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La voz de John Lennon


John Lennon fue el vocalista de The Beatles, fue esposo de Yoko Ono, fue papá de Julián y Sean Lennon, pero más allá de eso, fue un híbrido entre lo complejo y lo simple porque a pesar de llevar una vida caótica, era el estilo tranquilo y pausado de sus canciones lo que más le gustaba.


Fue un poco egoísta incluso en su vida adulta, un rasgo que lo acompañó desde la infancia ya que siempre se había preguntado por qué nadie notaba que él era especial y que por eso debía ser escuchado, aceptaba que era su egoísmo lo que lo privaba de desarrollar más su empatía, en especial con su familia.


A John le enorgullecía hacer rock and roll, le gustaba plasmar un poco de él, le gustaba hacer viajes largos de introspección, le gustaba volar y estar con los Rolling Stone, sin embargo, también le gustaba complicarse un poco la vida, no con la fama, sino con dudas que han logrado trascender la historia de la humanidad.


Para John, fue interesante darle un significado a la vida, a la libertad, que según contó, para él fue disipar aquella falsa postura y conducta de chico malo con las chaquetas de cuero, el pecho inflado y la mirada seria que acostumbraba adquirir, a pesar de que con los años se daría cuenta que estaba totalmente aterrorizado y era en los momentos de fragilidad en los que más resaltaba este rasgo. El poder analizar las cosas y actos que tuvo, le pasaron factura con las arrugas y noches en vela, sin embargo, no tuvo tiempo para analizar su comportamiento con su primer hijo Julian.




Foto: Entrelineas.


John no fue el mejor padre o el mejor esposo, incontables veces fue acusado de infiel y con el tiempo, su propio hijo admitió que él no era su figura paterna. Sin embargo, en lo que sí destacó fue en la música en la que incursionó con su banda The Quarrymen.


Con el tiempo, tuvo nuevos integrantes con los que formaría un lazo especial de fraternidad y con los que dio inicio a una de los más grandes mitos musicales; The Beatles. Ese sería su boleto en primera clase al mundo de la fama y si bien no le atraía lo suficiente, John sabía que era algo importante porque al final serviría como un medio para conseguir lo que sus jóvenes neuronas querían; ser escuchado. Durante ese periodo aprendió mucho sobre sí mismo, aprendió también a pulirse como persona y descubrió la incertidumbre de la amistad.


Pronto, expresarse en sus canciones pasó a segundo plano y si bien los discos siguieron saliendo, su voz se perdió entre tantas disqueras y realidades alternas que ya no compartía, buscaba o anhelaba. Más el carácter temperamental y los cambios de mando tras la muerte de su manager, John mostró cierto recelo por los malos tratos de la banda a Yoko Ono. Además, en sus últimos años estuvo envuelto entre tantas contradicciones que al final fue más un acto de valentía y amor, según contó, lo que lo impulsó a dejar la banda de rock.


Lennon, al igual que todo artista y ser promedio, fue una persona que sufrió, sonrió, lloró, se emborrachó, tuvo pleitos con sus amigos y familia, hizo el amor, tuvo pasiones y anécdotas deslumbrantes como días aburridos, pensamientos que ensordecían hasta a la mente más calmada, y claro que se enamoró. Entre sus ideas más fuertes estaba la del amor, hechizado en cuerpo y alma, no quiso pasar ni un solo momento más sin Yoko, dejando finalmente a los Beatles para tener una vida tranquila al lado de la mujer que amaba, con su clásico cigarrillo en una mano, el periódico en la otra, leyendo reseñas y escuchando sus discos favoritos, componiendo a la par nuevos hits que solo permanecieron en su cabeza. Disfrutaba de ir al cine y de viajar sin la presión mediática. Disfrutaba de ser una persona normal al lado de una mujer que le enseñó distintas formas de vivir una sola vida.



Foto: Internet.


Lennon, a pesar de su egoísmo y mal carácter, adoraba alzar la voz por medio del rock and roll, no importa si era acerca de temas pacíficos, si era una canción dedicada a sus hijos o a su esposa o si era simplemente una canción para el mundo. Él sabía que la gente lo seguiría no importa si formaba parte de The Beatles o con Yoko Ono, él sabía que siempre habría un espectador esperando por él, aunque a la vez, una de las cosas que más le irritaba era la expectativa de una leyenda, de un mito que para John ya había dejado de existir cuando decidió ir a los cines y cambiar pañales en vez de compartir bebidas y cigarrillos con los Rolling Stone.



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