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El excéntrico surrealista del siglo XX

Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domènech, más conocido como Salvador Dalí, fue el más conocido internacionalmente y un gran exponente del arte surrealista. Nació en una ciudad española del norte, Figueres, en Cataluña. Su nombre “Salvador” le fue puesto por su hermano mayor que falleció antes de que el genio marqués naciera. Sus dotes artísticos se fueron desarrollando desde muy joven y sus padres tuvieron un rol muy importante en ello: en el pueblo Cadaqués, le construyeron su primer estudio artístico.


En los locos años veinte, el señor del excéntrico bigote viaja a París y empieza a fascinarse con Picasso, Miró y Magritte. Ellos fueron pilares para su estilo surrealista que recién comenzaba a surgir, fruto de ello es su obra “La persistencia de la memoria” del año 1931. En 1921, se matricula en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, y es ahí donde conoce a Buñuel y Montes, quienes le influenciaron en el futurismo italiano. Un año después, el gran Salvador forma parte del primer Grupo Surrealista junto a Picasso, Max Ernst y Man Ray.



En 1923, por sus ideales anarquistas llevaron al encarcelamiento durante 35 días al pintor. No obstante, no fue impedimento para seguir gestando un nuevo estilo inspirado por Carlo Carrá y Giorgio de Chirico: la pintura metafísica, que originó el desarrollo del dadaísmo y el surrealismo.

La creatividad de este genio era tan profunda, que abarcó no solo en la pintura, sino también en el cine (co-dirigió junto a Buñuel la película “Un chien andalou” y “L’age D’or”), escultura, diseño y escritura. Cabe resaltar que, en aquella Madrid de la Belle Epoque, él fue el pionero del llamado “happening”.


Sobre su sexualidad, todo un misterio, pero si nos remontamos a su crianza, Dalí creció en una familia ultraconservadora. Asimismo, su padre le inculcó en toda su niñez lo negativo que era someterse a la propia experimentación sexual. Ello trajo problemas a lo largo de la vida de su hijo, debido a que le generó un trauma que el sexo era algo peligroso, decadente. Además, le generó inseguridad tan honda que comparaba su órgano viril, pensando que era impotente. Toda esa frustración la plasmó en sus obras: se aprecian féminas deformadas en la felación del varón con rodillas ensangrentadas…


De su amada Gala, le conquisto fue su personalidad, lo carnal no existía para Dalí. El amor que sentía por ella lo conservó toda su vida. En 1932, contrajo matrimonio civil y por el rito católico en 1958. Valgan verdades, que la relación amorosa que tenían fue totalmente liberal: Dalí era todo un voyerista. El pintor escribía como testigo en sus cuadernos todos los sucesos de vínculos sexuales que pudo apreciar así como cuando Gala, por permiso de su esposo, también fue partícipe. A raíz de ello, empezó a plasmar cuerpos andróginos en sus cuadros, vinculando las características del varón y la mujer, en un mismo cuerpo.



El 23 de enero de 1989 en Figueres, el pueblo donde lo vio nacer, se apagaría el gran genio surrealista con 84 años, a consecuencia de un paro cardiorrespiratorio (no traumático). Partió escuchando su preciado disco: “Tristán e Isolda” de Wagner. El cuerpo del pintor fue revestido con una túnica que lleva inscrita la letra D.

"Un verdadero artista no es el que se inspira, sino el que inspira a otros" -SALVADOR DALÍ.


 
 
 

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