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La Felicidad de Varda

A lo largo de su trayectoria como directora, Agnès Varda llevó a la pantalla grande más de 20 películas. Entre ellas, existen grandes joyas del cine como Cléo de 5 à 7, Los espigadores y la espigadora, y La Felicidad. Esta última, estrenada en 1965, nos presenta la historia de una familia nuclear y la perspectiva de la alegría a partir de François, el esposo y padre de familia.

Desde el primer momento, nos encontramos como espectadores frente a colores cálidos por la presencia de girasoles, y un campo por el cual está paseando la familia. Pero Varda transforma la escena en una situación audiovisual incómoda a través de cortes bruscos e intercalados y el fondo musical del Adagio y Fuga en C menor de Mozart, los cuales cambian el contexto del paseo por el campo.


A pesar de observar las eventuales sonrisas de los personajes y un aparente estado de felicidad plena, la primera escena ha permitido que nos adentremos en la verdadera historia de la película, que va entre un ambiente alegre y razones incómodas. Y es que, para el personaje principal, François, la felicidad se traduce en un deseo de satisfacción constante. Ello lo motiva a cometer un acto de infidelidad, del cual, como se observa en la película, no está arrepentido. Esto, sin embargo, también es contrapuesto con grandes afectos por su esposa y sus hijos. Tal secuencia entre momentos familiares y el nuevo interés romántico genera la misma sensación de incomodidad que mostraban los planos de la primera escena.



De este modo, Varda expone la hipocresía y las ideas románticas de las parejas casadas, de una forma irónica a través de paletas de colores impresionistas y ambientes agradables. No obstante, estamos frente a una situación en que la mujer termina siendo un objeto de satisfacción personal para el hombre. Aún en consideraciones más profundas sobre la organización social, Varda también declaró en una entrevista que cada ser humano es único y a la vez reemplazable. Somos únicos, como personas, y reemplazables en la sociedad, como actores sociales. En este sentido, el reemplazo de una mujer por otra en la película, puede extrapolarse a las relaciones de amistad, trabajo, entre otras.


Por otro lado, volviendo al tema de la infidelidad, la película se mueve de forma inteligente, ya que evita un juzgamiento a las acciones de François y su búsqueda de “más felicidad”, lo cual permite una mayor crítica por parte del espectador1. En este sentido, nos vemos involucrados y encontramos el mensaje que la directora nos quiere dar. Que, en la felicidad concebida dentro de las relaciones sociales tradicionales, existe un sabor amargo, una inquietud constante.

Finalmente, la película en sí nos deja frente a un panorama que puede enmarcarse como feliz y al mismo tiempo como trágico, siendo el segundo el más aceptado por los espectadores. En este sentido, La Felicidad, llena de colores y vivacidad de inicio a fin, termina siendo una aparente fruta perfecta, pero que contiene un gusano adentro (en palabras de la autora).


Referencias:

Hottell, R. (1999). Including Ourselves: The Role of Female Spectators in Agnès Varda's" Le Bonheur" and" L'Une chante, l'autre pas". Cinema Journal, 52-71.


 
 
 

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