Orban contra la Unión Europea
- Adrián Torres John
- Jul 22, 2021
- 2 min read

La presente columna de opinión no apunta a emitir un juicio sobre la agenda política que propone la Unión Europea, que incluye el tópico de la comunidad LGTBIQA+ y el género, ni tampoco sobre las leyes de carácter conservador que el gobierno de Viktor Orban ha promulgado. El enfoque, por el contrario, se encuentra en el efecto “imposición-reacción” que es posible observar entre las nuevas agendas culturales y aquellos que se consideran como la “oposición”. Esta última, a la par de incluir una batería de propuestas de índole político, económico y sociocultural, puede ser catalogada como una actitud que resulta ser entendible cuando es observada detenidamente.
La Unión Europea, al igual que otros organismos internacionales como la ONU, pretende impulsar y desarrollar una serie de temáticas durante un período indefinido. Esto sucede en el marco de tendencias contemporáneas que buscan mayor libertad individual y grupal, por lo que todos los países adherentes han tenido que optar por una respuesta ante el siguiente predicamento: la manera en que se implementan dichas agendas las presentan como una imposición homogeneizadora, algo así como un “deber ser” ajustado a lo “políticamente correcto”. La opción de no estar de acuerdo, tanto parcialmente como totalmente, suele ser punible por parte de la opinión pública.
Toda imposición genera una reacción. El ser humano, ante la sensación de que se le está obligando a hacer algo, tiende a cuestionar el contenido impuesto del mismo modo en que, tarde o temprano, se levanta contra un régimen que le oprime (ejemplo de ello son las protestas en Cuba frente a la dictadura castrista). Frente a ello, la actitud que toman ciertos países con mayoría social conservadora puede ser comprensible, al menos desde la psicología social. Del mismo modo en que personajes como Donald Trump, Jair Bolsonaro o Rafael López Aliaga reciben tanto apoyo de parte aquellos que no están de acuerdo con la dirección del progresismo, bajo la premisa de que son personajes como estos la última esperanza de hacer frente a esta agenda global, aparecen proyectos políticos como el húngaro que encuentran asidero en un sector que se siente presionado.
La mentalidad colectiva es, sin duda, el elemento más difícil de modificar, y el proceso para que esto suceda es lento e inestable. Una de las causas de ello es que la forma de pensar socialmente compartida generará cambios en la política, la economía y la cultura a modo de reacción en cadena. Sin embargo, la historia de la humanidad demuestra que la imposición está mal preparada para desencadenar dicha reacción. Lo único que produce es inestabilidad en el proceso de transición hacia otra época humana, y recrudece la oposición a que esto ocurra.




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