El detrás de un buen artista
- Solange García
- Oct 3, 2021
- 4 min read
Desde la estación del Estadio Nacional del Metropolitano por la Vía Expresa es casi
imposible no mirar por unos minutos la explosión artística que se encuentra en el Mural del Bicentenario y preguntarse ¿a qué dirección mira la gente que tacha de gris una ciudad tan
colorida?. Más allá de los colores, del hermoso cielo primaveral, de la brisa y del bullicio que
dejan los autos que pasan por ahí, también está el hecho de aquellos artistas que van con
la ropa holgada y manchada de distintos colores, con diferentes gorras y algunos con
pañoleta que forman parte del panorama.
Esas mentes curiosas que no tienen miedo de pintar más de 7 pisos, ni de experimentar
nuevos estilos, ni de romper estereotipos en un arte “para hombres”. Son ellos, cuatro
jóvenes del distrito de La Victoria los que en esta oportunidad representan a la comunidad
artística grafitera; Edson Avala o Yenson , Pedro Rutia o Peco, Ronald Espinoza o Suc y
Dagner Melissa. Todos ellos se deslizan por los caminos del arte día a día inspirando a los
más jóvenes a que puedan expresarse, les dan una voz, como en algún momento se las
dieron a ellos, por medio de un proyecto llamado “Contagio Cultural” que tiene como
finalidad transmitir cultura de la mejor forma que saben hacerlo: pintando.
“La vida te inspira. Tú vas a la calle y la gente te inspira a cambiar el entorno y a buscar un
avance en la sociedad. Hacer arte no es difícil, solo tienes que tener ganas”, cuenta Peco
con la mirada fija en el cuadro de Miguel Grau que pintó. La voz no le tiembla ni por un
minuto, las manos las tiene juntas y tranquilas, su semblante es sereno, pero su mirada está
llena de poder. “Contagio Cultural también se enfoca más en la cultura, es más artístico”,
añade.
Sin embargo, al igual que las calles de La Victoria, la vida de los artistas grafiteros tiene
muchas vueltas y reversas.
“Por decisiones en mi vida, yo me dedico a pintar porque me gusta, pero los primeros años
son los más difíciles ya que, es una evolución constante en la que aprendes y las
oportunidades son escasas por distintos motivos; no tienes el reconocimiento, la
experiencia, así que hay menos trabajo y la paga es menos”, relata Suc, quien tiene 19 años pintando interiores, fachadas, casas, todo aquello que pueda llenar de color y dejar un
mensaje.
“Algunos lo ven bien, otros lo ven mal, cada uno tiene su punto de vista. Me pasa que a
veces la gente me grita por pintar y uno ya sabe cómo llevarlo. También es bueno tener o
aceptar las críticas, tanto las malas como las buenas”, dice Yenson con una sonrisa
perceptible a pesar de la mascarilla.
Por otro lado, para gustos; colores, como dicen por ahí. Los estilos, los colores, las técnicas
y la perspectiva son diversas y disruptivas, pero llegan a un punto de convergencia entre los
cuatro: el arte es cambio, claro que cada uno a su manera, pero en esencia es el cambio, ya
sea de una ciudad, de un barrio “rojo” o de una idea.
“A mi me gusta hacer caricaturas, dibujos, rostros e interactuar con los colores para poder
cambiar la idea que tienen las personas de los barrios donde vivimos, que no teman de
estar en La Victoria, que la gente vea algo fuera de lo normal. Hacer la diferencia”, revela
Yenson.
En el mismo sentido, Suc piensa un poco y trata de definir algo que abarca la mayor parte
de su vida y de su tiempo; “El arte está para transformar, para cambiar si no es la vida del
que lo hace, es el día de quien lo recibe”, menciona. “Me gusta mucho llevarme por el
boceto que hago, pero si algo me llama o me lleva por otro camino; lo cambio, ya sea el
color o lo que sea. Me gusta interactuar con la pared y estar cambiando, cambiando y
cambiando”.
Además, pintar es un proceso que a pesar de las dificultades que conlleva, disfrutan a su
manera y a su estilo, lo que los hace dejar una huella en el corazón de un distrito que los va
a recordar por el arte y por la pasión que desprenden. Sus nombres son susurrados y sus
presencias advertidas de forma sutil por los demás.
“Yo usualmente ataco de frente, primero veo los colores, a un lado los oscuros y a otro lado
los blancos, luego veo el dibujo y lo hago, con errores a veces, pero al final siempre llega la
solución. Te adaptas.”, relata Yenson.
Peco también lo piensa un poco, sus ojos divagan brevemente por el mural, sus manos
juegan un rato y al final logra ordenar sus recuerdos: “sientes una concentración o una
adrenalina porque a veces pintas en altura o de ilegal y sientes una fuerza que te impulsa a
hacer las cosas. Los trabajos en altura son locazos por toda la adrenalina que sientes”.
Suc, al otro extremo, con la voz igual de firme y la pañoleta aún sobre la mitad de su rostro
no duda ni aparta la mirada, él lo sabe, él da la impresión de llevarlo impregnado: “Me gusta
la adrenalina que siento, la presión que a veces sientes porque en ocasiones pintas con
poco tiempo y no puedes quedarte a admirar tu trabajo”.
Para Yenson, el final es importante; “Ver el final es lo que más me emociona, me llena de
orgullo retroceder un poco y darme cuenta de todo lo que puedo hacer porque en el
transcurso uno lo hace, lo hace y al final se termina sorprendiendo”, finaliza.
Finalmente, con sonrisas y charlas amenas que mantiene con sus compañeros y amigos de
“Contagio Cultural”, Dagner Melissa es paciente y atenta, con las trenzas largas, la cabeza
en alto, una mirada fuerte y el estilo marcado que es digno de una artista como ella, que
busca inspiración en sus hermanos y respaldo en sus amigos. Ella tiene la habilidad casi
innata de dar seguridad a no solo este proyecto que se llevó a cabo en 10 días y que pudo
gestionar con la Municipalidad de La Victoria y otras marcas dispuestas en apoyar al arte y
a la visión que “Contagio Cultural” promueve, sino también a todos los que están cerca.
Para Dagner, “el arte ayuda a sensibilizar, ver la mejor parte de cada persona, ver una
historia en cada uno, cada cosa simboliza algo o cada pincelada es por alguna razón.
Entonces, siento que el arte me ayuda a sensibilizar esa parte psicológica de las personas”.
Dagner, Suc, Peco y Yenson son solo cuatro de los muchos artistas con distintas historias
que La Victoria tiene y que están dispuestos a pintar las calles de colores curiosos y dejar a
su paso sonidos similares a la felicidad.






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