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La herida no sana



Y es un hecho. Tras la muerte del mayor genocida en la historia del Perú, Abimael Guzmán Reinoso, muchas familias que perdieron a familiares policías, comuneros, civiles, entre otros, han vuelto a recordar los imperdonables momentos que sopesaron por la época del terrorismo en los años 90. Sin ánimos de imponer alguna posición religiosa y tampoco menospreciar alguna porque, son respetables, pero, el “Cachetón” como lo hacían llamar el Grupo Especial de Inteligencia (Gein), en el paraíso difícilmente se encuentre en estos momentos. Y es que, la herida no sana. No hay cadena perpetua, mensajes en las redes sociales, conmemoraciones con bombos y platillos ni indemnizaciones que pueda cerrar un ciclo tan nefasto que les toco vivir a muchos peruanos. Quizás, lo mejor que podemos hacer como sociedad es unificar más nuestros principios como ciudadanos y personas, que apuesten por vivir en una sociedad más justa, más segura, más democrática y, principalmente, con menos odio. Con menos desprecio entre peruanos, con menos racismo, una civilización que busque alcanzar el éxito a través de los libros, en las aulas de clases, escuchando e investigando cuáles son los propósitos en la vida que toda persona debería apostar si quiere una mejor nación. Una nación con mejores gobernantes, sin investigaciones ni cuestionamientos comprometedores, que representen el sentir popular de los menos escuchados y beneficiados. Asimismo, entender que, no existe justificación alguna para cambiar los libros por las armas. No habrá argumentos lógicos para priorizar inviables ideologías políticas que, al final, llevaron al fallecimiento de más de 69 mil inocentes. Esto y mucho más, causó Abimael Guzmán y su agrupación terrorista Sendero Luminoso, quienes incluso, no solo perpetraron contra viviendas, edificios, instituciones públicas, pueblos andinos, sino también contra medios de comunicación conocidos. En consecuencia, el odio no puede volver a reinar en este nuevo siglo. Los enfrentamientos con coche bombas y dinamitas deben borrase del pensamiento de las personas que piensan que es un camino para las protestas políticas. Prioricemos los argumentos y propuestas en buena pro para el país, en lugar del miedo, la violencia y, el adoctrinamiento nefasto a los más vulnerables. Porque esta historia, no se debe repetir, sino más bien, reflexionar y reconstruir lo que derribaron hace un par de décadas atrás. Esto, mínimamente, nos toca aplicar como peruanos. Empecemos desde hoy 12 de septiembre, por los 29 años de la captura de Abimael Guzmán. Y, para finalizar, los respetos y las gracias por siempre para esa generación de policías valerosos y honorables que devolvieron la paz y tranquilidad que nos arrebataron.

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