La humalización de Castillo: ¿Una exigencia de las clases medias?
- llari Tupayachi
- May 20, 2021
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Cuando el 11 de Abril, después de elecciones, el candidato presidencial Pedro Castillo fue el que obtuvo mayor ventaja respecto a sus contrincantes, un sector mayoritario de limeños pegó el grito en cielo. No pasaron minutos y los medios de comunicación, redes sociales y demás; se llenaron de análisis y discusiones exhaustivas sobre el motivo de su remontada. ¿Cómo era posible - se preguntaban - que un candidato que ninguna encuesta mostró significativamente, salga con la mayoría de votos? Las respuestas no se hicieron esperar y por días tuvimos una serie de justificaciones y explicaciones sobre su ascenso.
Así, desde los titulares del status quo sobre “el Perú profundo”, los cuales vaciaban de contenido la propuesta de Jorge Basadre, hasta quienes argumentaban frívolamente que el éxito de su campaña se debía a la ignorancia, al resentimiento de esos “cholos” del sur que no son capaces de comprender el riesgo que una propuesta radical presentaría para la economía el Perú; evidenciaron el miedo de una clase que posiblemente no sentía que 8 semanas fuesen una eternidad desde el 2006, año en que un Ollanta Humala que aún no se arrodillaba ante la CONFIEP, se disputaba la segunda vuelta presidencial con Alan García.
En consecuencia, estas últimas cuatro semanas han sido un obsceno espectáculo que nos ha mostrado que los medios de comunicación, esa “prensa mermelera” de la que nos hablaba López Aliaga, efectivamente existe; y está coludida no en favor de los temidos “caviares” ni de “los lagartos vizcarristas” que los conspiranoicos de derecha vociferan, sino del continuismo económico, de ese “modelo” del que todos hablan pero nadie quiere nombrar con apellido. Así, la mayoría de canales oficialistas y periódicos -con ciertas excepciones de La República- se han mostrado abiertamente en defensa de la candidatura de Keiko Fujimori, usando una retórica sentimentalista, apelando a la democracia, la libertad y la familia.
No sorprende, pues, que la mayoría de grupos de poder coludan en defensa del neoliberalismo, modelo de gestión política/económica que, si bien tiene sus antecedentes con Pedro Beltrán durante el gobierno de Prado, después de intentos fallidos se consolida en el gobierno de Alberto Fujimori; y, que desde ese entonces, ha absorbido ideológicamente y despolitizado a las grandes mayorías. Si bien diversos académicos y medios extranjeros han mostrado que este modelo resulta insuficiente en el contexto de pandemia, la cual no ha hecho sino agudizar las contradicciones y desigualdades en los diferentes países; en el Perú parece haber un miedo casi ontológico a una transformación significativa, ya sea que este sea un temor con respecto a los sectores más progresistas, o hacia quienes representan el hartazgo estructural.
Como consecuencia, la población entera se verá obligada a votar, como siempre, por el “mal menor”. Es innegable que, tanto Keiko -quien tiene bases fujimoristas a lo largo de todo el Perú- como Pedro Castillo, tienen un voto fijo que no cambiará sin importar lo que digan. Sin embargo, este no representa el grueso de la población peruana, y un sector mayoritario se ha visto en la encrucijada de tomar una postura independientemente de su preferencia en la primera vuelta electoral. Así, diversos grupos de la clase media que conforman parte del antivoto de Keiko, indecisos respecto al escenario que implica esta segunda vuelta, parecen inclinarse por la opción de Castillo siempre y cuando este modere sus posturas radicales y de concesiones a la asustadiza izquierda progresista y demócratas capitalinos. De esta manera, hemos podido leer en redes cómo la gente exigía la consolidación de un equipo técnico “moderado”, un equipo que tuviera en sus filas a gente del Partido Morado o Juntos por el Perú, representantes del progresismo; así como que Castillo deslinde de quienes se consideran un peligro para la paupérrima democracia nacional. En otras palabras, garantes de que “no acabaremos como Venezuela” o que no volveremos al terror que implicaron los años 80’s; y que, de haber reformas en el modelo económico, estas serían progresivas y no afectarían sustancialmente los extraordinarios avances que hemos obtenido durante las últimas dos décadas.
Resulta sorprendente, sin embargo, cómo estas exigencias parecen hacerse sólamente a Castillo. Frente al miedo al comunismo, a Venezuela, a la pérdida de la supuestamente democratizada libertad; un sector amplio del país, sin pensarlo dos veces, se sumó a los votantes de Keiko Fujimori, pese a las pruebas fehacientes de atropello a las instituciones democráticas, corrupción del partido, obstrucción de la justicia, etc. Mientras tanto, la gente indecisa respecto a Castillo, la duda más de 2 veces, esperando concesiones de su parte para apoyar su candidatura. En otras palabras, estamos frente a una posible “Humalización” de Castillo, proceso que un sector moderado exige para votar por él. No olvidemos, pues, que en 2011, después de postular con un discurso “radical”, Ollanta Humala le dio la espalda a sus votantes suscribiendo al status quo, pese a que durante su candidatura se voceó como un candidato reformista. Así, si bien parece saludable que Castillo se reconcilie con los sectores de izquierda que su partido en algún momento juró despreciar, también parece ser que, por sumar votos, podría incluir en su equipo a gente del establishment, gente que servirían de garantes de tibieza y moderación.
Sin embargo, ya sabemos cómo acabó esa historia en el 2011; y es que, de efectivamente moderarse hasta convertirse en una suerte de JPP, Castillo estaría dándole la espalda al grueso de sus votantes, a aquellos que creyeron en su proyecto y esperan desesperadamente las transformaciones que este país necesita. Quedan aún casi tres semanas para la segunda vuelta y, con la salida de Kurt Burneo del equipo, la decepción parece haberse asentado sobre el sector moderado. Sin embargo, a juzgar por lo impredecible del accionar de Perú Libre, nada está dicho y solo queda esperar a ver si, efectivamente, Pedro Castillo será absorbido por el establishment político como lo fueron Toledo y Humala, o seguirá firme en su discurso enérgicamente transformador.




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