Crianza idealista para un Perú vanguardista
- Redacción
- Sep 23, 2021
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Hace unos días analizaba el panorama en el que nos encontramos y por alguna razón me puse a pensar en mi niñez. Más específicamente, me senté a pensar en si me hubiera gustado que mis padres me hubieran inculcado algún valor o cualidad con mayor intensidad cuando era niño. Si bien el aprender a evadir la procrastinación habría sido genial, creo que al final de cuentas encontré una suerte de calma en el hecho de que los valores principales de mi personalidad salieron de su crianza. Mi pregunta, entonces, cambió: ahora quería saber qué es lo que se le debería de inculcar más a los niños y niñas en general al crecer para que también encuentren tal calma cuando se autoanalicen en la adultez.
No digo tener todas las respuestas a la crisis educativa peruana, pero, dentro de mi humilde análisis, creo que en el Perú falta mucha empatía y humildad. Mientras más jóvenes seamos introducidos a esta cultura de ayuda al otro y de comprensión, más fácil nos será poder entender distintas perspectivas y solucionar conflictos cuando seamos mayores. Por otro lado, al aprender a no creernos superiores o inferiores a los demás por nuestros logros o falta de, somos capaces de construir una base fuerte y duradera para nuestro autoestima.
Más aún, un factor clave de la cultura peruana, lamentablemente, se ha vuelto la discriminación en años recientes. Por ello, creo que si a las nuevas generaciones las educamos en un ambiente de aceptación y enseñanza con mente abierta, tendrán la capacidad de aceptar, valorar y defender a los demás cuando sea necesario. Por otro lado, el permitirles decidir y analizar por si mismos, en vez de esperar que repitan como loros lo que los mayores les decimos, ayuda a los niños y niñas no solo a aprender a tomar sus propias decisiones, sino a respetar las del resto.
Y, ¿por qué es importante permitirnos dar este nuevo enfoque en la educación? Pues, si algo nos ha enseñado la pandemia es que la cultura de nuestra nación necesitaba muchos arreglos: en materia de derechos humanos, de sostenibilidad ambiental, de equidad de oportunidades, de lucha por derechos, y de capacidades de gestión. Nuestras instituciones no son fuertes, no tienen la confianza del pueblo y no suelen ser de fiar. Nuestros jóvenes están decepcionados de la clase política y los grupos etarios de mayor edad no buscan evolucionar en su gran mayoría, por un miedo desmedido al cambio o a dejar el status quo.
Creo que ya es hora de empezar a criar a una generación que tenga la garra y el coraje de los que tanto nos jactamos tener los peruanos y peruanas, para que de verdad los usen por el bien del Perú, con una mirada progresista, inclusiva y de desarrollo social, económico, político y como país. La pregunta es, ¿qué estamos esperando para hacerlo?




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