El rol de la mujer en el arte
- Adriana Mendoza H.
- Jun 28, 2021
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Cuando damos una mirada al pasado con respecto a la figura femenina en el campo artístico, hemos podido evidenciar que, lamentablemente, está limitado. Vemos el reflejo de las damas solo como seres de inspiración como musas o modelos.
Aún así habiendo tenido un vacuo apoyo por parte de los varones hacia las damas en su carrera artística, quedando relegadas a favor de la figura masculina, ellas han desarrollado importantes desenvolvimientos, así como la contribución con el desarrollo de las actividades dentro de las artes plásticas.
Retrocediendo en el tiempo, en la Edad Media, específicamente en el siglo X, aparece por primera vez un libro miniado realizado conjuntamente por una monja y un monje. Cabe resaltar, que en aquellos tiempos hasta la reforma benedictina, los centros monásticos femeninos tuvieron una gran repercusión y monjas o abadesas fueron figuras de gran poder.
En el siglo XIV, los artistas comienzan a reivindicar ciertos privilegios para una profesión que ellos consideran liberal, con este término quiere decir que son aquellas profesiones asociadas al conocimiento intelectual y no a la realización mecánica o manual. Lo cual origina que se adquiera mayor protagonismo en los comitentes, los mecenas y el sistema gremial siendo indispensable el estudio del desnudo anatómico para llegar a ser un maestro. Sin embargo, el acceso a este sistema resultaba restringido. Existen casos de algunas mujeres que lograron formarse en las artes plásticas como Lavinia Fontana (pintora italiana del primer barroco) o Artemisia Gentilesch (pintora barroca italiana, representante del caravaggismo), pero es por la causal de vinculación con algún taller familiar, que podría haber sido del esposo, padre o algún otro familiar cercano, sino sería imposible.
Adelantándonos más en el tiempo, en la época del romanticismo (siglo XVIII – hasta mediados del siglo XIX) el rol de las damas comenzó a tener cierto protagonismo, debido a que, entre las clases adineradas se hacía indispensable el estudio de las artes plásticas por lo que un buen número de mujeres se dedicó a la docencia. No obstante, aún seguía la constante discriminación, las mujeres apenas pudieron acceder a la formación oficial que ofrecían las Academias. En los escasos casos en los que sí lo hacían tenían vetadas las asignaturas de estudio al natural. En consecuencia, no pudieron desarrollar aquellos formatos más prestigiosos, como la pintura de historia, la cual era considerada el género más importante. Asimismo, la presencia en los Salones oficiales o grandes premios fue prácticamente inexistente.
Durante el siglo XIX, el desarrollo de la sociedad fue abriendo paso a las damas. Los artistas como Monet o Manet aceptaron entre sus estudiantes a las damas. Por ejemplo, a Berthe Morisot que obtuvo el reconocimiento como figura clave del movimiento impresionista.
En pleno siglo XX, la modernidad de las vanguardias logró que paulatinamente, se obtenga la igualdad de situaciones en los artistas de diferentes sexos. Sin embargo, los varones eran los artistas que estaban más acreditados y que ganaban mucho más que las mujeres. El mundo artístico se regía aún por los varones. No obstante, ya en la década de los sesenta, la tercera ola del feminismo contribuyó a la defensa del papel de las damas en el rol artístico.
Como síntesis, es importante mencionar que no existe diferencia entre las obras según los sexos, sino que se aprecia el arte per se, que en tiempos de otrora las féminas fueron opacadas por su condición. Actualmente, gracias a las investigaciones sabemos más sobre diversas mujeres en el campo del arte, devolviéndoles el mérito que merecían desde muchos años atrás.




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