La expresión patológica en el arte
- Adriana Mendoza H.
- Jun 17, 2021
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Lo interesante del contexto en el cual se produce la creatividad es un factor esencial para su propio desarrollo y se relaciona con el ámbito cultural, personal, familiar y social. El artista utiliza caracteres muy propios, como la experiencia y el potencial cognitivo, que como se sabe, estas no son las mismas para todos los seres humanos.
Bajo esa razón, se analiza el proceso artístico a través de la globalidad que lo caracteriza como un proceso comunicacional, y, por ende, el arte no culmina con la creación artística. Además, no solo existe un emisor sino también un mensaje, un código, un canal y un receptor activo, como menciona García Canclini (1977). Asimismo, se resalta la concepción histórica de “receptor pasivo”, quien contempla la creación artística.
El mensaje artístico se convierte en un lenguaje que sobrevive aún sin su creador, ya que sintetiza su sentido inicial y lo transmite a quien recibe la obra en sí.
Detalles importantes como la expresión, el simbolismo, el juego, la ornamentación compulsiva, el orden pautado y la copia obsesiva se ven plasmados en las producciones artísticas de pacientes. El psiquiatra suizo Carl Jung establecía la corriente artística dentro de una esfera psicológica. Asimismo, Lombroso (2008) analiza las obras como medio de expresión usado para comunicar al mundo lo que piensa. Este autor plantea incluso el arte como una patología, por los elementos exagerados de un determinado color, la indecencia lasciva y el propio exceso de originalidad estrambótico.
Como ejemplo de patologías artísticas se incluye en la música, el caso de Donizetti para ejemplificar cómo sus sinfonías coincidían con sus accesos maníacos. Lamentablemente, cayó en una demencia terminal y no lograba percibir sus melodías predilectas. En sus últimas óperas, se desprenden su pesar mental, que los críticos han señalado también en la sinfonía de La novia de Messina de Schumann, compuesta durante sus accesos maníacos (Lombroso, 2008, p.83).
En el siglo XX se generó una mayor documentación por el avance científico y tecnológico, impactando también en las obras de arte como la misma vida personal de los artistas. Lo que generó un sentido de incomprensión hacia las obras plasmadas, debido a que se apreció una doble visión de carácter platónico al hablar de dos términos: la locura clínica y locura creativa.
Cabe mencionar algunos genios creadores que han pasado a la eternidad histórica artística, a pesar de una “anormalidad” conductual, psicológica, afectiva y expresiva, siguiendo un patrón de “locura” dentro del arte como manifestación sociocultural.
Vincent Van Gogh (1853-1890) fue un pintor postimpresionista neerlandés, cuya vida turbulenta y solitaria, fue expresada en sus cuadros y su particular perspectiva del mundo. Exactamente no se sabe qué es lo que padeció, pero lo que se ha llegado a aproximar fueron las frecuentes alucinaciones y delirios correspondientes a la psicosis. Su personalidad y carácter intratable hicieron de él un hombre ensimismado en sus obras y preferir la soledad que la compañía. El 23 de diciembre de 1888, Van Gogh se corta una de sus orejas y la lleva a una prostituta, ese mismo día es internado al hospital de Arles para iniciar una serie de visitas continuas a instituciones de este orden siendo la más considerable en Saint Remy, un hospicio para enfermos mentales que prefirió al servicio militar. Su vida termina en un suicidio mediante un disparo el 27 de julio de 1890, en presencia de su hermano y confidente Theo. El artista consideraba al arte como la transmisión de sus sentimientos en el lienzo, buscando conmover a los espectadores.
Francisco de Goya (1746-1828) pintor y grabador español, vivió con el trastorno de bipolaridad cíclica; creó las Pinturas Negras en una etapa en la cual la patología se volvió muy grave mencionando que fue una fuente de desfogue, ya que, en las fases depresivas más notables, expresó todas las emocionales tan profundas que sentía en sus pinturas. Fue durante el periodo de 1819 a 1923 un estado depresivo que lo hace incluso retirarse del mundo social y concentrarse más en su trabajo. Esta frase recopilada del mismo pintor atribuye el sentir de sus sobras: “desde hace dos décadas, he padecido frecuentes dolores cerebrales y lo reflejo en estas pinturas...” (Martín, s.f., p. 3).
En el ámbito musical, Ludwig Van Beethoven (1770-1827) sufrió una serie de pesares que alteraron su vida emocional y psicológica como el alcoholismo de su padre, la muerte de su madre, y su frustrante sordera progresiva. En 1817, esta incapacidad es casi insoportable para el músico pues en esta época no distinguía los sonidos e incluso las voces eran difíciles de identificar y definir. La irascibilidad y la inestabilidad que padecía cada vez se hicieron más notables; sin embargo, fue en la música donde pudo hallar su fuente de creación y un lugar de calma mental ante las turbulencias de la vida.
Por otra parte, el músico y compositor alemán Robert Schumann (1810 - 1856) tuvo una trágica y curiosa historia que presenta múltiples rasgos de patología a lo largo de su vida; marcada por crisis emocionales episódicas y depresiones constantes, así como obsesiones e intentos de suicidio; su vida finalmente termina en un hospital psiquiátrico en Enderlich. Él afirmaba que escuchaba dictados angelicales de melodías en las que sobresale la nota La. Asimismo, tuvo un suicidio frustrado en el río Rhin. Lamentablemente, por el sufrimiento y la tortura que le provocan sus episodios relacionados al trastorno bipolar y la psicosis maniacodepresiva.
El artista noruego, Edvard Munch (1863-1944), plasmó el sentir que predominaba en él a partir de la muerte de su madre, su hermana y su padre en tiempos no muy distantes; vivió con una marcada personalidad introspectiva y taciturna. Algunos investigadores le atribuyen depresión hasta esquizofrenia. No obstante, lo que sí es claro es que dentro de su obra en general y la manera de transmitir su estado interno, a través de pinturas, de forma tan innovadora de acuerdo con su época e incomprendido como la mayoría de la población de genios históricamente recordados.
El artista surrealista español, Salvador Dalí (1904-1989), tuvo comportamientos relacionados de “locura” y de una técnica muy expresiva en la pintura y en las artes plásticas en general. El movimiento artístico surrealista tuvo un papel muy importante en Dalí. Él utilizó esta técnica para expresar lo que sentía en su interior y así satisfacer sus necesidades materiales. En su psicobiografía daliniana, se establece la existencia de un trastorno psicótico en el pintor, pues en su autobiografía el pintor asegura y relata acontecimientos ocurridos en su etapa intrauterina. Este artista abarcó la pintura como una imagen en movimiento desde la cual simula las imágenes que emergen desde el inconsciente. El neurólogo austriaco Freud, afirmó que la obra de Dalí es una representación de sus obsesiones internas. Este innovador pintor español da un gran paso social al considerar la locura como parte de un marco de normalidad e influyente para que se pueda dar un proceso creativo.
Para mencionar un último caso se habla de Sergei Rachmaninov (1873-1943), fue víctima de severas crisis mentales, debido a fuertes críticas y a una mentalidad muy compleja que, al no poder con tanta presión cotidiana, cayó en un profundo abandono personal; fue gracias al neurólogo Nicolai Dahl, que Rachmaninov pudo seguir con su obra musical y su propia vida.
La limitada muestra de personajes destacados en la historia en las líneas anteriores, es un reflejo de la relación existente que no permite disociar la degeneración mental con la genialidad artística.
En síntesis, el arte sui géneris se constituye como una vía de escape en relación con emociones llenas de temple y de alegría hasta las más apesadumbradas, como el dolor, la soledad, la enfermedad y el mismo sentir de la muerte. Se aprecia la exteriorización acerca de lo reprimido en la vida del creador o artista, se plasma el inconsciente, da a conocer la simbología personal como el desfogue del ser. Asimismo, el arte asume el carácter dinámico y psicológico en la persona. Por ende, el arte recoge el sentir más recóndito del individuo, sin él no cabría la expresión psíquica del individuo.




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