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De vestimenta, racismo y otros demonios



El pasado lunes 20 de septiembre el presidente Pedro Castillo participó en la sesión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington, Estados Unidos. En un discurso de poco más de 20 minutos, el mandatario tocó temas relacionados a educación, salud, corrupción, además de negar que su gobierno sea uno de índole comunista y hacer un llamado a los empresarios extranjeros para que inviertan en el país. No obstante, muchas de las críticas que surgieron en redes no estuvieron dirigidas al contenido del discurso, sino a la vestimenta de Castillo.

En una foto en donde se observaba a los distintos representantes de los países miembros de la organización, el presidente contrastaba con el resto por no vestir un terno con saco y corbata, y llevar consigo su característico sombrero. Diversos comentarios se referían a lo «impresentable» de su vestimenta, la vergüenza internacional que generaba que nuestro presidente se «disfrazara» de esa manera, la pobreza que reflejaba, etc.

Todo ello no es otra cosa que el reflejo del profundo racismo que sigue rodeando a la figura de Castillo desde el inicio de la campaña electoral, específicamente durante la segunda vuelta. El hecho de que no se presentara con un saco y una corbata similares a las del resto de participantes, y que llevara puesto aquel sombrero que suele utilizar, fue interpretado por una parte de las redes sociales como denigrante para el país. ¿Acaso la forma en que viste Castillo determina su calidad de ser humano o su desempeño como mandatario? ¿Es una vergüenza no guiarse por patrones occidentales de vestimenta y resaltar diseños andinos en la ropa utilizada?

Lo que se observó en los comentarios fue una demostración de que la relación occidente-progreso y andino-atraso todavía existe en el imaginario de muchos peruanos. Quizás lo que sorprende no es enterarnos de esto, teniendo en cuenta el profundo racismo y clasismo arraigados en nuestro país, sino que expresiones de desprecio hacia la vestimenta de Castillo se encuentran tan naturalizadas. Lo que debió ser una oportunidad para criticar el contenido del discurso pronunciado—señalar sus ambigüedades e imprecisiones en ciertos momentos—terminó opacado por un despliegue de racismo interiorizado de lo más repulsivo.

Hay mucho que criticar al presidente Castillo en estos momentos. Sus silencios, vínculos, decisiones políticas, escasa claridad, entre otros temas. Pero lo que no puede tolerarse es que el racismo siga imperando en contra de su persona y se descalifique por las razones incorrectas. ¿Críticas? Sí, pero críticas con fundamento y alejadas de todo tipo de discriminación.

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