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La salud mental y el miedo a estar sanos



El día de ayer, domingo 10 de octubre, se celebró el Día Mundial de la Salud Mental, una conmemoración anual que busca recalcar la importancia de cuidar todos los aspectos de nuestra salud, haciendo énfasis en la mental, para asegurar nuestro desarrollo pleno como individuos con vidas felices y trascendentes.

Sin embargo, un aire de vergüenza orientado hacia el buscar ayuda psicoemocional siempre ha rondado a la mayoría de los ciudadanos, tanto del Perú como del mundo, generando un rechazo infundado al buscar tratamiento cuando nuestra salud se ve en riesgo. A regional, incluso, el Perú y Argentina han sido categorizados como los peores países en materia de salud mental como consecuencia del impacto de la pandemia.

Según el Minsa, la coyuntura pandémica también fomento una crisis de salud mental en paralelo consecuencia del fallecimiento de familiares, es aislamiento prolongado, el estrés, la sobrecarga emocional y laboral, entre otros. Esto ha afectado a todos y todas aquellos que tuvieron o no la enfermedad, mientras que los más afligidos por temas relacionados a una mal mantenida estabilidad psicoemocional son precisamente los que tenían estilos de vida más activos antes de la pandemia: jóvenes y jóvenes adultos, de entre 19 y 44 años, además de nuestros niños y niñas.

Pero, ¿por qué no hablamos al respecto? ¿Qué es “eso” que nos da tanto miedo y vergüenza?

Pues, el estigma que existe relacionado al buscar ayuda profesional en temas de salud mental, usualmente se manifiesta cuando alguien te ve de manera negativa hacerlo, ha perdurado en el tiempo, y ha servido como generador de discriminación hacia aquellos que deciden cuidar su salud mental, al tratarlos como una suerte de “otros” por no “poder” hacerlo sin tener que recurrir a terceros. Sin embargo, esta idea empieza a cambiar. Es importante entender que no somos super humanos, que está bien estar mal y que no todos tenemos la capacidad de lidiar con todos nuestros problemas y cargas al mismo tiempo. Hablar al respecto nos empodera y ayuda a sanar, además de que normaliza la búsqueda de ayuda psicológica y permite que quienes están a nuestro alrededor se sientan cómodos con ello también.

Son cada vez más lo que deciden hablar sobre sus diagnósticos mentales, además de lo que los hace pasarla mal y de la terapia que reciben para ello. Entonces, ¿cómo podemos también unirnos a este movimiento y romper el estigma cultural de vergüenza que se nos ha impuesto?

Iniciando por lo más básico: tomar consciencia del problema que tenemos y pedir ayuda. Este es el primer paso para afrontar un problema de salud mental. Dejar de pensar que arreglará solo si simplemente lo ignoramos porque al hacer esto se puede agudizar aún más.

Una vez que podamos aceptar para nosotros mismos que no estamos bien, y que el no estarlo también está bien, ahí podremos hablarlo con valentía frente a los demás y enfrentar a la vida de una manera más empoderada y libre. Dejemos de prestarle atención a voces externas y rompamos el estigma.


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