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La instrumentalización de la violencia de género



En la presente semana, la congresista Patricia Chirinos dio a conocer un agravio frente a su persona de parte del Presidente del Consejo de Ministros, Guido Bellido. Tal como relató Chirinos en RPP, Bellido le habría dicho «solo falta que te violen», en relación a su vida privada. Esta declaración causó revuelo entre los partidos y figuras sociopolíticas del país, quienes demandaban investigaciones y sanciones al premier por su comentario machista.


Por un lado, la Presidente del Congreso, María del Carmen Alva, expresó su malestar frente a la agresión verbal y señaló que los actos de violencia de género eran inaceptables. Del mismo modo, otras congresistas de distintas bancadas también emitieron un comunicado en el cual pedían a la Comisión de Ética actuar ante situaciones de agresión a la mujer. Esta disconformidad por lo ocurrido tuvo mayor notoriedad en el pleno del Congreso cuando la bancada de Fuerza Popular colocó carteles con frases como “No al acoso político” o “Ni una menos”.

Si bien estas acciones pueden reforzar la lucha contra la violencia de género como un tema importante en la agenda pública, también es preciso observar cómo es que esta se puede utilizar para fines esencialmente políticos. Resulta poco creíble un compromiso real de Fuerza Popular con relación al respeto de los derechos de las mujeres que se viene exigiendo por parte de la sociedad. En este sentido, cabe recordar la reciente campaña presidencial, en la cual Keiko Fujimori minimizó el juicio, actualmente en proceso, acerca de los casos de esterilizaciones forzadas durante el gobierno de su padre.

Pasando también al otro lado del espectro político, hubo descontentos frente a las figuras conocidas de la izquierda progresista debido a su silencio durante las primeras horas de haberse revelado la denuncia de Patricia Chirinos. Eventualmente, personajes como Verónika Mendoza, Indira Huilca y la ministra de la mujer, Anahí Durand, se pronunciaron exigiendo una investigación rápida a las autoridades pertinentes. Aún así, la tardía respuesta dio pase a diversas críticas debido a que cada una de ellas representa en sí figuras del feminismo peruano contemporáneo.

Es en situaciones como esta cuando se observa nuevas facetas de políticos conservadores y también actitudes moderadas de aquellos quienes con anterioridad no tardaban en alzar la voz de protesta. Sin embargo, la lucha contra la violencia de género es un asunto de interés público que no puede ser delimitado ni asociado a sólo un lado de la política. Asimismo, tampoco debería ser utilizado como estrategia política con el único fin de deslegitimar un gobierno, mientras que se les da la espalda a otros casos de abusos presentes en nuestro día a día. Para este tema tan importante en nuestra sociedad no bastan críticas e investigaciones a un solo individuo; requerimos políticas efectivas que resuelvan el problema.

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