La solución es la educación: La comunidad LGBTIQ+ en el Perú a una semana del Pride
- Antonio Otoya Nieto
- Jul 6, 2021
- 3 min read
Estando a días de una proclamación oficial del Jurado Nacional de Elecciones, a semanas del bicentenario y a meses de terminar el segundo año de la pandemia; existe aún un tema que parece estar a años luz de la política peruana: los derechos de la comunidad LGBTIQ+.
Y es que vivimos en un país donde las luchas sociales parecen dilatarse cada vez más por nuestros gobernantes, quienes por un tema de evadir controversias, perder electorado, o simplemente oponerse, evitan rotundamente el debatirlas de manera formal u oficial.
Estamos a una semana de terminar el Mes del Orgullo 2021. Y, aunque esta vez sí se volvió a salir a las calles (en 2020 la pandemia lo impidió), parece ser que el sentimiento de odio y discriminación dirigidos hacia la comunidad han incrementado. Esto podría entenderse como una consecuencia de la poca atención que se le dio a este tema en los debates presidenciales de los últimos meses, o en cómo se atacó a los candidatos que los defendían, e incluso en cómo muchos de los otros postulantes a la presidencia y Congreso consideraban correcto validar la violencia y el odio a través de sus diversos discursos; Renovación Popular podría ser un claro ejemplo de esto.

Fuente: Distintas Latitudes
Sin embargo, volviendo un poco al punto inicial de este texto, pareciera ser que se evita tocar estos temas en el Congreso, e inclusive se podría decir que hasta el Ejecutivo lo agarra con pinzas cada vez que debe mencionarlo. ¿Por qué pasa esto? Me atrevería a decir que es consecuencia directa de un sesgo cultural que aún mantienen los peruanos, donde las raíces de la religión y el conservadurismo se mantienen tan compenetradas con la realidad nacional que a los propios ciudadanos les es difícil diferenciar un discurso de odio de una opinión.
¿La solución? La educación. No hay otra respuesta. Los próximos 5 años serán claves para el país y avances en este frente, claramente, no espero. No obstante, creo que si alguna revolución cultural pudiéramos vaticinar de este Gobierno entrante, sería una educativa.
Crucemos los dedos, ¿no?
Quiero aclarar que cuando hablo de revolución, no me refiero a que la educación de pronto se volverá inclusiva y súper equitativa, sino más bien a que podríamos ver incrementado el presupuesto y atención que se le presta al tan precario sistema educativo del país. Generando así un empuje para tanto alumnos como docentes, que los invite a indagar, prepararse e informarse más. Al fin y al cabo, el conocimiento es el mejor alimento del cerebro humano y, mientras más de este obtengamos, más posibilidades tenemos de voluntariamente querer prestarle atención a temas sociales que antes no habríamos considerado nada más que una “aberración” o “pecado”.
Avances hemos tenido, y aunque parezcan pequeños, cada paso nos acerca más a la meta: la equidad de derechos. Sin embargo, es cierto que un seguro potestativo (que no te reconoce como pareja pero es lo más cercano que tenemos) o distintas políticas empresariales progresistas no son más que eso: políticas internas. Políticas de DEI (Diversidad, Equidad e Inclusión) que son muy necesitadas en el país pero que, lamentablemente, cuentan con un alcance limitado a la organización en cuestión y no son generalizadas.
El Diario Gestión reveló en 2020 que, en el Perú, el 37% de personas no contrataría a una persona trans si tuviera una empresa y el 30% no contrataría a una persona homosexual. Citando al portal web Mas Igualdad Perú, “después de 200 años de República, el Estado peruano continúa en deuda con las personas LGTBIQ+, quienes muchas veces por prejuicios y discriminación no pueden acceder a oportunidades laborales en condiciones dignas.”
Empezar a conversar estos temas en las aulas, educar a nuestros jóvenes y brindarles la oportunidad de crecer en una cultura de diversidad y aceptación, no solo volvería a las nuevas generaciones más abiertas de mente, colaboraría al desarrollo del juicio crítico e incrementaría la estabilidad de la comunidad LGBTIQ+ en el Perú, donde 8% de la población nacional nos identificamos como parte de ella, sino que aceleraría la innecesaria burocracia existente que impide se puedan llevar a debate temas ahora tabú, como el matrimonio civil igualitario, el reconocimiento de derechos civiles o la adopción homoparental.
El sueño sería evitar que un matrimonio en el extranjero se vuelva a demorar 10 años en ser atendido para al final no ser reconocido por el Tribunal Constitucional; o que a una pareja ya no se le violente en la calle solo por querer demostrarse afecto de manera perfectamente normal.
¿Utópico pensarlo? Con el Perú de ahora… Sí, quizás un poco. Pero la esperanza es lo último que se pierde y, tomando en cuenta que esto parece ser lo único que nos queda por los próximos 5 años; no perdemos nada en intentarlo.




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