Miedo y Lucha de Poder
- Rafael Guzmán
- Jun 20, 2021
- 3 min read

Es un hecho consumado -aunque aún no universalmente aceptado- que Pedro Castillo es el presidente electo del Perú y que asumirá el cargo el 28 de julio. El candidato de Perú Libre logró sobreponerse a su imagen de hombre de izquierda radical y aprovecharse del inmenso voto antifujimorista existente en el país para hacerse con una ajustada victoria en las elecciones. Para bien o para mal, la decisión ya ha sido tomada por los votantes del país, y el único camino a seguir, para quienes no apoyamos al candidato vencedor, comienza por la resignación y aceptación de los resultados de los comicios. Exceptuando el remoto caso de que emerja evidencia seria de fraude, es, por decir lo menos, irresponsable pensar que estos resultados deban ser revertidos. O lo que es peor, esperanzarse en que se vuelvan irrelevantes por medio de un golpe de estado. Las pésimas decisiones populares, si son legítimas, también deben ser respetadas.
Ya habiendo tocado este último punto, es natural que la resignación y aceptación que debamos tener estén acompañadas de inquietud, duda e incluso hasta miedo. Miedo a lo que podrían representar cinco años (o más) de gobierno de Castillo. Y es natural debido a lo que su partido proponía abiertamente para el país, al menos hasta la primera vuelta de las elecciones. Aunque muchos -particularmente acérrimos antifujimoristas- parezcan ser incapaces de reconocerlo, lo cierto es que las propuestas e ideas del plan de gobierno original de Perú Libre no son cosa del pasado, son un peligro real y actual. Los votantes de Perú Libre, salvo casos de ingenuidad extrema, deben haber sido conscientes de este hecho. Una declaración de Pedro Francke o un par de tweets de Verónika Mendoza no lo pueden cambiar.
Mejor dicho, no pueden cambiar nada mientras Vladimir Cerrón siga siendo el poder detrás del sillón presidencial. Por ahora al menos, parece ser también otro hecho consumado que Cerrón va a ser quien haga y deshaga, nombre y censure, en el próximo gobierno. Solo una candidez absoluta podría impedir que alguien reconozca al menos la fuerte posibilidad de ello. Y digo fuerte posibilidad porque, afortunadamente, aún no es algo seguro. En los últimos días se ha visto como un notable sector de la izquierda moderada/progresista parece estar visualizando a Cerrón como un rival. Ya sea por motivos ideológicos o pragmáticos, el hecho es que consideran que la influencia que Cerrón posee sobre Castillo es un peligro, algo con lo cual la derecha no disentirá.
Últimamente, parecen estar viéndose indicios de que se busca que Pedro Castillo siga un rumbo similar al que tomó Ollanta Humala en el 2011. Si bien Castillo no firmó ninguna hoja de ruta antes de la segunda vuelta y afirmó que no cambiaría su plan de gobierno, da la impresión que grupos centristas o de izquierda progresista buscan alejarlo del ala radical de PL (lo cual claramente incluye alejarlo de Cerrón) y acercarlo a posturas más moderadas en la izquierda, o incluso al centro político. Si esto es lograble o no, es una cuestión que se irá respondiendo conforme pasen semanas y meses.
En cambio, algo que sí parece ser definitivo es que Cerrón no tolerará injerencias de este tipo. Aún si la participación del equipo técnico de Juntos por el Perú (o incluso nombramientos de asociados de JP en el MEF o el premierato) pueda hacer más aceptable a la presidencia de Castillo para la izquierda limeña, el líder de PL no aceptará tal intromisión en un gobierno de su partido. Mucho menos si quienes pretenden “interferir” vienen del centro progresista del Partido Morado. Y Cerrón abiertamente ha expresado su creencia en que estos “interesados” en apoyar al futuro gobierno buscan primero quitarlo a él de la ecuación.
Chiquitas para Francke y Julio Guzmán. Recomiendo altamente leer lo que Cerrón twittea. En redes, parece una especie de Urresti izquierdista.
No es novedad, entonces, que Cerrón recientemente publique una foto dándose la mano con Castillo, en la que ambos emplean vestimenta curiosamente similar, y la acompañe con un mensaje sobre “la unidad del partido”. Sutil mensaje para sus adversarios dentro de la izquierda. Sin embargo, queda por verse si logrará mantener la disciplina en las filas de PL ante los ofrecimientos de miembros y allegados a JP.
En cualquier caso, este asunto no parece que vaya a resolverse a corto plazo. Por lo pronto, una lucha de poder ya se está gestando en la izquierda y progresía peruanas; una que puede tener consecuencias importantísimas en la política nacional más allá de los siguientes 5 años. Y, volviendo a uno de los primeros puntos de este artículo, una lucha que podría o no terminar en la materialización de los miedos de la derecha. Por repelente que pueda sonar, quizá la mejor opción termine siendo el apoyo a la izquierda moderada, al menos en cierto grado, para no terminar desembocando en escenarios mucho peores.








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