Hablemos de drag
- Andrés Armas Roldán
- Jun 19, 2021
- 2 min read

Desde el mítico documental Paris is burning explorando la época dorada de los Ballrooms neoyorquinos; o las películas de culto dirigidas por John Waters y protagonizadas por Divine; hasta la actual temporada de RuPaul Drag Race; el drag se ha logrado posicionar como uno de los valores artísticos más altos en las últimas décadas. Si bien RuPaul Drag Race ha logrado masificar el drag en aras del entretenimiento. Ésta no es una práctica que viene realizándose recientemente.
Existen varias teorías del origen de esta palabra. Una de ellas, es la que aborda desde la etimología del verbo inglés drag —arrastrar en español—, y que hace referencia a los vestidos y faldas que arrastraban los actores en los espectáculos satíricos de la época victoriana. Otra hipótesis, se origina del acrónimo Dressed as a girl. E incluso existe una curiosa propuesta que aborda al personaje de la Reina de la noche de La flauta mágica de Mozart. No obstante, su popularidad llega a mediados del siglo XX, en espectáculos que se presentaban en establecimientos gays, comenzando a relacionar al fenómeno drag con la homosexualidad; dando inicio a la era de los Ballrooms donde competían entre sí en desfiles y batallas de voguing; y que nos muestra en toda su amplitud el documental Paris is burning. Es aquí, en la década de 1980, donde el drag se convierte en un fenómeno cultural importante, y no solo reconocido por la comunidad gay. Llegando incluso a series de televisión y películas de cine como es el caso de la legendaria Divine.

Divine
El arte drag nace como una crítica al binarismo, representado desde la ironía y caricaturación del género a representar. Podríamos decir que es la pantomima del alter ego llevado a la expresión artística con una intención de entretenimiento. Y a su vez —como otras ramas del arte—, adopta el atributo ilusorio en pos del efecto dramático. Más allá de los tacos, la peluca y el maquillaje. El drag explora distintas y variadas ramificaciones artísticas: comedia, canto, actuación, maquillaje, danza, etc. Esto hace que la estética drag sea arriesgado de definir. La experimentación ha llevado a alcanzar niveles altísimos en variedad artística, como también en los códigos estéticos y escenográficos que se manejan. Estos artistas del transformismo construyen y asumen personajes que desbordan sensualidad en la ilusión de la feminidad y en la elegancia del performance corporal. El drag, en general, es una declaración política sobre el género; desde el performance artístico.
Generalmente, se suele asociar al drag solamente con las Drag Queens. Es por esto que existe la idea errónea de que solo hombres homosexuales pueden participar del drag. En contraste, las Drag Queens tienen su variante opuesta: los Drag King, y que logra conseguir que mujeres —aunque también participen mujeres trans y cisgenero—, caricaturicen los comportamientos y características predominantemente masculinas. Desarrollando sus propios códigos estéticos y criticando el género como categoría normativa, como también, poner sobre la mesa las situaciones que afectan a las mujeres y a la comunidad LGBTQ.

Sasha Velour
El fenómeno Drag Race ha servido para desmitificar esa leyenda negra del underground que rodea al drag. Y ayuda que, en un país conservador como el nuestro —y como lo es Latinoamérica en general—, se abran las puertas a nuevas tolerancias.




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