Entre la libertad, la verdad y la mermelada
- Redacción
- Sep 7, 2021
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Por Luis Miguel Cangalaya Sevillano*

¿La opinión pública hace a la prensa o la prensa hace a la opinión pública?, se pregunta Víctor Garcés (2015) en su artículo publicado en la Revista mexicana de opinión pública. La pregunta es compleja. Hay una relación con la sociedad, con sus ideas, con la manera de pensar. El autor señala que es necesario “hacer, pues, un reconocimiento esencial: en las sociedades en las que la cultura está de manifiesto, la prensa capta de ellas su pensar para amasarlo en las columnas periodísticas” (p. 173). Y, además, no está de más saber que la información debe ser totalmente objetiva. No inclinarse hacia ningún lado de la balanza debe ser un imperativo. Además, “es recomendable que las noticias publicadas en la prensa escrita sean exhaustivas y con un tono crítico equilibrado para el potencial lector” (Solans-Doménech et al., 2019, p. 100).
Ante ello, aparece el término “mermelero”, como sustantivo o adjetivo, según sea el caso. En nuestro contexto este acto se ha naturalizado, aunque no se acepte. Patricia del Río (2018), en un artículo publicado en El Comercio señala que “el peruanismo ‘mermelero’ se acuñó para hablar del periodista que hace su trabajo a cambio de alguna prebenda, normalmente económica. Esta puede traducirse en dinero, en futuros puestos de trabajo o en favores de diversa índole” (párr. 1). Por otro lado, Patricia Salinas (2021) en otro artículo publicado en Caretas aclara un poco más el panorama: “En el argot periodístico, ‘mermelada’ es sinónimo de coima: el periodista recibe una prestación a cambio de escribir o decir algo, a favor de quien le ha pagado, ya sea un político, un empresario o quien quiera que sea, dependiendo de la sección o el tema del que se trata. (párr. 3). Además, señala que “la publicidad que recibe el medio de comunicación como avisaje, no involucra a los periodistas porque es otra área. Por lo tanto, eso de sacar en cara el avisaje estatal, por ejemplo, para descalificar a los periodistas que trabajan en determinado medio, es ridículo” (párr. 3).

La situación es muy delicada, por cierto. Esto trae a la memoria una recordada entrevista que le hace Mávila Huertas a César Hildebrandt (aunque, finalmente, este último pareció entrevistar a la primera), donde el periodista le pregunta: ¿Tú crees que ahora la prensa es más libre, más independiente y los periodistas son libertarios, capaces de decir todo lo que quieran, a pesar del peso de las corporaciones y del imán de la publicidad? La posterior respuesta titubeante de Mávila es, desde ya, una respuesta que revela la realidad de muchos medios de prensa y contra lo que tenemos que luchar.
*Originalmente publicado en ContraPoder, suplemento del Diario Expreso, n. 24, 5/09/2021




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