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OPERACIÓN POLO BLANCO (Parte 2)




En el 2011, cuando la segunda vuelta electoral opuso a Keiko Fujimori, en su primera cruzada presidencial, y a Ollanta Humala, en su segunda para entonces, una estrategia comunicacional buscó alejar al candidato Humala de las acusaciones que sus contrincantes de la derecha le hacían. Se le acusaba, entonces, de chavista, de estatista, de radical, lo cual limitaba mucho el alcance que podría tener en un electorado temeroso de propuestas que escapan de lo habitual. Liderados por Mario Vargas Llosa, el grupo de políticos e intelectuales que apoyaron a Humala lograron su cometido: impidieron que Keiko Fujimori acceda a la presidencia del Perú. Hoy, 10 años después, una gesta similar empieza a armarse, contra la misma contrincante, pero buscando limar las asperezas de otro candidato de segunda vuelta, Pedro Castillo, de Perú Libre.


El día de ayer, el candidato Castillo dio un primer alcance respecto a quiénes conforman este muy misterioso equipo técnico suyo. Señaló que Hernando Cevallos, exdecano del Colegio Médico, será el encargado de las propuestas de Perú Libre en relación a salud, Juan Pari, economista y excongresista, será el encargado de economía junto con Kurt Burneo, exministro de Produce de Ollanta Humala, y Avelino Guillén, exfiscal supremo, será el encargado del área judicial. Son, en efecto, nombres ya conocidos y asociados a ciertas tendencias políticas que se unen a la campaña de Castillo. Un reportaje televisivo emitido días antes mencionó también a Salomón Lerner Ghitis, Milton Von Hesse, Enrique Wong, entre otros, como miembros del equipo técnico de Castillo.


Tenemos, ante nosotros, un nuevo intento de Operación Polo Blanco. Así como el Humala del 2011, cargando aún la mochila de su perfil más radical del 2006, se asoció a figuras del establishment asociadas a la izquierda progresista y capitalina, hoy, Pedro Castillo, busca un apoyo menos polémico para acercarse así a los indecisos de clase media de las grandes ciudades del Perú. Sin embargo, el Perú del 2021 no es el Perú del 2011: la confianza de la gente en la clase política se encuentra, creemos, en su punto más bajo, y, por lo tanto, una medida que buscaba generar confianza en la población podría tener un efecto contrario. Es decir, se podría percibir que Castillo está empezando a ponerse una armadura política tradicional.


En otras palabras, lo que estamos viendo es un teatro. Los personajes que han empezado a ser expuestos como asesores de Castillo funcionan como garantes ante una clase media que busca excusas para justificar su ya decidido voto por Castillo. ¿Cuántas personas, seriamente, estaban esperando el apoyo de Kurt Burneo para decidirse por Castillo? Probablemente, muy pocas. Sin embargo, ahora que la alianza parece consumada, muchos optarán por ponerse, a sabiendas, este velo ante los ojos, para no ver la realidad que se mueve dentro del partido de Castillo y Vladimir Cerrón. Estas nuevas adherencias a Castillo permiten, ante este sector indeciso y clasemediero del electorado, dar una arista más concreta a argumentos ya esgrimidos por ellos, pero carentes de sustento y abundantes en inocencia. Ya no dirán que “si Castillo es extremista, lo vaca el Congreso o lo vaca la calle”, lo cual resulta una inocencia tremenda, sino dirán que Castillo está rodeado de garantes que buscan suavizar y relativizar sus propuestas. Ahí, en efecto, Castillo podría consolidar un voto.


Resulta, entonces, saludable que Castillo haya buscado presentar una versión suya más abierta al consenso, al diálogo con otros sectores políticos. Recordemos, sin embargo, qué pasó con los garantes de Humala cuando este se decidió, no por el autoritarismo chavista, sino por la corrupción odebrechtista: miraron al costado, dijeron que esa no es la verdadera izquierda. En un país casi condenado por un círculo vicioso de historias que se repiten, resulta incluso más saludable dudar del polo blanco de Castillo.




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