Lc 11, 17
- Nicolás Delgado Pease
- Aug 30, 2021
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El trabajo de la oposición con respecto a un gobierno es, en principio, sencillo, o al menos más sencillo que el del oficialismo. Criticar y exponer falencias requiere menos trabajo que proponer. Con un enemigo tan evidente y tan diametralmente opuesto a distintas tribus políticas y partidos, el trabajo debería ser más sencillo aún. Debería.
Desde el día uno, la oposición se ha opuesto—antes que nada—a sí misma. Como si presentar dos listas de oposición no fuera suficiente, la lista oficialista colapsó de manera tal que la única contienda real fue entre esas dos listas de oposición, aunque una estaba claramente destinada al fracaso. Luego vino la fragmentación interna de RP, quien prometía traer nuevos bríos a la derecha conservadora, lejos del espectro de Alberto Fujimori. Claro, todos salvo Héctor Valer permanecieron en la oposición firme de AvP, pero de todas maneras merma la confianza en el mesianismo castrense de Montoya y Cueto. Una vez transferidas las curules, uno esperaría menos teatro, pero no: a la hora de votar por la cuestión de confianza, AP, PP y APP se abrieron para votar a favor—ni siquiera se abstuvieron. Cuando hasta el PM vota en contra, no hay muchos peros que valgan. Entiendo la diferencia en métodos: dos personas con absoluta convicción antiperulibrista pueden diferir respecto a si otorgar o denegar la confianza los acerca más a su objetivo (idealmente la vacancia). No obstante, esa discusión estratégica debe darse tras bambalinas, lejos de los indecisos para que no vean validada su propia indecisión en el mismísimo Parlamento.
Sea como fuese, la confianza se otorgó y tanto Béjar como Maraví han presentado su renuncia, lo que promete ser antesala para mayores cambios en el gabinete. La presión ejercida por la oposición parece surtir efecto, o al menos incomoda al gobierno lo suficiente como para que adopte maniobras evasivas y corte lastres. La pregunta es, como escribe Óscar Sumar, radica en qué hacer, porque el tiempo se acaba. El fortalecimiento de sus bases regionales, el copamiento de altos mandos en las FF.AA. y la PNP, la expansión de su red de corrupción, todo cuaja para prescindir de las «pelotudeces democráticas». Las bancadas de oposición seria (no cuento desde luego a SP-PM) deben tomar su rol a pecho. Votos unánimes, coherencia retórica, cero transfuguismo, eso es lo que hace falta, aunque cueste a orgullos personales. El Evangelio de Lucas bien lo prevé: «Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae».




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