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LECCIONES DE ECOLOGÍA SOBRE LA ACTUAL COYUNTURA

  • “Hay una rama dedicada a estudiar la relación entre los factores políticos, económicos, ambientales y sociales en los conflictos: la Ecología Política. Una forma de interpretar la difícil y compleja coyuntura política y social actual.”



En el amplio y fascinante estudio de la Ecología usualmente nos abstraemos de la política para enfocarnos al objeto de estudio (sea un turtupilin, una orquídea u otra especie que despierte interés). Sin embargo, hay una rama dedicada a estudiar la relación entre los factores políticos, económicos, ambientales y sociales en los conflictos (entre otros fenómenos): la Ecología Política. Con un enfoque que difiere de los estudios apolíticos usuales en nuestro medio. En este artículo trato de rescatar algunas lecciones para tratar de interpretar la difícil y compleja coyuntura política y social actual. En el estudio de los sistemas complejos, trata de construir una modelo sobre la realidad, y se suele prestar una especial atención a los mecanismos de regulación o autoregulación. Un ejemplo para tratar de explicar mejor esta teoría, bastante densa y confusa, puede ser sobre la relación depredador-presa o sobre la cuestión de confianza. Hay un mecanismo en la Constitución que regula la relación entre el Ejecutivo y el Congreso, a falta de un entendimiento entre ambos poderes, se convocan a nuevas elecciones legislativas. A fin de que los electores premien o castiguen con su voto a los partidos y, finalmente, salvaguardar la gobernabilidad. Sin embargo, cabe la pregunta: ¿Qué pasaría si se afecta o distorsiona este mecanismo regulatorio? Pues, eso depende (aquí uso el clásico cliché que usamos los biólogos para escaparnos de las preguntas difíciles de responder). Pero, fuera de bromas, el mecanismo regulatorio es, en sí, parte de un juego de peso y contra pesos manteniendo en equilibrio el sistema. Al ser desbalanceado el sistema puede afectar a su vez otros mecanismos regulatorios, pudiendo resultar en la descomposición del sistema. Tal como pasó cuando el gobierno de Vizcarra disolvió el Congreso y convocó elecciones pero al no tener partido los ciudadanos no tuvieron claro a decidir a quién premiar y a quién castigar. Dando como resultado un Congreso similar (o peor) que el anterior. Siguiendo con el desbalance del sistema, este arrastra a quien esté de por medio, moviéndose hacia la menor resistencia, como el río en su camino hacia el mar. Era casi inevitable la consecuente caída del gobierno. Y esta a su vez agudiza la crisis política de años anteriores. Creando una bola de nieve que crece al caer por la pendiente del nevado. Entonces, ¿Cuál fue la salida planteada para salir de este entrampamiento? Según la Constitución y clamor de los ciudadanos: las elecciones generales próximas. No obstante, tras el colapso del sistema solo una fuerza igual de grande lo puede volver a poner en funcionamiento. Las elecciones iban a marcar el fin de la crisis. Pero la realidad fue otra. ¿Por qué? El agotamiento de la población, muy golpeada por la pandemia y crisis económica, así como no hubo una renovación de los cuadros políticos; el efecto restaurativo de las elecciones no fue lo suficiente para volver a ponerlo en marcha el sistema a su cauce regular. Cual castillo de cartas se desploma. Prolongandose, propagándose y profundizando la crisis a niveles cada vez mayores. Haciendo posible un escenario en escalada de violencia. ¿Cómo podemos evitarlo? Partamos respetando las reglas de juego: respetar los mecanismos de regulación. Quien salga electo de las pasadas elecciones debe asumir la responsabilidad de iniciar un proceso de reconciliación de las fuerzas políticas, institucionales y de la sociedad. Así como el vencido debe apoyar en este proceso. Caso contrario, el sistema se moverá a un atractor (un camino) de enfrentamiento que agudice la crisis. Por el bien del país, y de asegurar la continuidad del proceso de vacunación, espero que ocurra lo primero. Fuente de la foto: BBC News Mundo

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