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El arte virreinal como puente de culturas



La conquista en el Perú buscó la instauración de un nuevo orden en las tierras conquistadas. Todo ello generó cambios en la sociedad, así como en el campo jurídico, en donde la Corona empleó un derecho especial, en el cual se fue aplicando bajo estatutos distintos según los grupos humanos. Todo ello generó el proceso de intercambio cultural y social bastante arraigado entre los españoles e indígenas. Asimismo, en lo del rubro comercial, debido a que los españoles vieron la riqueza de las minas de plata altoperuanas, como las de Potosí. Esta situación originó una prosperidad económica que se mantuvo durante mucho tiempo, generando un alto poder adquisitivo entre los pobladores y todo el Virreinato. En el ámbito cultural se muestra que el arte colonial no solo se limitó a seguir los paradigmas de los modelos europeos, sino que presentó características emanadas de ellos mismos. La cultura virreinal se fundamentó en la imagen para poder educar a los ciudadanos, no fue letrado en toda su expresión, fue transmitida por los maestros europeos. Cabe resaltar que, a diferencia de la pintura europea del Renacimiento y el Barroco, abarcando temas seculares con el motivo de que sirva de evangelización como había sucedido en el Concilio de Trento. Ello se puede evidenciar en la Catedral del Cusco o de San Pedro de Andahuaylillas, el público objetivo son las personas iletradas con el objetivo pedagógico de inculcar la fe cristiana mediante imágenes. Cabe resaltar que, durante los siglos XVI y XVII surgen importantes escuelas de pintura influenciadas por los europeos, en Cusco, Ecuador y Lima. A partir del siglo XVI, la escultura europea se introduce en el virreinato peruano. Los artistas sevillanos tuvieron una gran relevancia, por tal motivo, en la Ciudad de los Reyes se manifestaron con estilos propios y libres, no siguieron los cánones europeos al pie de la letra. Los talleres de escultura que ellos dirigían se basaban en los trabajos de aprendices, entalladores, alarifes e imagineros, como Cristóbal de Ojeda, Alonso Gómez, Diego Ortiz de Guzmán y otros artistas, como Juan Bautista Guzmán y Melchor de Sanabria. Mientras que, los escultores indígenas que se iniciaron como canteros que apoyaban con los relieves escultóricos de carácter decorativo y en los trabajos de imaginería. Asimismo, con la influencia española se importaron distintas técnicas tradicionales para trabajar con mármol, piedra, madera, pastas, marfiles y metales. Además, en las tierras americanas indígenas se utilizó el maguey. Es importante mencionar que, los maestros escultores estaban ya constituidos en gremios. Cusco fue desde el comienzo de la Colonia, el centro y lugar más importante. En los talleres se encargaban de suministrar a las iglesias de casi todo el virreinato estatuas generalmente policromadas. Asimismo, los artistas europeos formaron a los escultores indígenas. En el siglo XVII, migran a Lima artistas europeos y obras que anuncian un cambio en el estilo. Tales como Martín Oviedo y Martín Alonso de Mesa y Villavicencio (participó en la ejecución de la sillería del coro de la catedral de Lima en 1624 a 1626, obra que se considera la inauguración del barroco colonial). Asimismo, Martínez Montañés otro artista español, influye con la apertura al realismo. Durante esta época fue normal que indígenas, mestizos y criollos se formen al lado de un escultor emigrado o adoptaran la estética de la época. Podemos apreciar de este periodo, la fuente de la Plaza de Mayor de Lima (realizada por orden del virrey don García Sarmiento de Sotomayor), Antonio de Rivas (fundidor de la fuente de la plaza mayor de Lima, el diseño de esta perteneció a Pedro de Noguera). El alarife Juan de Mansilla fue el creador de la cañería que llevaba el agua desde el reservorio vecino al colegio Santo Tomás. La escultura que más demanda tuvo fue la del barro, que consistió en el modelado, cocido y policromado de piezas, debido a las tradiciones alfareras y alcanzó volúmenes de producción incalculables; los temas prehispánicos se mezclaron con la cultura europea. Por otro lado, en la escultura con madera fue usual el uso de la pasta de madera (mezcla de aserrín, yeso y cola), que logró modelar figuras y cubrirlas con paños y telas decoradas. Mientras que, la piedra, el mármol y el alabastro, se usaron para los relieves de fachadas, portadas y estatuas. Por otro lado, las minas de plata en la región generaron el arte de la platería con fuerte arraigo en dicha época virreinal, tales como objetos utilitarios, religiosos y la decoración de las ropas. Lamentablemente, la escultura con bronce no tuvo gran apogeo en América y se aplicó la técnica de cera pintada. La pintura como la arquitectura tomó elementos religiosos y culturales, contribuyendo a forjar el nuevo orden de América. Se aprecia en las representaciones de María, la cual tiene cuerpo en forma de una montaña (la de Potosí) cubierta por un manto, y en la cúspide está su cabeza. El motivo de que los indios daban culto a los cerros era un modo interesante en el que podía integrar las tendencias religiosas con su cosmovisión. Además, plasmaron su vida cotidiana andina en las representaciones de los misterios de la fe cristiana. Así como la Última Cena que se halla en la Capilla de las Madres de San Diego, en Quito, donde el cordero pascual es reemplazado por el cuy, que lo acompaña con maíz y ajíes, en el plato que está ubicado frente a Jesús. Mientras que, el apóstol que figura a su izquierda está comiendo unas humitas y no panes. Muchos artistas peninsulares llegaron en el siglo XVI, con el objetivo de formar talleres y difundir las tendencias de la época. Al comienzo, la pintura peruana tuvo una marcada influencia renacentista. El origen de la pintura colonial está relacionado con la llegada de tres pintores italianos de estilo manierista: Bernardo Bitti (el iniciador), Mateo Pérez de Alesio y Angelino Medoro. Posteriormente, el barroco empezó a ser la vanguardia del momento y surgieron escuelas locales de pintura. En Lima, se buscaba plasmar el barroco de un modo extravagante. Mientras que, en Cusco, el obispo Manuel de Mollinedo buscó replicar el arte del seiscientos europeo en sus diócesis. Contó con la ayuda de Basilio de Santa Cruz Pumacallao, inspirado en la obra de Rubens, desarrolló una riqueza cromática y gran dinamismo en sus pinturas. Asimismo, Diego Quispe Tito, más identificado con los estratos nativos, dio inicio sobre la base de los grabados flamencos, el desarrollo un género paisajístico que tuvo gran repercusión en los pintores anónimos del siglo XVIII. La pintura fue una manera de distanciar a los “pecadores” (representaciones del infierno) de los que llevaban el “camino de bien”. En aquellas obras, alertaban sobre el mal camino y las consecuencias de los pecados, en las cuales incluían personajes de diversas etnias y estamentos de la sociedad. Se plasmaron a nobles españoles, caciques indios, eclesiásticos. Cabe resaltar que, allí ya no importaba los privilegios terrenales ni los cargos que podían poseer. Un ejemplo de ello es el mural realizado por Luis de Riaño (1596) en Andahuaylillas para representar el camino hacia el infierno, donde los caminantes que transitan por él son personajes de aspecto europeo. Bajo lo explicado, se evidencia que el arte constituyó un método más cercano, directo de comunicación y una forma de establecer unión, a pesar de los momentos penumbrosos de las conquistas entre las diversas culturas dando origen a bellas obras de arte. A diferencia del derecho que se regía por imposición de los colonos españoles, generando dentro de ellos un rechazo a las normas imperantes, por lo tanto, encontraron en el arte un refugio y desfogue de los sentimientos internos y un modo de preservar su cultura con la fusión europea.

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