con mucho talento. Ello se evidencia en los padrones de los gremios empresariales de diversas ramas de las industrias que existían en otrora, las cuales fueron elaboradas para el pago de la patente presentadas a la Prefectura de Lima, en la cual se aprecia que Pancho Fierro figuró como pintor de segunda y luego de primera clase al lado de otro importante pintor peruano: el mulato José Gil de Castro. Lamentablemente, como el artista no firmaba sus acuarelas, se ha dado el caso de habérsele atribuido a otros pintores o que sea dudoso si esas obras serían de él por los títulos y fechas de estas pinturas. En 1975, el abogado y periodista Manuel Cisneros Sánchez publicó Pancho Fierro y la Lima del 800, un estudio sobre el pintor mulato, incluyendo numerosas reproducciones a todo color.


El formidable artista fue el máximo representante y creador del costumbrismo en el Perú del siglo XIX, dicha corriente artística y literaria produce obras realistas, que retratan de la manera más fiel posible la vida, costumbres, tradiciones y creencias de un grupo de personas que viven en una nación. Sus acuarelas complementan de forma gráfica los textos escritos conocidos como Tradiciones peruanas del autor Ricardo Palma Soriano. Sus acuarelas originales se aprecian en el Museo del Banco Central de Reserva del Perú y en el Museo de Arte de Lima.


En los últimos días del acuarelista, padeció de una parálisis total. Falleció de una pulmonía severa en el Hospital Dos de Mayo en 1879, a los 72 años; su esposa Gervacia Cornejo fue leal a él hasta que partió de este mundo. Fierro muere el día que el Perú comienza la Guerra del Pacífico, liberándose de ser testigo del caos vivido y de los lóbregos tiempos que muchos compatriotas evidenciaron.





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