De tragedias y farsas
- Sol Pozzi-Escot Noriega
- Sep 23, 2021
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Dice Marx que “La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa". Si tomamos en cuenta el sangriento pasado que nos dejó el terrorismo y vemos, hoy, las manifestaciones filoterroristas de muchos pelagatos hoy vueltos señorones con alto puesto, podemos empezar a sospechar que a lo mejor el ídolo supremo del rojerío de vez en cuando le atinaba.
No queremos decir, bajo ninguna circunstancia, que los terroristas de antaño poseían alguna “grandeza” que no posee la izquierda radical de hoy. Claro que no, todo terrorista es y será eternamente basura. Incluso - o sobre todo - después de la muerte. Lo que queremos decir es que el circo de la izquierda actual, esa que en el Congreso vota contra la incineración del cadáver de Guzmán, esa que reclama por los derechos humanos de sus familiares exigiendo que se les entregue el cadáver, esa izquierda que vota en Consejo de Ministros, de igual manera, contra la incineración del cuerpo y luego lo niega en público, es una clarísima expresión de todo lo que salió mal en este país desde la caída de Alberto Fujimori. Es una muestra clarísima de que el Perú, una vez pasado el éxtasis del llamado “milagro peruano”, se transformó en una triste caricatura de lo que pudo haber sido. Recientemente, una joven congresista de izquierda que vive entre San Isidro y Miami afirmó que estaba muy bien que el gobierno reconozca a la República Saharaui porque también reconoce al País Vasco y a Cataluña. Otra congresista, del mismo partido, y también muy instruida, afirmó en una oportunidad que existió “terrorismo del pueblo”, ante la mirada atónita de una conductora de un programa de radio. Un ministro, el fin de semana pasado, afirmó que “lamentaba” la muerte de Abimael Guzmán, para luego irse a animar vacunatones al ritmo del reggaeton. ¿Cuál es el punto en común de estos tres personajes? Ninguno forma parte, al cien por cien, del aparato oficialista. Las congresistas no son de Perú Libre, y el ministro es prestado del Frente Amplio. Interesante. Mientras tanto, el oficialismo ha logrado escabullirse entre el desconcierto y el desorden reinante a lo largo de la última semana para manifestarse de maneras igualmente desconcertantes. El presidente resurgió en Cajamarca cantando, el premier desapareció del mapa para volver y exigir a periodistas que le hablen en quechua, y congresistas como Bermejo aparecieron días después para condenar enérgicamente al terrorismo. Muchos de los que criticamos al gobierno piensan que este arroz con mango institucional es fruto de una reinante ignorancia e inexperiencia del oficialismo y sus aliados en el arte de la política. Evidentemente, esto es cierto en alguna medida : la apabullante mayoría de miembros del aparato oficialista han pegado, en las últimas semanas, los saltos de sus vidas. De lo más bajo, a lo más alto. Sin embargo, esta explicación no es suficiente. A esta evidente falta de experiencia podemos añadir el hecho de que ellos están conscientes de que son percibidos de tal forma, lo que les brinda las herramientas para implantar el teatro que hoy vemos. Es por eso, que apenas surgen críticas justificadas, gritan racismo, machismo, clasismo, pero, a la par, las ruedas se mueven hacia el objetivo principal : la Asamblea Constituyente, la permanencia en el poder. En otras palabras, no importa mantener las formas, lo que importa es generar confusión sobre polémicas cotidianas mientras, tras bambalinas, se afilan los cuchillos. Dina Boluarte ya confirmó que ellos mismos están recolectando firmas para la Asamblea Constituyente. El mismo 11 de septiembre que murió Guzmán, la bancada de Perú Libre presentó un proyecto de reforma constitucional que incorpora la Asamblea Constituyente a una nueva Carta Magna. Sin embargo, sucesos llevados a cabo en el Congreso el día jueves resultan alentadores : se aprobó la ley de cremación para terroristas muertos durante cumplimiento de condena, se aprobó en primera votación la delimitación de la cuestión de confianza y, también, se aprobó la interpelación al Ministro de Trabajo Iber Maraví. Resulta importante, entonces, intentar mirar a través del espejo para apuntar a resolver los temas que importan. Porque, quién sabe, tal vez la “miserable farsa” a la que hace referencia Marx sólo sirve como preludio del regreso de la “gran tragedia”.




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