Crítica a Cry Macho, lo último de Eastwood
- Pablo Alméstar
- Sep 24, 2021
- 2 min read

Entre llanuras y paisajes atractivos, seguidos por una cámara que registra y que persigue, Cry Macho, la nueva película de Clint Eastwood, se presenta ante el espectador como un atractivo y modesto filme, que difícil se le puede comparar con clásicos del veterano director hollywoodense, pero que en un punto y aparte, comparte reflexiones y simplezas de un Eastwood que nunca deja de hacer cine con el corazón latiendo en cada fotograma.
La película es (o podría ser) un roadtrip por Texas y México, que sigue a una ex estrella de rodeos retirado (Clint Eastwood), quien tiene la tarea de regresarle a su padre a un niño que se encuentra viviendo en la Ciudad de México junto con su madre alcohólica y millonaria. Un personaje tan estereotipado como muchas otras que se han podido ver a lo largo de la historia del cine. Mike Milo es el encargado de esta travesía y luego de convencer a un rebelde y preadolescente Rafo, ambos emprenden una aventura llena de desventuras.
Basada en la novela homónima de M.Richard Nash, Eastwood revisita su pasado de galán, de héroe sucio y violento, pero; a la vez, hace uso de su madurez como director para narrar de manera calmada y sutil una película que tiene gajos de comedia, drama, acción y hasta melodrama.
Un menjunje que puede resultar entretenido, pero que también dificulta en muchos aspectos la verosimilitud de su guion. Hay elementos dentro de la película que se tornan cursis, nada atractivos para una narrativa que se debilita poco a poco. No por el hecho del cómo Eastwood decide narrar, porque a fin de cuentas, esa simplicidad hace atractivos distintos planos muy a su estilo.
La película puede aparecer como una fábula entretenida para, quizá, todos los públicos, con una bonita reflexión que imparte el director de ya 91 años de edad, quien personifica a un flacucho y frágil “macho”, ya dejando a la vida misma pasar, sin antes ofrecer un largo viaje de aprendizajes y anécdotas. Se va despidiéndose de, quizá, sus antiguos personajes como en el Gran Torino o Harry el Sucio, reencarnándolos en momentos y criticándolos en los diálogos sabios que emanan del gran protagonista de la historia.
Es cierto que Cry Macho no llega ni de cerca a sus mejores películas, pero redimensiona la leyenda del director veterano, quizá ya uno de los mejores de nuestros tiempos, y le da otro sentido a sus últimos filmes. Redirecciona también aquella figura ya labrada que la industria misma le había ayudado a forjar, llevándola ahora por un camino más amplio que aquel retrato encasillado en un viejo blanco americano, casi siempre enojado con su presente y enamorado de todo aquel tiempo pasado que para su lente siempre fue y será mejor. Estamos ante una película plena y completamente disfrutable, muy anticuada quizás, pero era necesario escapar un momento del cine pretensioso, lleno de urgencia de incomodidades casi afrodisiacas y de pausas sin ningún sentido más que el de impactar (a los cojudos). Gracias, Clint, por refrescar un poco el sentido mismo de hacer cine. Filmarlo, sin importar las condiciones, pero filmarlo, como siempre, con el corazón latiendo en cada fotograma.




Comments