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El estado y los cortometrajes: ¿Deberían o no deberían ser apoyados los realizadores principiantes?




El papel del estado y el Ministerio de Cultura y sus instituciones destinadas a la promoción de piezas artísticas, en las cuales encontramos los proyectos fílmicos, ha sido relegado, en su mayoría, a la difusión más amplia de producciones clásicas audiovisuales; llámese a estos largometrajes de ficción y no ficción. En el Perú, los cortometrajes comprenden tanto el campo estudiantil como el profesional. No obstante, en los últimos años, ha habido un auge del cortometraje amateur a lo largo y ancho del país. La producción ahora no solo se concentra en Lima, sino que en todo el Perú se realizan una gran cantidad de cortometrajes al año.

Si bien la DAFO se ha preocupado en mejorar la difusión de estos proyectos y, además, ha tenido una iniciativa en promover distintos festivales internacionales que están abiertos a convocar a muchos cortometrajes nacionales, no resulta suficiente la difusión que esta entidad promueve. Asimismo, múltiples productoras y empresas o colectivos han ido aumentando el apoyo hacia los cortometrajes nacionales, pero eso no resulta tampoco suficiente para que los productos logren una mayor difusión en distintas plataformas que, por ahora, parecen ajenas a la idea. Aunque esto no signifique una exclusión en su totalidad. Ejemplos como el de Retina Latina, apoyando la difusión de cortometrajes latinoamericanos en los que se encuentra el Perú, o los distintos festivales regionales como Cortos de Vista, de alguna manera fomentan la realización de los cortometrajes a novatos cineastas que están dando sus primeros pasos en el mundo audiovisual.

El cortometraje suele ser el primer paso que da una persona en el mundo cinematográfico, el primer salto hacia el cine. Pasa a ser, entonces, una parte importante del proceso formativo de lo que es lo audiovisual, no sólo en el cine sino también en el mundo de la publicidad. Es un fragmento fundamental de la práctica de las personas que llevarán algo a las pantallas. De esa manera también, podría ser una herramienta para identificar el potencial de cada uno para poder financiar sus próximos proyectos. En otras palabras, el cortometraje representa un primer acercamiento del director y su valor se encuentra en la oportunidad de generar una cartera audiovisual para la visión de su carrera. Esto es excelente, porque permite a productores y críticos identificar talento emergente, lo cual antes resultaba hallarse exclusivo a un grupo con financiamiento personal.

Otro punto importante aquí, es el hecho de que los realizadores podrán encontrar su propia voz, o en este caso su propia mirada. El cortometraje representa un proyecto íntimo por parte de los directores de estos productos audiovisuales y que, en su mayoría, también escriben. De existir un incentivo para el aumento de las producciones de este tipo, podría nacer una pulsión creadora mayor a la que tenemos hoy en día y, de este modo, nuevos realizadores empezarán a interesarse y arriesgarse para rodar un cortometraje.


Financiación y consumo

El cortometraje no cuenta con la misma exposición o capacidad lucrativa comercial que un largometraje. Luego de festivales, los cortometrajes nacionales no son reproducidos en salas ni existe una ley de cine que empuje su distribución. Algunos hallan su camino a redes como YouTube o Vimeo, pero no cuentan con una plataforma de difusión adecuada. El mayor sustento que hallamos para advocar por el formato de cortometraje es que dado el menor financiamiento que implica, la oferta puede ser extendida a una mayor cantidad de aspirantes a cineastas. Por otra parte, no podemos ignorar la falta de capacidad e infraestructura comercial para el cortometraje en el Perú. Son muy escasas las salas independientes que proyectan cortos nacionales, y su consumo suele verse comprendido entre críticos en festivales y círculos académicos en facultades. En ese sentido, al Estado no le viene muy bien invertir en algo que no le brindará resultados positivos en el corto plazo. Además, está el hecho de que quizás muchos de los cortometrajes en los que se inviertan puedan no llegar a realizarse por falta de organización, por lo que entendemos la preferencia por el formato del cortometraje, pero advertimos que su producción se ve subexpuesta y relegada a ámbitos determinados, lo que desperdicia mucho potencial de consumo nacional. Es por ello que la financiación representa uno de los principales problemas a la hora de levantar un proyecto de cortometraje, se presenta una falta de rendimiento comercial, lo que no solo aparta los fondos que el estado podría estar dispuesto a dar, sino que también podría no llegar a interesarle a alguna entidad privada que pueda financiar algún cortometraje. Sin embargo, creemos que es necesaria una financiación estatal si se quiere formar una industria con gente capacitada a largo plazo.


La mirada a largo plazo

Como resultado de lo visto anteriormente, estoy seguro de que, si llegase a existir un mayor apoyo para, no solo la financiación, sino la difusión de los cortos, el acto de rodar para muchos creadores se volverá casi como un deporte y, por ende, ello traería enormes beneficios para nuestra industria cinematográfica. Si no se forma parte del desarrollo de los cineastas y se apoyan sólo los proyectos grandes puede que muchos talentos se pierdan en el camino y el cine peruano se quede con pocas películas buenas que mostrar.

Esto no implica solo la formación de autores, sino también la formación de técnicos de cámara, operadores, editores, sonidistas e, incluso, una mayor demanda de actores y hasta locales dispuestos a ofrecer sus habitaciones para grabar, así como también, la formación de productores que entren en el mundo del rodaje y creen una línea de contactos que puedan impulsar la pequeña industria en crecimiento.

Si los cortometrajes comprenden el primer paso del equipo de trabajo y, aunque en el camino vayan perdiéndose unos cuantos, lo importante es mantener el ejercicio de rodar en el país para así lograr mejorar la industria, no solo con la teoría de los estudiantes universitarios o aquellos quienes están más familiarizados con el cine en general, sino que también permitirá abrir puertas, poco a poco, al interés de un público casual que querrá ver un producto distinto al que está acostumbrado a ver en una sala de cine convencional.


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