La verdad de las mentiras
- Sol Pozzi-Escot Noriega
- Sep 5, 2021
- 3 min read

“El periodismo es libre o es una farsa”, frase del periodista argentino Rodolfo Walsh, posee un valor que escapa al espacio y al tiempo. El día de hoy, tiempos en que, sabemos, abunda la información y los métodos de acceso a esta, el sueño del periodismo libre parece, desgraciadamente, más lejano que nunca. La incalculable multiplicidad de voces, fuentes y corrientes que se expresan a través de los nuevos mecanismos que la tecnología aporta, es decir las redes sociales y medios digitales, nublan la vista, paradójicamente, de aquel que busca la verdad.
Las fake news podrían ser, en ese sentido, el nuevo opio del pueblo. Funcionan, y son masivamente difundidas, ya que le ofrecen al usuario una distorsionada pintura del mundo en el que ellos desean vivir. Las fake news afirman, de esa manera, ideas preconcebidas, y falsas, de personas a las que, admitámoslo, les cuesta aceptar la realidad. En efecto, los tiempos actuales, marcados por la pandemia, la crisis económica y los terremotos políticos y sociales a nivel mundial, podrían haber potenciado este fenómeno. Así como el cine escapista hollywoodense logró su auge después de la Gran Depresión, las fake news se instalan en los cerebros de todos durante la pandemia del COVID-19.
Pero no podemos, evidentemente, culpar a las fake news de todo. Pues para eso, pensarán algunos, existen los fact checkers, sobre los cuales nos detendremos por un momento. El fact-checking, es decir la verificación de datos, permite, es cierto, ofrecer al público en general un primer alcance rápido y comprensible respecto a la veracidad de las afirmaciones emitidas sobre todo por políticos. Sin embargo, no siempre son confiables. Podemos decir, en ese sentido, que una verificación de datos es tan confiable como el medio que la publica, y tan sesgada como este. ¿Se puede sesgar la verdad? Creemos que sí: si el resultado del fact-checking en un medio arroja “afirmación imprecisa” respecto al dicho de algún personaje, un lector puede interpretar esto como “afirmación que no nos conviene”. Algo es verdadero o falso, no puede haber áreas grises.
¿Vivimos entonces en la era del relativismo? En cierta medida sí. Basta referirnos a los profundísimos debates que leemos todos los días en Twitter. ¿Se discute y se argumenta para llegar a la verdad? No: se discute y se argumenta para crear una verdad. Y eso lo hacen periodistas, opinólogos, políticos, y todo aquel que haya dado con la sorprendente verdad de que en la actualidad, oh sorpresa, no existe la verdad. Son palabras, piruetas mentales, elucubraciones casi-psicóticas alrededor de “la cosa en sí”. “La cosa en sí”, a estas alturas, podría ser cualquier cosa.
Entonces, ¿qué le queda al periodismo en este contexto? ¿Cómo se puede hablar del periodismo libre en una coyuntura donde ningún medio escapa a una línea editorial, a auspiciadores o subvenciones? Mientras estos tres elementos centrales existan, el carácter libre de un medio se podría medir en función al profesionalismo con el que respeten sus principios y posturas, sin usarlas como armas de manipulación de masas. ¿Dónde radica, entonces, la absoluta libertad?
El lector es el verdadero periodista libre. Ser lector de medios tradicionales, o usuario de medios tradicionales, es una de las tareas más difíciles del ciudadano actual. Sabiendo el nivel de sesgo que pueden alcanzar muchos medios, es una casi obligación del lector saber que más allá de las fronteras de su reino, existen cientos de reinos más, cada uno con sus particulares visiones y, eventualmente, interpretaciones de la realidad. Consultar diversas fuentes, por más que muchas de estas no sean de nuestro agrado, nos permitirán, justamente, alcanzar un análisis contrastado del hecho que nos interesa comprender. Mientras uno prosiga en su camino de absorción de la información, el sentido común, fortalecido, permitirá discriminar los aspectos verídicos de los aspectos sesgados de una pieza publicada en algún medio. Mientras tengamos lectores obsesivos y periodistas que trabajen con arduo profesionalismo, el sueño de la verdad podrá aún ser preservado.
*Originalmente publicado en ContraPoder, suplemento del Diario Expreso - n. 24 (05/09/2021)




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