Entre especulaciones y posverdades
- Daniel Alvarado
- Aug 21, 2021
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El día martes 17 de agosto, el Perú presenció la primera derrota política del presidente Pedro Castillo, de Perú Libre, del ideario Cerrón. Tras una serie de opiniones poco acertadas, Héctor Béjar, ahora ex-ministro de Relaciones Exteriores, se vio en la obligación de renunciar al cargo de Canciller; dejando un vacío de poder que tiene como consecuencia el retraso del arribo de las vacunas contra la Covid-19.
Poco o nada tuvo que hacer la oposición para conseguir la primera baja de uno de los ministros del gabinete. Es, hasta cierto punto, gracioso; la sociedad esperaba que las censuras se den en el pleno del Congreso, como en los viejos tiempos. Sin embargo, en esta ocasión fue el propio ministro quien se disparó a los pies, cavando su propia tumba con sus palabras y culminando su corto recorrido por el gobierno.
Como ya es costumbre, la sociedad se volvió a dividir en dos grupos: quienes critican la salida del ex-Canciller y quienes la aplauden. Esta vez, ambos bandos tienen algo en común: sus argumentos giran en torno a las declaraciones de Béjar. Es aquí donde hay que aclarar algo:lo dicho sobre la Marina de Guerra son solo especulaciones, posverdades en su imaginación que le costaron su posición en el gabinete ministerial.
¿Y qué es una posverdad? El diccionario Oxford la define como el fenómeno que se produce cuando "los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que los que apelan a la emoción y a las creencias personales”. El filósofo humanista A.C. Grayling rastrea sus inicios al 2008; con una crisis financiera desatada, donde era fácil exaltar las emociones sobre temas como la inmigración y sembrar dudas sobre la clase política.
En esta modernidad líquida, término acuñado por el sociólogo Zygmunt Bauman, la inconsistencia reina en la sociedad; desde la forma en cómo nos relacionamos, las redes sociales, el trabajo, las tecnología, la política, etc. Los mares de incertidumbre resultan en el fenómeno planteado por Grayling: una sociedad que valora más las opiniones antes que los hechos y/o evidencias.
La responsabilidad recae en los líderes de opinión certificados o en la prensa, agentes influenciadores en el pensamiento e ideas de la ciudadanía en general, para evitar la difusión de las noticias falsas y el relativismo. De una u otra forma, son guardianes de la verdad. Por ello, resulta preocupante cuando figuras como César Hildebrandt acusan abiertamente, también, a la Marina por cometer acciones terroristas en contra de Cuba. Es el narcisismo en su máxima expresión: mi verdad es la verdad absoluta.
No hay evidencias. No hay pruebas. Solo creencias que, para muchos, son suficientes para defender a una persona. Otra de las características de la cultura de la posverdad es que cuando alguien refuta un pensamiento, automáticamente se vuelve un ataque personal. Béjar renunció ya que no es admisible que un Canciller tenga malas relaciones con uno de sus principales aliados, como lo es la Marina. No se criticó a la persona, sino a sus ideas y declaraciones.
Hoy, todo lo que decimos o argumentamos es revisado por mil lupas, o la cantidad de seguidores que tengas en tus redes sociales. La revisión de hechos, o “fact checking”, se ha convertido en una práctica cotidiana; sobre todo, para quienes usamos Twitter en el día a día. A seguir informándose, Perú.




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