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Fémur roto: una radiografía del Perú




La antropóloga Margaret Mead una vez le respondió a un grupo de estudiantes curiosos una pregunta que varias veces hemos escuchado en el colegio: ¿Cuándo surgió la civilización? Los estudiantes esperaban una respuesta como “en las primeras ciudades” o alguna herramienta- Sin embargo, Mead respondió una respuesta bastante peculiar y curiosa. Mencionó que la civilización surgió cuando un antiguo poblador se había fracturado la pierna y se había curado. Ante los alumnos atónitos y perplejos, Mead les explicó. En la naturaleza, y me consta, un animal que se fractura un hueso como el fémur está condenado a la muerte. Un animal que no puede valerse por sí mismo, no puede conseguir sus alimentos, no puede ir al abrevadero, no puede acompañar a su manada y queda relegado a merced de los depredadores. Entonces es cuando pasa algo que no se ve en el mundo animal: un antepasado se fractura un fémur, un compañero, alguien lo ayuda, lo cuida, lo protege, pasa a depender de él hasta que se recupere. Solo imagen esa época, en donde si no podías cazar o recolectar serías una carga, destinando recursos valiosos y difíciles de conseguir a alguien postrado sin saber si se recuperará o si es que sabían que se recuperará. Es en sentimiento de empatía al prójimo, según Mead, es donde surge la civilización.


La pregunta ahora es, cómo aterrizamos esta bella reflexión de humanidad en nuestro contexto actual. Cómo nos vemos a puertas del bicentenario. Hace poco hubo manifestaciones a favor de un candidato y en contra del otro desde ambos frentes. Una fuerte polarización se sintió en el aire por varias semanas. Pero, si en primera vuelta ambos candidatos no alcanzaban no el 15% de los votos emitidos sumados. Por eso esa sensación de pesadumbre de tener que elegir por alguien que no querías o no conoces. Nadie conforme, nadie alegre. Ayer marcó el cisma de una etapa, el fin del proceso electoral y el inicio de una transferencia apresurada y con muchas dudas sobre quiénes integrarán el siguiente gobierno.


Aún están frescas las heridas de las marchas y al parecer un sector no aceptará un gobierno de Castillo. Fue una compaña lleno de rencor, de odio, de negar al otro, de discriminación, de matonería de un lado y del otro. Machetes chispeando en las calles de Lima y látigos sonando en el aire. Castillo entra a gobernar desde Lima, una Lima hostil donde aplastantemente perdió en la segunda vuelta. A donde debe aprender a cómo gobernar, a ganar simpatía y confianza. Y conquistar a todo un sector que lo desconoce como presidente y con un partido que no es suyo, con una Congreso fraccionado y sin mayoría, y sin una gran simpatía de la población. Y el peso de no repetir la historia de PPK… No la tiene fácil.


Una buena pregunta es, si aún es posible una reconciliación más allá del discurso. De un sentimiento de empatía y de nación para tomar el mejor camino para el Perú. ¿Aún nos podemos llamar que somos parte de la civilización o ya hemos pasado a la barbarie?


Fuente de la imagen: shutterstock.com


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