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Metástasis de Castillo



La metástasis es cuando las células cancerosas se diseminan por el organismo. Es en sí la última etapa del cáncer donde el paciente tiene pocas expectativas de supervivencia. Con los últimos movimientos en el escenario político la suerte de Castillo está echada. Ya la pregunta no es si lo vacarán o no. Ni tampoco cuando. Si no, si es que durará hasta fin de año. Hace unos días se aprobó por insistencia una ley de desarrollo constitucional sobre la cuestión de confianza varias especialistas declaran la ley como “inconstitucional” y que “genera un desbalance de poderes”. Acto seguido el Ejecutivo presentó una acción de inconstitucionalidad ante el TC como corresponde para defender sus competencias. Sin embargo, el camino será más corto de lo podría parecer. Más de 5 meses se demoró el TC en pronunciarse para el caso de la disolución del Congreso y 10 días para desestimar la acción competencial sobre la vacancia de Vizcarra. En el primer caso se revisó el tema de fondo, en el segundo caso no se admitió. En la práctica se lavaron las manos. Cuando la historia lo demanda, el TC y el Congreso no están a la altura. Varios meses pasaron y seguimos sintiendo los efectos de las decisiones no tomadas. Sin un pronunciamiento sobre la vacancia se queda como espada de Damocles. En esta ocasión es más peliagudo para Castillo. El anterior Congreso modificó el código procesal constitucional y su finalidad era clara: no ser procesados por el golpe de estado del 9 de noviembre. Se modificaron los votos necesarios para formar resolución al interior del TC, antes eran necesarios mayoría simple, ahora es necesario votos, es decir, sin querer queriendo, el Congreso le dió al Congreso la llave para ser indisolubles. Tradicionalmente 3 magistrados votan en un sentido, 3 votan en otro sentido y 1 variaba su voto según el caso. Con el fallecimiento del magistrado Ramos y la modificación antes mencionada, sería poco probable que el Ejecutivo gane con la demanda. Con lo cual, en la práctica, el Legislativo podría vacar a Castillo sin que tenga que interferir la figura de la cuestión de confianza ni forzar el cierre del Congreso. Solo faltaría un cambio en la Constitución para que, si se vaque al presidente y a los vicepresidentes solo se convoquen elecciones de la plancha presidencial y no a elecciones generales (renovación del Congreso y del Presidente). Esto sumado a las graves delitos y acusaciones de las personas cercanas al Presidente, a los cuestionamientos a los ministros de Interior y educación, al nombramiento de un embajador con un proceso judicial e impedimento de salida del país, la gran improvisación en la gestión pública, funcionarios sin experiencia o no acorde al perfil del puesto, la incertidumbre económica y un largo etcétera de cuestionamientos al gobierno, le sobran motivos al Congreso para proceder. El silencio de Castillo a los temas importantes no hace más que debilitar su figura. Parece que sus días en Palacio están contados si no toma decisiones pronto, a salvo que ya sea demasiado tarde para reaccionar.

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