El lenguaje hablado como vía de expresión del sujeto ordinario en el mundo caótico
- Kevin Rivera
- Jun 23, 2021
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Para el presente ensayo, el poema que he elegido es el titulado “Descorcho otra botella” de Nicanor Parra, el cual pertenece al poemario “Emergency Poems”, publicado en 1972. Aquí lo reproduzco por completo:
DESCORCHO OTRA BOTELLA
y prosigo mi baile de costumbre
estiro una pierna
que perfectamente podría ser un brazo
recojo un brazo
que perfectamente podría ser una pierna
me encuclillo sin dejar de danzar
y me desabrocho los señores zapatos
uno lo lanzo más arriba del cielo
otro lo hundo hondo en la tierra
ahora comienzo a sacarme el sweater
en esto oigo sonar el teléfono
me llaman de la señora oficina
contesto que seguiré bailando
mientras no me suban el sueldo (Nicanor Parra 2010: 326).
Se puede observar cómo el título del poema se haya en relación directa con el primer verso. Aquí se hace referencia a la reiteración de un baile al que la voz poética ya está acostumbrada y que continúa junto al descorche de una botella más.
El siguiente cuarteto es una descripción de los movimientos físicos que se llevan a cabo en el baile. Se estira una pierna y se recoge un brazo que bien podrían ser sus opuestos, o sea, la pierna un brazo y el brazo una pierna. El segundo cuarteto, por su parte, muestra la comodidad en la que se pone la voz poética al desabrocharse los “señores” zapatos sin dejar de bailar: uno es lanzado por los aires y el otro hundido en el piso.
El verso que continúa nos informa que no solo se quita los zapatos, sino que también el sweater que trae puesto. Sin embargo, ello es interrumpido por el cuarteto final, que indica la entrada de una llamada desde la “señora” oficina, la cual es atendida para señalar que el baile seguirá hasta que se produzca un aumento de sueldo.
Luego de describir todo lo anterior, mi propuesta radica en que en el poema podemos encontrar al sujeto ordinario en medio de un mundo caótico que lo lleva a la decadencia y lo cual se expresa por medio de un lenguaje “despoetizado” que trata de asemejarse a la lengua hablada corriente.
Para empezar, a lo largo de todo el poema se observa el uso de un lenguaje simple y familiar, muy similar al utilizado en conversaciones del habla cotidiana, con lo que se aleja del clásico lenguaje poético donde priman las figuras retóricas, el control sobre el lenguaje, la preocupación por la musicalidad de las palabras, entre otros elementos conocidos. El poema inicia en el título y se conecta directamente con el siguiente verso. “Descorcho otra botella / y prosigo mi baile de costumbre”. Hasta aquí solo vemos a un personaje en medio de su divertimento. El cuarteto que continúa profundiza en los movimientos físicos que se suceden: “estiro una pierna / que perfectamente podría ser brazo / recojo un brazo / que perfectamente podría ser pierna”. Puede entenderse que la voz poética relata un estado de embriaguez tal que la lleva a confundir sus extremidades. Lo que suponemos son grandes cantidades de alcohol consumidas (“descorcho otra botella”) a lo largo de una jornada que ya lleva cierto tiempo (“y prosigo mi baile de costumbre”) generan el efecto de confundir una pierna con un brazo y viceversa al punto de no saber exactamente si la extremidad que se maneja es la que se tiene en mente.
Estamos entonces ante un hecho de lo más ordinario puesto en palabras por medio de la poesía. Un antipoema, como se les conoce a los textos poéticos de Parra. No se nos habla sobre los grandes temas de la poesía tradicional como podrían ser el amor, la muerte, el tiempo, el olvido, etc. En su lugar, hay otra cosa. Como señala José Miguel Ibáñez Langlois, “el antipoema es una respuesta posible: una palabra que ya no puede cantar a la naturaleza, ni celebrar al hombre, ni glorificar a Dios o a los dioses, porque todo se le ha vuelto problemático, comenzando por el lenguaje” (1972: 15). Para Parra, lo problemático radica en que la poesía tradicional, la herencia poética de occidente, se encuentre gastada y es insuficiente para hacerle frente al mundo contemporáneo. La poesía se ha alejado del ser humano por preocuparse en sobremanera por los temas metafísicos. Lo que propone Parra es un regreso a la territorialidad del hombre, a su realidad más banal y sencilla, la que experimenta día a día.
Para conseguir tal fin, es necesario centrarse en el elemento transmisor de estas intenciones: el lenguaje. ¿Cómo se tendrá que usar para representar la cotidianidad más ordinaria del ser humano? En el cuarteto que sigue la voz poética dice “me encuclillo sin dejar de danzar / y me desabrocho los señores zapatos / uno lo lanzo más arriba del cielo / otro lo hundo hondo en la tierra”. El lenguaje usado sigue siendo de lo más corriente en toda la estrofa, como si la voz poética nos hablara en un tono conversacional, relatándonos lo que viene haciendo en ese momento. Ello responde a la elección de una opción distinta a la poética clásica. Según Eduardo Milán, hay dos opciones: “O se vuelve a una posición […] de anterioridad a todo decir originario o en cambio se busca en el entramado del lenguaje hablado, el gran olvidado cuando se trata de poner en cuestión la capacidad operativa de lo poético” (2014: 31). Parra elige la segunda opción y utiliza el lenguaje común de habla diaria, el que se usa en la vida cotidiana y que se encuentra desprovisto de la serie de elementos que suelen existir en la poesía tradicional.
El verso que prosigue, “ahora comienzo a sacarme el sweater”, funciona para confirmar las características de nuestro personaje, descrito sin pompas ni trajes despampanantes. Es un sujeto que “no tiene realeza ni divinidad alguna […] es el hombre cualquiera” (Ibáñez Langlois 1972: 60). No es un ser humano que atraviesa grandes problemas psicológicos o espirituales, ni es descrito como un ser único. Lo que tenemos al frente es un hombre como cualquier otro, alguien que bebe y baila y en ese proceso se pone cómodo quitándose los zapatos con el jugueteo lanzar de uno por los aires y el hundir el otro en el suelo, a lo que agrega el retirarse el sweater, una prenda de lo más corriente, así como lo es él. Es, en palabras de Milán, “el hombre que padece, trabaja para sobrevivir, se pierde en la multitud o en sí mismo […] muere como todo hombre sin aspirar trascendencia” (2014: 33). El lugar de persona iluminada que la tradición poética occidental le ha otorgado al poeta no existe, ya que en su lugar Parra prefiere traer la verdadera humanidad del ser humano y plasmarla en las banalidades cotidianas a través del lenguaje hablado que proviene del habla popular.
Ya en el último cuarteto hay una interrupción en medio del disfrute de la voz poética. “en esto oigo sonar el teléfono / me llaman de la señora oficina”. Destaca el uso de la palabra “señora”, tanto en este punto como en el cuarteto anterior cuando la voz poética se desabrocha los “señores” zapatos. El asociar la palabra señora a oficina y señor a zapatos responde a un interés irónico de Parra por señalar la supuesta solemnidad de la oficina como el espacio de trabajo al que hay que aspirar para tener una vida asimilada al sistema y de los zapatos como elemento de formalidad utilizados, en este caso, para asistir a espacios como la oficina. Cuando Parra trata estos temas solemnes lo hace con cierto humor y simpleza. Para ello, usa lo que se ha llamado la “ironía universal”. Esta es la “ironía desmitificadora que interpone una distancia burlesca entre el poeta y sus emociones, entre el poeta y sus medios expresivos” (Ibáñez Langlois 1972: 17). Parra conoce de estas experiencias a las que se refiere. Conoce ese mundo capitalista en el que uno debe obtener ciertas cuestiones, como un trabajo estable en una oficina a la que se asista con unos determinados zapatos, pero el uso del humor, de esta ironía con la que se refiere al decir la voz poética “señores” le permite tomar espacio suficiente para señalarlos con ojo crítico y hacer un descargo político.
La estrofa finaliza con dos versos: “contesto que seguiré bailando / mientras no me suban el sueldo”. Ante la crítica irónica presenciada en los dos versos anteriores, con estos la respuesta de la voz poética es la permanencia en el estado eufórico que puede interpretarse como un sentido de autodestrucción si no se mejoran las condiciones laborales. Fernando Alegría indica: “Parra se considera un poeta de claridad. ¿Qué es la claridad? Ver claramente qué podrido está el mundo, qué impotente y desdentado y calvo está el hombre” (1970: 183). El autor conoce el estado decadente del mundo que habita. La ironía universal le otorga la distancia para criticarlo con humor, pero aun así el ser humano se encuentra indefenso ante el influjo negativo de su alrededor, como si no hubiera manera de contrarrestarlo. Por ende, la respuesta de la voz poética es mantenerse en un estado de mayor caos, autodestructivo, cansado al parecer de las condiciones deplorables en las que se encuentra hasta que su pedido de un mayor sueldo sea escuchado. Es decir, su aspiración no es salirse de ese sistema que lo corrompe, sino mejorar sus ingresos para hacer su vida dentro de él más llevadera.
Bibliografía:
ALEGRÍA, Fernando
1971 “Parra anti-parra”. Literatura y revolución. México, pp. 16333-189.
IBAÑEZ LANGLOIS, José Miguel
1972 La poesía de Nicanor Parra. Barcelona: Editorial Seix Barral.
MILÁN, Eduardo
2014 “Hablar de Parra”. Extensión de la corteza. Re/insistencias sobre la poesía latinoamericana. Alquimia ediciones.
PARRA, Nicanor
2010 Parranda larga. Ciudad de Buenos Aires: Santillana Ediciones Generales.




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