La derecha en redes sociales y los Fake News
- llari Tupayachi
- Jun 15, 2021
- 4 min read

Han pasado ya 9 días desde la segunda vuelta electoral. Hoy en día, al 100% de actas contabilizadas, el porcentaje de votos recibidos por ambos candidatos es bastante similar a la predicción que IPSOS realizó a las 9 pm el día de las elecciones. Con poco alrededor de 40 mil votos, Pedro Castillo lidera las elecciones, pero, para la sorpresa de muchos y la anticipación de otros, aún no es declarado presidente. La respuesta la sabemos todos, y es que Keiko Fujimori, por tercera vez consecutiva, se niega a perder las elecciones. Así, la candidata ya no parece invocar al espíritu democrático de los votantes ni al Perú unido que tanto predicaba en las elecciones, sino al fantasma del comunismo con el cual busca socavar la voluntad popular que ella dice defender.
Hace una década, su intento por sabotear las elecciones posiblemente no habría triunfado, hace una década, cuando no contábamos con redes sociales de manera masiva, no teníamos acceso a smartphones y no perdíamos horas productivas con la cara pegada al celular; posiblemente habría sido mucho más difícil que el cuco del fraude se difunda de manera tan generalizada. Sin embargo, hoy en día, hemos visto que las redes sociales han jugado un papel crucial en esta jugarreta del fujimorismo, y ¿por qué no decirlo? de la pitukada peruana. No me malentiendan, aquí no pretendo darle más peso a las redes sociales del que realmente tienen. Bien sabemos todos que no es un sector mayoritario el que tiene acceso a ellas; sin embargo, creo importante resaltar que, para quienes apoyaron a Keiko, y particularmente para los limeños, las redes sociales han sido el terreno de confrontación en donde han puesto todo de sí “hasta quemar el último cartucho”.
Así, quisiera resaltar tres puntos importantes en los que considero que las redes sociales han tenido particular relevancia. En primer lugar, desde que Keiko Fujimori anunció en televisión que lo que estaba ocurriendo era un #fraudeenmesa, todos sus defensores se encargaron de encontrar hasta la última prueba para reportarla en redes sociales. Aquí Twitter ha sido la red estrella, pues a diferencia de las otras, no distingue amigos de conocidos ni desconocidos, y un tweet desafortunado puede volverse viral en minutos. Jamás menospreciaría la capacidad de las redes para reportar acciones fraudulentas; sin embargo, hemos visto cómo la mayoría de la información compartida era pura desinformación. Desde gente que no sabe cómo funciona el proceso, hasta gente que malintencionadamente manipula la información, la ONPE tuvo que reiteradamente desmentir, explicar y repetir que la mayoría de “pruebas de fraude” no eran sino fake news o simple ignorancia en la materia. Sin embargo, la velocidad y difusión que han tenido estas noticias, y la repercusión de las mismas en la gente, quienes han llegado a creer ciegamente más en pseudo opinólogos que en las instituciones electorales oficiales; es el mérito que ha tenido el uso inteligente de estas redes sociales por parte de los defensores de Keiko Fujimori

En segundo lugar, las redes han servido para exponer de manera sistemática a las personas que no se doblegan ante la voluntad y demanda de Fuerza Popular. Desde Piero Corvetto, jefe de la ONPE o Salas Arenas, del JNE, hasta periodistas, personajes de la farándula, entre otros; toda figura pública que se haya referido sobre el respeto a los resultados de las elecciones ha sido duramente acosado en redes sociales. Así, hemos visto como miembros del grupo casi fascista de La Resistencia publicó una campaña llamada “chapa tu caviar”, en donde se pedía a los lectores de redes sociales que averigüen datos personales de diversos personajes, y se incentivaba el acoso y hostigamiento. No conformes con esto, la calle parece haberse vuelto una extensión de Twitter, y hemos visto como abuchean y pifean a gente en la calle, como se alega que ocurrió con Piero Corvetto en un restaurante.

Por último, y creo que esta es la consecuencia más complicada, las redes sociales han permitido no solo una campaña masiva de desinformación, sino la creación de múltiples verdades y discursos, los cuales son interiorizados por diferentes grupos sin ser sometidos a una discusión. En lugar de tener un espacio deliberativo en donde las personas pueden debatir sus ideas, lo que tenemos son clústeres de información en donde cada grupo construye su propia verdad sobre la situación política, verdad que es compartida y validada entre congéneres sin ser puesta en discusión. En un contexto así, decir una barbaridad como que la “OEA está comprada” es considerado por muchos como algo evidente. Y si, esto ocurre de ambos lados, también para quienes consideran que cualquier irregularidad por parte de Perú Libre (porque las hay, todas las contiendas electorales las tienen), es culpa de Keiko Fujimori; sin embargo, hemos visto en la práctica que son los defensores de Keiko los más propensos a difundir fake news e interiorizarlas acríticamente. Lamentablemente, en este escenario, no importa cuántas instituciones vengan a desmentir, porque la gente igual encontrará alguna justificación para su discurso -como la gente que asegura que hay un complot oculto-.
Finalmente, estamos a pocos días -esperemos- de que se oficialice al futuro presidente del Perú y el escenario, más que apaciguarse, no hace sino empeorar. Desde pedidos de golpes de Estado hasta convocatoria a nuevas elecciones, la política peruana parece ir de mal en peor. Frente a este contexto, lo que nos toca es ser más responsables con el uso de redes sociales. Si bien las personas somos absolutamente libres de mantener la postura ideológica de nuestra preferencia, la búsqueda de la objetividad siempre debe primar, y la validación de la información que compartimos debe estar por encima de nuestros sesgos y temores.




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