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Los gestos que importan


El día de ayer, jueves 12 de agosto, el presidente Pedro Castillo se reunió con la Mesa Directiva del Congreso para revisar la presidencia de las comisiones y sugerir, por parte de Castillo, que Perú Libre presida la Comisión de Educación. No obstante, lo que más destacó de este encuentro fue el momento que protagonizaron Castillo y la presidenta del Parlamento, María del Carmen Alva. A la salida de la reunión, el mandatario extendió el codo a la titular del Congreso en señal de saludo, a lo cual esta respondió con un leve roce y un gesto de rechazo con la mano, seguido del direccionamiento de su mirada hacia otro lado.

Las críticas no se hicieron esperar y en las redes sociales calificaron los gestos de Alva de desplante, falta de respeto al presidente e incluso fue tildada de racista. Lo que queda bastante claro con lo sucedido es que puede interpretarse como una muestra de la relación que hasta el momento mantiene el Poder Legislativo con el Ejecutivo y que puede marcar una tendencia futura. Si bien la polémica ha rodeado a más de uno de los ministros designados por Castillo para conformar su gabinete, desde el Congreso no parece existir una mayoritaria intención de conciliar y buscar puntos comunes. Desde bancadas que se niegan a dialogar con el presidente si es que este no retira a ciertos ministros, las declaraciones del congresista Jorge Montoya de que interpelaran a cada uno de ellos y la reciente aprobación de la moción de interpelación al canciller Héctor Béjar, cuyo pliego de preguntas llega a rallar en ciertas partes en lo ridículo.

Tales muestras de una actitud confrontacional, llenas de amenazas y provocaciones hacia Castillo, solo generan incertidumbre e inestabilidad política. Las cosas que necesitan ser corregidas dentro del Ejecutivo deben partir del diálogo, no de ataques y faltas de respeto. El gesto de Alva, en términos de comunicación política, pareciera marcar ninguna intención de acercarse, pero sí la de mantener las apariencias y la imagen de dialogantes. El rechazo del gesto se puede interpretar como un rechazo a lo que representa Castillo y, dentro de todo, a los pedidos de una gran parte de peruanos olvidados por décadas.

Los gestos importan siempre, sobre todo en política, y lo hecho por la presidenta del Parlamento el día de ayer no hace más que reforzar la imagen de un Congreso preparado para obstruir al Ejecutivo en todas las formas que pueda y seguir ignorando pedidos legítimos de la ciudadanía, aquella ciudadanía que ahora se ve representada en la presidencia. Tanto por ese sector como por el país en general, lo que se necesita es el trabajo conjunto de ambos poderes del Estado y no enfrentamientos basados en diferencias ideológicas.

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