El caso Vargas Llosa
- Andrés Armas Roldán
- Jun 26, 2021
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Entre la espada y la pared, Mario Vargas Llosa escogió en estas elecciones presidenciales su facción política. Dividiendo las opiniones y a sus propios lectores que se jugaban el destino de un país en unas elecciones atípicas. Para algunos, era la opción obvia y la rectificación de los argumentos de un voto válido; para la otra mitad, fue un acto que no llamó demasiado la atención, teniendo en cuenta el liberalismo de Mario. Sin embargo, Mario Vargas Llosa no siempre estuvo casado con el liberalismo. En su juventud, la primera ideología que lo sedujo fue el marxismo; además, del existencialismo sartreano que con tanta avidez leyó. Pero esto fue algo normal en la intelligentsia latinoamericana del siglo pasado. El comunismo como ideología sonaba bien; y Cuba fue decisivo. Pues marcó un antes y un después ideológico: la teoría llevada a la praxis. ¿El resultado? El más frío autoritarismo y el distanciamiento de la moral con la política: comenzaba la política del terror. Además, de lo que significó para Vargas Llosa el caso Padilla. Tras esta ruptura con el socialismo, Mario cambiaría sus lecturas: Sartre por Camus, Popper, Ortega y Gasset, Adam Smith, etc. Comenzando así su romance con el liberalismo.
La llamada de la tribu es el argumento de Mario Vargas Llosa para justificar su apego por el liberalismo. Si bien tiene sus fallas, la doctrina liberal tintinea sus galardones pues se jacta de hacer partícipe a las minorías religiosas, políticas y sexuales en la vida pública. Así como defender la libertad de expresión y los derechos humanos. Por su parte, las críticas al sistema tienen argumentos fuertes: la seducción con el imperialismo y con las formas más despiadadas del colonialismo y capitalismo. Además de esta infantil idea del libre mercado que es capaz de resolver todos los problemas. Los últimos artículos de Vargas Llosa respecto a las elecciones peruanas y su posterior apego a uno de los candidatos en defensa de la democracia y la libertad han dividido las opiniones. ¿Por qué tanta critica a la postura de Vargas Llosa? Tal vez hayamos caído en la trampa de significados que tanto temía Orwell. Y entendemos por “libertad” o “democracia” cosas totalmente distintas. ¿Son justas las conjuraciones contra el escritor peruano? Podríamos recordar las palabras del autor de Los viajes de Gulliver: «Cuando en el mundo aparece un verdadero genio puede reconocérsele por este signo: todos los necios conjuran contra él». Sería avezado afirmar en estos tiempos que alguien es un genio. Pero, ¿Quiénes son los necios esta vez, Mr. Swift? ¿Los que defienden al nobel? ¿O los que discrepan con él? Así como el caso Padilla fue el fin del romance con Cuba. Su obstinada defensa del modelo neoliberal y sus nupcias con el liberalismo han desencantado, al menos a la mitad, de sus lectores. El desencanto vargasllosiano es el síndrome que MVLL ha construido a través de los años. En sus artículos ya no vemos eso que Orwell llamaba una experiencia estética con el lenguaje. Sino solo residuos de lo que ya vimos y leímos en la televisión y prensa peruana. Su opinión ha perdido relevancia. Uno ya sabe lo que va a leer con tan solo ver el título de sus artículos periodísticos. El ultimo: “No le quiten el cuerpo a la jeringa”, es más de lo mismo, señor Vargas Llosa. Ese artículo podríamos haberlo leído en cualquier medio de prensa peruano. Recuerde que usted es el flamante nobel de literatura. No deje que el premio le quite vigor. Escribir es casi siempre una actividad extenuante; pero si va a escribir así, es preferible callar.
Sin embargo, soy cruel con usted, don Mario, unos artículos que aparecen en el diario de mayor influencia de España no va a ensombrecer su magnífica trayectoria literaria. El problema es que con lo que más alimenta a sus lectores son con sus opiniones políticas. Y a eso debemos sumarle que no publica una buena novela desde inicios del milenio. No obstante, no podemos manifestar juicios literarios amalgamados con fines políticos. Usted más que nadie sabe que el ideal de un escritor —si en realidad este ideal existe—, es que lo escrito perdure a través del tiempo. Y usted ha hecho méritos para merecer esta recompensa. Pero, seamos sinceros: solemos admirar más a los muertos que a los vivos. Tal vez por esto somos tan cruel con usted, don Mario. El gesto que tenemos con los muertos es un ejercicio más sencillo por el hecho de que los muertos ya no tienen más que decir. Pero, usted tiene aún mucho por decir. ¿Verdad, Vargas Llosa? ¿Cómo lo juzgará el tiempo? Y, sobre todo, sus lectores. ¿Pasarán las décadas y aun lo seguiremos leyendo? ¿O será despojado lentamente de los anaqueles? Tal vez las nuevas generaciones se encarguen de separar holgadamente su brillante inicio respecto al final de su trabajo. Tal vez el canon vargasllosiano abarque desde La ciudad y los perros hasta La guerra del fin del mundo. De ahí, en descenso. Pero con que lo lean por mucho tiempo es suficiente: un final perfecto para quien comprometió su vida en aras de la literatura y el porvenir del pueblo latinoamericano. ¿O, será olvidado usted, don Mario? Y, vendrán otros, nuevos héroes discretos que le hagan juicio con hidalguía. Escritores que evidencien su ceguera al momento de retratar su tiempo. Eso es justamente lo que le criticó Rostworowski: usted nunca entendió el mundo andino. ¿Cómo alienar lo andino con el modelo neoliberal, don Mario? Los votos de estos “pueblecitos de la sierra peruana” como usted mencionó en su artículo, también valen. Que el tiempo lo juzgue, Vargas Llosa. Me gustaría que tenga razón, para que así su labor literaria no se tiña de tintes políticos. Pero si usted se equivoca, solo en ese caso, el cadáver: ay, seguirá muriendo.




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