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El sentir reflejado en el arte

Enfoquémonos en aquel término “dolor” derivado del latín: oris. La cual define a una sensación de molestia hacia una parte del cuerpo. Asimismo, también se asocia como el sentimiento de pena o aflicción. Pero entra a colación de cuestionarnos qué verdaderamente es el dolor del ser humano, la respuesta más precisa se asocia con las experiencias de nuestros antepasados, el dolor biológico relacionado a la pérdida de la sensación de bienestar. Es ahí, donde el arte empieza a aparecer como medio de perspectiva de qué es lo que siente interiormente el individuo y el público en cómo lo puede interpretar aquel mensaje codificado.


El filósofo Aristóteles se planteaba si el dolor del cuerpo se relacionaba con el del alma. Valgan verdades, el ser humano somatiza, por lo tanto, también siente el dolor del cuerpo y el alma desde la prehistoria. Imaginar que era una criatura desnuda, vulnerable con los depredadores y la oscuridad, más aún cuando aún no conocía el fuego. No hay duda de que habrá sentido mucho miedo, dolor y angustia por muchísimos años hasta que con las invenciones pudo ir asegurando una mejor calidad de vida y enmendar todos los miedos ocasionados por la intemperie.


Hablar del arte y la aflicción es una relación bilateral como un escape al mundo del hombre en un periodo de su vida, tanto si ha podido sentir el dolor de una magnitud leve o de gravedad, ya sea de modo personal o para poder explayar el dolor de algún ser querido. Pintores como Munch que reflejaba la depresión y angustia por la muerte de su madre y el internamiento de su hermana por esquizofrenia; Wölfli, su personalidad psicótica reflejada en el horror vacui en sus obras; Dalí, plasmaba obras escatológicas y sexuales por la severa educación sexual restrictiva que recibió en casa; Aloïse Corbaz, desarrolló un enamoramiento obsesivo por el káiser Guillermo II que le llevaría a ser diagnosticada de esquizofrenia y confinada en un hospital psiquiátrico en el año 1918, lo cual proporcionó sus obras eróticas femeninas; Goya, padeció síndrome de Susac que le generaba alteración de la función cerebral, así como la pérdida de la visión, el equilibrio y la audición, por lo tanto, la pintura le sirvió como un escape de sus males; Caravaggio, en sus claro oscuras pinturas reflejaba su enfermedad maníaco-depresiva; Pablo Picasso, encontró una salida en el arte sui generis a su depresión crónica y como Frida Kahlo, por la poliomielitis que le dejó secuelas permanentes encontró un escape a la realidad en sus obras y como medio de expresar su sentir desde lo personal hasta su relación con Diego Rivero.


Por ello, el arte es una catarsis relacionándolo como lo usaba Freud como medio para erradicar los traumas ocultos en el inconsciente. Asimismo, coadyuva a los efectos emocionales, sirve como una terapia psicológica para el individuo. El año 2020, que dio inicio al confinamiento, generó la “democratización” artística, pudiéndose apreciar mucho más el arte gracias al museo virtual. Además, diversos fotógrafos han podido capturar momentos de calles desoladas por la cuarentena. Actualmente, con las nuevas medidas sanitarias la población disfruta mucho más de los lugares artísticos como medios de apreciación de la belleza, de conectarse con el mensaje del artista y relacionarlo con su sentir. Por ello, la nueva creatividad surge a raíz de esta nueva normalidad, abracemos nuestro lado artístico.


 
 
 

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