Lo fantástico en Cortázar reflejado en “No se culpe a nadie”
- Kevin Rivera
- Aug 4, 2021
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Según Tzvetan Todorov, la literatura fantástica se constituye de aquellos relatos en donde existe incertidumbre y vacilación acerca de la naturaleza de los acontecimientos de la historia que leemos. Mientras leemos el relato nos vamos adentrando poco a poco en la duda sobre si lo que sucede puede ser explicado por las leyes naturales del mundo que habitamos o si, más bien, se debe a la interferencia de alguna influencia sobrenatural. Para tal efecto, es preciso que como lectores partamos de la aceptación del mundo del relato como similar al nuestro, es decir, un mundo que se rige por leyes lógicas. Por tal motivo es que al presentarse los sucesos fantásticos sentimos esa incertidumbre acerca de si lo que pasa tiene una explicación racional o si estamos ante hechos sobrenaturales.
Para el caso del cuento “No se culpe a nadie” de Julio Cortázar, vemos cómo lo fantástico se va construyendo conforme el relato avanza. Se nos presenta a un personaje de nombre desconocido que decide ponerse un pulóver azul, debido a la llegada del otoño, para salir de su casa y encontrarse con su esposa en una tienda con el fin de comprar un regalo de casamiento. El mundo del personaje es tomado como real por nosotros, los lectores, ya que se asemeja al nuestro y lo identificamos como natural a nuestras leyes lógicas. Lo fantástico irá introduciéndose poco a poco y una primera aparición se dará cuando, en el intento de colocarse el pulóver, el personaje menciona que, al asomarse un dedo fuera del puño de la manga, este tiene “un aire como de arrugado y metido para dentro, con una uña negra terminada en punta” y luego “se mira la mano como si no fuese suya”, pero rápidamente identifica que es la misma mano de siempre. La extrañeza de esta descripción, de la naturaleza de la mano introducida en el pulóver nos siembra la duda sobre lo que viene sucediendo, ya que se presenta una descripción bastante grotesca de la mano del personaje, aunque después parece reconocerla como la misma mano de siempre.
Más allá de esta caracterización de la mano, también está el hecho de lo conflictivo que resulta para el personaje colocarse el pulóver. No solo ocurren confusiones como el creer que se mete la cabeza por una de las mangas y un mano por el cuello, sino que el personaje experimenta dolor en medio de su intento por colocarse la prenda. Todo ello nos hace dudar sobre si nos encontramos frente al relato lógico de un sujeto tratando de colocarse un pulóver o si hay algo más en juego, si el pulóver en cuestión presenta una dimensión sobrenatural que dificulta el ser vestida y acarrea sufrimiento para su portador, ya que la normalidad que significaría el tener a veces dificultades para colocarnos prendas como la descrita escala hacia un siguiente nivel porque el forcejeo del protagonista parece ir más allá de una simple dificultad cotidiana. Allí es donde como lectores dudamos sobre si lo que sucede es solo la descripción de una de esas dificultosas ocasiones en donde nos cuesta colocarnos una prenda o si hay algo perverso en juego que ocurre al interior del pulóver y no se puede explicar de forma racional.
A esto se agrega que el personaje parece perder control de su mano derecha, la cual es la que logra salir de la prenda y que en un principio se describe de manera grotesca. Se indica que trata con cierta violencia a la mano izquierda en lugar de ayudarla a salir del pulóver cuando dice “a menos que en vez de ayudarla la esté mordiendo porque de golpe le duele la mano prisionera” e incluso trata con violencia al personaje, debido a que este señala que “haría falta que la mano derecha ayudara en vez de trepar o bajar inútilmente por las piernas en vez de pellizcarle el muslo como lo está haciendo, arañándolo y pellizcándolo a través de la ropa sin que pueda impedírselo porque toda su voluntad acaba en la mano izquierda”. Hay aquí también la pérdida de control sobre la mano derecha, como si la misma poseyera autonomía propia.
Ya hacia el final, cuando el personaje logra sacar su cabeza del pulóver, “entreabre los ojos y ve las cinco uñas negras suspendidas apuntando a sus ojos, vibrando en el aire antes de saltar contra sus ojos”. La acción violenta de la mano derecha se hace evidente, pero no la explicación a este suceso, es decir, sobre su naturaleza. ¿Estamos ante la intervención de un hecho sobrenatural que le ha otorgado aquella maldad y apariencia desagradable a la mano derecha de nuestro protagonista o ante quizás una confusión visual del mismo producto del esfuerzo que ha representado el colocarse el pulóver? Nada de esto se resuelve, ya que ni siquiera sabemos con exactitud que acontece con nuestro protagonista. Al ver la mano, se echa hacia atrás, de nuevo dentro del pulóver, y se endereza para ir hacia donde no haya ni mano ni pulóver, “donde solamente haya un aire fragoroso que lo envuelva y lo acompañe y lo acaricie doce pisos”. ¿Acaso ha caído por la ventana de su casa? ¿Desea hacerlo? ¿Se lanza o no? No hay respuesta para ello, solo un final sugerente que deja el destino del protagonista y la naturaleza general del relato en suspenso.




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